Austeridad británica, lecciones para EU

El Gobierno de David Cameron eliminará 500,000 empleos públicos para equilibrar las finanzas; esta meta debe hacer pensar a las autoridades de EU de buscar reformas al sistema tributario.
Cameron Obama  (Foto: Archivo AP)
Maya MacGuineas

Los británicos prometieron un duro plan de austeridad fiscal, y lo cumplieron cabalmente. En términos de la capacidad de actuar, la diferencia entre los gobiernos estadounidense y británico es deprimente, hace que uno desee tener un sistema parlamentario en estos momentos.

La semana pasada, el Gobierno de coalición del Reino Unido develó reducciones en el gasto público durante cuatro años que, entre todos los ministerios, promedian 19 %. Eso se traduce en 500,000 empleos del sector público. Poco se escatima. También recortarán fondos para la vivienda y la educación y reducirán 8% los gastos en defensa.

Queda por ver si este ajuste agresivo se aplicará como se planeó, y cómo responderá la economía británica. Pero por lo pronto ya ofrece cuatro lecciones a Washington.

Un ritmo para cada cual: El plan esbozado por el primer ministro David Cameron está estructurado para reducir el déficit fiscal en los próximos cuatro años. Ese esquema cuadra con el periodo del parlamento británico. Pero dado el estado de la economía mundial y la necesidad de equilibrar el estímulo y la reducción del saldo negativo, ese marco temporal a corto plazo es demasiado agresivo para Estados Unidos, no podríamos seguirlo. Y somos afortunados de que, gracias al estatus del dólar como "divisa refugio," no tenemos que ajustarnos a ese estrecho plazo.

De hecho, el tiempo es justo el error de la actual propuesta del presidente Barack Obama: la Comisión fiscal de la Casa Blanca tiene como meta eliminar el déficit primario en 2015. Ese objetivo es corto de miras. Un plan más prudente sería plantearnos una meta fiscal a mediano plazo que pudiera lograrse en 10 años.

En los primeros años, Estados Unidos se enfocaría más en "estímulos fiscalmente responsables," mientras adoptaría un plan de reducción del déficit en fases, aplicables a medida que se recuperara la economía.

Lo que EU necesita es una agenda legislativa de varios años que incluya políticas específicas de estímulo y disminución del déficit. Los ahorros en el gasto público se implementarían cuando la economía fuera lo suficientemente fuerte. Pero el Congreso ha de comprometerse, con una ley de por medio, a recortes presupuestales tan pronto como sea posible, o los mercados no creerán en EU.

Atacar el gasto: Cameron ha hecho bien en atajar agresivamente el gasto.  Las experiencias pasadas nos muestran que recortar el gasto es mejor que aumentar los impuestos, pues reducen el déficit a medida que generan un desempeño económico fuerte.

EU debe aprender esa lección. El recorte que el Reino Unido aplicó a los empleos del sector público es un modelo útil, así como el congelamiento de los salarios y la reestructuración de las compensaciones.

El Gobierno británico también ha hecho bien en efectuar estudios socioeconómicos en donde se requiera. Por ejemplo, la reducción del crédito (fiscal) infantil universal para aquellos con altos ingresos es un modelo excelente para muchos de los programas de cobertura universal en EU, como el Seguro Social y Medicare.

Nota: los británicos no cometen la tontería de prometer no tocar los impuestos, su modelo sugiere una secuencia razonable: primero recortar el gasto, luego subir los impuestos según se necesite para cerrar la brecha.

Escollos tributarios: Siempre he dicho que las reducciones fiscales tienen que ser parte de una solución presupuestaria, pero me sumo a los temores de los que se oponen a los impuestos: un impuesto sobre el valor añadido que recae sobre el consumo puede convertirse en una máquina de hacer dinero, y los impuestos temporales inevitablemente se convertirán en permanentes.

Y en efecto, el plan británico de austeridad corrobora estos temores. Una vez que un impuesto sobre el valor añadido tiene lugar, la tasa no deja de subir. Si en EU terminamos con un impuesto al consumo, necesitamos buscar la manera de que no se convierta en una máquina insaciable.

Apoyo un impuesto temporal al consumo que contribuya al estímulo y reduzca el déficit fiscal. Pero cualquier tributación provisional necesita extenderse a una gran franja de contribuyentes para que su desaparición sea exigida por muchos tan pronto como se corrija la brecha fiscal.

Los legisladores estadounidenses deben concentrarse en reformas presupuestarias y una reestructuración fundamental del sistema tributario. Reducir dramáticamente los gastos fiscales y reformar el código fiscal aplicable a las empresas serviría como un estupendo primer paso para mejorar la eficiencia y la competitividad a la par que se incrementa el ingreso.

También el Congreso estadounidense puede aprender una buena lección del plan británico para hacer permanente el impuesto a bancos.

Valor político: Por último, Cameron ha demostrado verdadero liderazgo al demostrar que corregir la situación del presupuesto bien vale perder la presidencia. Tiene razón. ¿Tendrá ese tipo de valor algún político en Washington?

 

Maya MacGuineas es directora del programa de Política Fiscal en la New America Foundation.

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