Irlanda, de la gloria a la decadencia

La isla creció y levantó todos sus indicadores económicos y fue, por un tiempo, modelo a seguir; años más tarde, un enorme déficit presupuestal hace que tenga que pedir ayuda a la Unión Europea.
irlanda flag  (Foto: AP)
Nin-Hai Tseng

No hace mucho tiempo, los corporativos multinacionales de Estados Unidos que entraban a los mercados europeos casi siempre hacían de la pequeña Irlanda su primera parada. El atractivo de lo que solía llamarse el ‘tigre celta' o el ‘milagro celta' era obvio: los impuestos relativamente bajos y las pocas regulaciones, en combinación con una fuerza de trabajo relativamente joven, inteligente y angloparlante. Y como la isla es miembro de la Unión Europea (UE), esto significa que la venta de bienes y servicios a otros países europeos era relativamente más fácil y de menor costo.

Pero Irlanda no siempre fue tan amigable con los mercados. El domingo pasado, cuando a los líderes que intentan resolver la enorme crisis bancaria del país recibieron un ofrecimiento de 89,400 millones de dólares (mdd) por parte de países europeos para mantener su economía a flote, valdría la pena reflexionar sobre el historial de altas y bajas del país. 

Durante la mayor parte del siglo XX, e incluso a finales de 1980, la economía de Irlanda era funesta, marcada por una alta tasa de desempleo y enormes deudas gubernamentales. Era visto como una economía muerta, al menos para los estándares de Europa. Los pobres y hambrientos huían a Estados Unidos y a otras partes del mundo, mientras que gran parte de la fuerza de trabajo se dedicaba a la agricultura. La tasa de desempleo en 1987 era de cerca de 18%, y la deuda en relación al Producto Interno Bruto (PIB) era de 120%. Incluso se hablaba de una posible incursión en moras.

Irlanda sabía que necesitaba un cambio. A finales de 1980, el país aplicó dramáticas reformas económicas que se vieron beneficiadas por el apoyo del entonces primer ministro Charles Haughey. Las reformas ayudaron a abrir la economía al resto de Europa y a atraer a un nivel respetable de inversionistas extranjeros, como Intel y Microsoft, gracias a los bajos impuestos corporativos y las regulaciones. 

El país fue testigo de un enorme crecimiento económico a finales de los noventa y a principios del nuevo milenio, sobre todo impulsado por el crecimiento de las exportaciones de todo, desde farmacéuticos (algunos de los medicamentos más populares del mundo están hechos en Irlanda, incluyendo el Viagra y el Lipitor de Pfizer) hasta bienes y servicios de alta tecnología. Se benefició de la fuerza de trabajo relativamente bien educada y gozó del fácil acceso a otras economías como miembro de la UE.

Lo que pasó... 

Sí, virtualmente todas las economías crecen, caen y vuelven a levantarse, pero las altas y bajas de Irlanda son únicas en el hecho de que esta relativamente pequeña y confiada economía creció repentinamente al estrellato mundial y, casi de inmediato, cayó en una etapa de confusión.

Por su tamaño parecería que el repentino auge de Irlanda llegó casi de la nada. La historia de éxito que comenzó en 1990 trae consigo cierta mística, y de cierta forma podría decirse que el atractivo de su economía fue casi accidental. 

La tasa anual de crecimiento a los ingresos per capita había sido, históricamente, de 3.5%, y creció en la década de los noventa a 6%. De hecho, parte de lo que explica este paso agigantado es que Irlanda comenzó con una base demasiado baja, pero incluso para los estándares históricos (como la revolución industrial de Estados Unidos durante el siglo XIX), el crecimiento generado fue algo fuera de lo común para una economía desarrollada, según el profesor de finanzas Jim Lothian, de la Universidad Fordham. En cierto punto, el crecimiento del PIB de Irlanda llegó a 10%.

Pero ahora, la suerte de los irlandeses se está acabando. Quizás lo más espectacular sobre su rápido crecimiento es la caída tan abrupta que tuvo. Con el paso de los años, mientras aumentaban los costos de todo, desde fuerza de trabajos hasta material, la economía cambió de un boom sobre todo en inversiones y exportaciones extranjeras a un boom generado por compras de viviendas y construcciones residenciales. El nuevo bienestar de Irlanda contribuyó a una alta demanda de nuevas viviendas en medio de un periodo de préstamos baratos. Los bancos prestaban de forma imprudente durante el boom de las viviendas y, en 2009, las pérdidas de los malos préstamos comenzaron a amontonarse, provocando los enormes rescates de hoy. 

Una economía que una vez atrajo al mejor talento de negocios ahora ve cómo la gente se va a otros lugares para trabajar. El crecimiento real del PIB disminuyó dramáticamente y se espera que crezca sólo un promedio de 2.75% entre 2011 y 2014. Mientras tanto, el desempleo oscila en 13.5%, y la deuda gubernamental podría llegar al 102% del PIB en 2013.

El desastre de Irlanda subraya un problema de políticas económicas, incluyendo los límites del euro como la moneda principal de 16 de los 27 miembros de la Unión Europea. Recientemente, las autoridades revelaron un plan de gasto masivo a cuatro años que pretende arreglar la monstruosa deuda del país. Pero no queda claro cómo lucirá el balance de Irlanda dentro de algunos años, o si podrá volver a ser considerado un tigre celta mientras la crisis de la deuda se esparce por toda Europa.

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