El G20 promete sólo vigilar la economía

Los líderes reunidos en Seúl ofrecieron pocas pruebas de que la economía mundial está a salvo; será hasta el primer semestre de 2011 cuando detallarán los lineamientos de vigilancia.
G20  (Foto: CNN)
SEÚL (CNN) -

Los líderes del G20 cerraron filas este viernes y acordaron vigilar de cerca los peligrosos desequilibrios económicos, pero ofrecieron pocas pruebas a los inversionistas de que el mundo está más a salvo de una catástrofe económica.

Los países desarrollados y emergentes acordaron en una cumbre en Seúl establecer "lineamientos indicativos" vagos para medir los desequilibrios entre sus economías pero, abriendo un paréntesis para enfriar algunos ánimos, dejaron los detalles pendientes para discutirlos en el primer semestre del 2011.

Los líderes europeos sostuvieron su propia mini-cumbre en medio del encuentro, para discutir sobre la profundización de la crisis de crédito en Irlanda, un duro recordatorio de que la peor crisis financiera desde la Gran Depresión aún plantea una seria amenaza para la estabilidad global.

En un comunicado firmado al final de la reunión -la quinta del Grupo de los 20 desde que la crisis financiera internacional estalló en el 2008-, los líderes se comprometieron a avanzar hacia tipos cambiarios determinados por el mercado, en una referencia a China y su estrecho manejo del yuan.

Además, se comprometieron a evitar devaluaciones con fines competitivos, una frase que aborda los temores de otros países respecto a que la política expansiva de la Reserva Federal estadounidense apunta a debilitar al dólar.

En un punto de interés para los mercados emergentes que luchan por contener los enormes flujos de capital hacia sus economías, el G20 dio su visto bueno a la imposición de medidas de control "diseñadas cuidadosamente".

Al mismo tiempo, coincidieron en que existía una ventana de oportunidad vital, pero estrecha, para concluir la Ronda de Doha para la liberalización del comercio global lanzada en el 2001.

Sin embargo, el documento no mencionó a Irlanda, y la débil promesa de hacer frente a los desequilibrios no pareció lo suficientemente concreta como para producir algún cambio real.

El Fondo Monetario Internacional advirtió que las brechas entre los países exportadores, que cuentan con vastas reservas de efectivo, y los importadores, cargados de deudas, se estaban ensanchando a los niveles previos a la crisis.

"El trabajo que hacemos acá no siempre va a parecer dramático", dijo el presidente estadounidense, Barack Obama, durante una conferencia de prensa tras el encuentro.

"No siempre va a ser algo que cambie el mundo inmediatamente. Pero lo que estamos haciendo paso a paso es construir mecanismos internacionales más fuertes e instituciones que ayudarán a estabilizar la economía, asegurar el crecimiento económico y reducir algunas tensiones", acotó.

Los mercados financieros no se movieron por los resultados de la cumbre del G20, ya que señalaron pocas medidas concretas para reformar la política económica. En vez de eso, los inversionistas estaban centrados en la crisis fiscal de Irlanda.

Haciendo las paces

Tras semanas de enfrentamientos verbales, Estados Unidos y China buscaron dar vuelta la página a las disputas sobre la moneda "subvaluada" china y los riesgos globales generados por la inyección de más dinero en Estados Unidos para estimular su economía.

"Los tipos de cambio deben reflejar las realidades económicas (...) Las economías emergentes necesitan permitir que el valor de todas las monedas sea fijado por el mercado", dijo Obama.

"Esto es algo que conversé con el presidente Hu (Jintao) de China y vamos a estar siguiendo de cerca la apreciación de la moneda china", agregó.

El acuerdo del G20 buscaba recuperar la unidad forjada durante la crisis hace dos años, pero las profundas diferencias implicaron que los líderes no pudieran aventurarse mucho más allá de lo que ya habían acordado sus ministros de Finanzas el mes pasado.

Los negociadores trabajaron hasta las primeras horas de la mañana para redactar un acuerdo que todos sus líderes pudieran refrendar, pese a las profundas divisiones que salieron a la luz en los días previos a la cumbre.

"Esto no ha sido un festival de amor", dijo un funcionario que participó en las negociaciones.

En particular, los líderes fueron incapaces de lograr un consenso para determinar cuándo los desequilibrios globales representan una amenaza para la estabilidad económica, por lo que se comprometieron a discutir el tema en el primer semestre del año próximo.

Tim Condon, jefe de estudios de ING Financial Markets en Singapur, dijo que era "difícil estar en desacuerdo" con las promesas de los líderes, pero que la cumbre no había mostrado los avances esperados.

El G20 se ha fragmentado desde que la sincronizada recesión global dio lugar a recuperaciones con velocidades diferentes.

Las economías avanzadas, con recuperaciones más lentas, han mantenido las tasas de interés en mínimos récord para tratar de ganar impulso, mientras que los grandes mercados emergentes han resurgido con tal firmeza que muchos temen que ocurra un recalentamiento.

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"La credibilidad del G20 no depende de mostrar resultados (...) No podemos salir de esto con políticas que empobrezcan a nuestros vecinos", dijo el primer ministro de Canadá, Stephen Harper. "Necesitamos en cambio continuar coordinando nuestras acciones hacia adelante. La recuperación es frágil", agregó.

"No creo que el hecho de que no lo hayamos logrado todavía, de que no hayamos resuelto todos esos problemas, signifique que caeremos", señaló Harper.

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