La oportunidad que Geithner dejó escapar

El secretario el Tesoro cedió la ocasión para reivindicar al Gobierno con la comunidad empresarial; cuestionado en Silicon Valley precisó que la actuación de inversores en la crisis fue catastrófica.
tim-geithner-APEC-RT.jpg  (Foto: CNN)
Adam Lashinsky

¿Por qué el gabinete de Barack Obama no se da cuenta de que insultar a la comunidad empresarial es contraproducente? El secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, habló el pasado lunes por la tarde en Silicon Valley en un ambiente inusual y alejado de Washington, D.C. Allí fue cuestionado por Michael Moritz, el educado e ingenioso multimillonario que una vez ejerciera el periodismo. Es posible que Geithner usara esta comparecencia en el Commonwealth Club en Palo Alto, California, para convencer a la comunidad empresarial de que la administración Obama es amigable. Incluso aseguró a la audiencia, evocando al famoso republicano Calvin Coolidge, que el presidente Obama entiende que "el negocio de Estados Unidos son los negocios".

Pero Geithner no fue convincente. Es articulado, incluso cálido, inteligente y perspicaz. Pero no se desvía del guión y esto quizás es lo que se espera (y se quiere) del ministro de finanzas de la que aún es la mayor economía del mundo.

Pero he aquí lo que resulta particularmente decepcionante. Cuando Moritz, quien humildemente se presenta como un "miembro" de la firma Sequoia Capital, le pide a Geithner su opinión sobre la percepción de que la administración es anti-empresarial, Geithner estaba preparado para responder. "Estoy al tanto de esa percepción", dijo, y como una explicación de esa percepción citó la denigrante retórica que se usa en Washington, D.C.

Sin embargo, cuando Moritz  lo presionó, preguntándole si creía que le favorecía al presidente haberse referido el año pasado a los banqueros como un montón de "peces gordos", Geithner se fue por la tangente. Respondió que nadie que mirara la crisis financiera de 2008 concluiría que las empresas o los líderes políticos habían hecho un trabajo aceptable. Sus errores fueron "catastróficos", indicó.

Pero esa respuesta pierde de vista lo central: Moritz le ofreció a Geithner una oportunidad de entonar un mea culpa, de reconocer que insultar a la comunidad financiera es contraproducente. Quizás a los votantes les guste ese lenguaje, pero no le ha funcionado bien al presidente. Los empresarios odian ese lenguaje por completo, y no tiene sentido calificarlos de esa forma cuando todo mundo sabe que el calificativo es acertado.

Para ser justos, hay que decir que Geithner habló de los créditos fiscales que otorga la administración para investigación y desarrollo y, acorde con eso, de la necesidad de abordar reformas estructurales para tratar las "cicatrices" de una crisis bastante real.

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Las personas que siguen este tipo de comparecencias parecieron sorprendidas por el comentario de Geithner sobre un "dólar fuerte", pero olvidan que todos los secretarios del Tesoro hablan de un dólar fuerte. Este secretario y sus amigos en la Reserva Federal no han hecho nada por fortalecer la divisa, y con toda razón. Gracias a Dios.

A Geithner, sin embargo, se le escapó un poco de sinceridad. Ante la pregunta sobre qué impuesto debería imponer el país sobre la gasolina, respondió "No soy la persona indicada para preguntarle eso" y tras unos momentos de reflexión añadió "Ni este es el momento indicado para preguntarme".

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