La Fed se ‘traga’ 100,000 mdd

Banqueros señalan que esa cantidad han dejado de percibir los ahorradores por concepto de intereses; las bajas tasas son buenas, pues estimulan la demanda de bienes y servicios, según expertos.
dolar  (Foto: CNN)
Colin Barr

Atención ahorradores estadounidenses: Ben Bernanke les debe 100,000 millones de dólares. Al menos ese es el ingreso por intereses que han dejado de percibir desde que la Reserva Federal, hace dos años, redujo a cero las tasas de interés a corto plazo, según refleja una lectura de las cuentas del ingreso nacional.

El cálculo fue inspirado por el economista del Banco de la Reserva Federal de Saint Louis, Kevin Kliesen, quien en la última edición de la publicación The Regional Economist valora los pros y los contras de la política de tasas bajas adoptada por la Fed.

La valoración es oportuna pues el Comité Federal para el Mercado Abierto determina este miércoles si mantiene bajas las tasas de interés, bajo la forma de un plan de compra de activos del Tesoro en una segunda ronda de flexibilización cuantitativa, bautizada como QE2 (second quantitative easing).

Pero incluso dentro de la Fed hay un desacuerdo importante sobre el éxito que pueda tener la QE2. Sin embargo, con una tasa de desempleo cercana al 10%, una inflación descendente y la renuncia de los políticos del país de su responsabilidad de atajar los problemas,  Ben Bernanke y compañía se sienten con el deber de actuar.

Kliesen escribe en su columna que las bajas tasas son buenas, pues estimulan la demanda de bienes y servicios, ayudan a que los bancos recuperen la salud y generalmente elevan los precios de los activos. Pero admite que son inútiles para ahorradores o inversionistas que imprudentemente sucumben a la tentación de buscar un mayor rendimiento (‘reach for yield').

"Las bajas tasas de interés proporcionan un poderoso incentivo para gastar en lugar de ahorrar. A corto plazo, esto puede no importar mucho, pero en un periodo de tiempo mayor castigan a los ahorradores y a quienes dependen fuertemente de los ingresos por intereses," subraya.

Calculemos entonces las dimensiones del ‘castigo.' Kliesen apunta que los datos recabados por el Departamento de Comercio muestran que el ingreso personal por intereses ha caído bruscamente desde que alcanzara su pico, a mitad de 2008.

La caída ascendería a 170,000 millones de dólares de acuerdo a un cálculo, pero parece injusto culpar a Bernanke por toda esa pérdida. Después de todo, a mediados de la década la economía estaba bajo la presión de burbujas, por lo que ingreso de todo tipo decayó incluso sin la intervención de la Fed.

Es más, cuando Lehman Brothers colapsó, la tasa de los fondos federales estaban a 2%. Fue hasta diciembre de 2008 que la Fed redujo a 0.25% la tasa de referencia interbancaria, el nivel que actualmente conserva y que parece continuará por un tiempo.

Así que a partir de allí comenzaremos otra medición, el cálculo que sí tiene que ver con las políticas de Bernanke. Si observamos los datos del ingreso personal, muestran que a inicios de diciembre de 2008 los estadounidenses registraban un ingreso por intereses a una tasa anual de 1.28 billones de dólares.

Para septiembre de 2010, ese flujo había descendido en cuatro meses consecutivos a una tasa anual de 1.17 billones de dólares, retrocediendo a los niveles de 2006. Eso significa 110,000 millones de dólares por debajo de la tasa vigente cuando la Fed recortó las tasas.

Pero como la Fed en realidad no redujo la tasa de los fondos federales hasta mitad de diciembre, y en esas fechas el ingreso personal por intereses descendía a una tasa mensual de aproximadamente 20,000 millones de dólares, parece justo restar otros 10,000 millones. Eso nos lleva a la cifra que realmente dejaron de percibir por intereses los estadounidenses gracias a Bernanke: 100,000 millones de dólares.

Esto no es una crítica a Bernanke, cualquiera con dos dedos de frente admitirá que la Fed tenía que hacer algo en 2008 para evitar que la economía se desplomara, así como se siente obligada a actuar ahora.

Cierto, tomar dinero de los ahorradores para dárselo a los bancos apesta. Pero a tres años del colapso de la burbuja crediticia, ¿cuál es la alternativa?, ¿elevar las tasas, en un momento en que uno de cada seis estadounidenses está desempleado? Lo dudo.

Ahora, que hemos comenzado a asumir la realidad de nuestra economía, de lento crecimiento y enredada en deudas, se popularizará el juego de buscar culpables. Si el desempleo no desciende, seguir exprimiendo a los ahorradores será, admitámoslo, la última de las preocupaciones de Ben Bernanke.

 

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