México y EU, en las buenas y las malas

El optimismo sobre la situación de la economía estadounidense se refleja de inmediato en su vecino; en automático, BofA aumentó de 3.3 a 4% la estimación de crecimiento del PIB para México en 2011.
Mexico EU  (Foto: Photos To Go)
Hernán Iglesias Illa
NUEVA YORK -

A principios de febrero, los economistas de Bank of America/Merrill Lynch reforzaron su optimismo sobre México. En el informe mensual que reparten entre clientes e inversores (y quienes a su vez basan parte de sus decisiones en los informes de los bancos de inversión con los que trabajan), el banco informó que su previsión de crecimiento para México en 2011 había crecido del 3.3% al 4%.

¿Qué había ocurrido en México para que algunos de los principales analistas mejoraran, apenas comenzado el año, sus pronósticos económicos? En México no había ocurrido nada. Donde habían ocurrido cosas había sido en Estados Unidos.

El informe de Bank of America/Merrill Lynch, firmado por el economista mexicano Edgar Camargo, a cargo de los reportes sobre México, lo ponía bien claro: "Mejoramos nuestro pronóstico de crecimiento para México en 2011 porque la recuperación de Estados Unidos ha sido mejor que la esperada". 

En 2009, México fue el país de América Latina que más sufrió la recesión global. Algunos países, como Brasil y Perú, apenas la percibieron. Entonces, cuando la economía mexicana llegó a perder casi el 10% de su tamaño, los analistas señalaron como gran culpable de la caída a EU: la economía mexicana decidió hace quince años atar su suerte a la de Estados Unidos, decían las explicaciones; cuando EU sufre, inevitablemente sufrirá también igual (o peor) México. Si, en cambio, México hubiera preferido atarse a China, como hizo Brasil, le habría ido mucho mejor.

Pero EU ahora está creciendo. Las previsiones de los analistas dicen que en 2011 su economía aumentará su tamaño en alrededor del 3% o 3.5%, un ritmo razonablemente saludable y por encima de las expectativas de hace un par de meses. ¿Volverá a arrastrar a México, esta vez hacia arriba?

Sin duda, responden los analistas y economistas consultados. Aún si las condiciones en México no cambiaran en nada y el gobierno de Felipe Calderón o el Banco de México no tomaran en ninguna medida en ningún sentido, el renovado vigor de EU empujará a México hacia arriba este año.

Unos días después del informe de Camargo, el propio Banco de México corrigió al alza sus previsiones de crecimiento para México en 2011, de entre 3.2% y 4.2% a entre 3.8% y 4.8%. Cuando le preguntaron por los motivos de su optimismo, el gobernador del Banxico, Agustín Carstens, dijo que las perspectivas económicas habían mejorado "sustancialmente" desde el fin del año pasado, especialmente en EU, donde una serie de indicadores habían sorprendido por su fortaleza. 

Buena parte del futuro cercano de la economía mexicana parece estar entonces en las manos de inversores y consumidores México estadounidenses. ¿Por qué? ¿Qué aspectos fundamentales de la economía están sometidos o afectados por Estados Unidos, a donde el país envía el 90% de sus exportaciones? 

Para Camargo y sus colegas, la ley de estímulo económico aprobada por el Congreso en diciembre va a tener un impacto importante en la economía de EU, y va a servir para sostener la actividad industrial, tanto al norte como al sur de la frontera.

El índice de actividad industrial de EU (que en 2010 trepó casi un 4%) "es un factor clave para el sector manufacturero exportador de México" escribió Camargo. En entrevista, el economista mexicano dijo unos días más tarde que la correlación entre ambos índices industriales es "casi total" y que, en 2010, casi todo el crecimiento mexicano vino de su industria manufacturera de exportación.

Las cadenas productivas de ambos países han llegado a un punto de integración tal que, si EU aumenta sus exportaciones al resto del mundo, también aumentan las de México, porque muchas plantas estadounidenses -especialmente las automotrices- exportan productos fabricados con piezas hechas en México. 

"Éste es, por supuesto, el legado del TLCAN y de la apertura comercial de los años ྌ", dice Gordon Hanson, profesor de economía de la Universidad de California en San Diego y especialista desde hace años en la economía mexicana.

"El empleo industrial estadounidense y el mexicano empezaron a caerse al mismo tiempo, a fines de 2007, y no empezaron a recuperarse hasta mediados de 2009", dice Hanson. Según sus datos, el empleo manufacturero cayó en México entre un 12% y un 13% en el peor momento de la crisis y desde entonces ha recuperado la mitad de esa cifra. 

Otro factor que puede ser influyente es el turismo. Normalmente, los estadounidenses recortan mucho sus viajes al extranjero durante las recesiones y los reinician con entusiasmo apenas vuelven a confiar en la economía. "Este año, por culpa de la violencia, quizás la recuperación no sea tan fuerte", cree Hanson. 

Un indicador de la relación entre EU y México que también podría empezar a recobrar algo de vida en los próximos meses es el de las remesas, que creció alocadamente hasta 2007 y desde entonces se derrumbó alrededor de un 20%. (En 2007, los migrantes enviaron $26 mil millones a sus familias. En 2009 y 2010, ese número apenas superó los $21 mil millones.)

Hay un problema, sin embargo. Muchos de los migrantes mexicanos de primera generación trabajaban en el sector de la construcción: aprovecharon desproporcionadamente el auge de la construcción de casas y edificios en 2002-2007 y han sufrido, también desproporcionadamente, la virtual parálisis de su industria en los últimos años, donde en algunos estados ha perdido más del 50% de actividad. Estos migrantes trabajadores de la construcción, entonces, aun cuando la economía estadounidense crezca a un ritmo razonable, tendrán problemas para volver al ritmo de remesas anterior a la crisis. 

Los economistas llevan décadas debatiendo si el efecto neto de la migración es positivo o negativo para México. Lo que sí creían saber hasta ahora era que, cuando había crisis de empleo en EU, los expatriados volvían a cruzar la frontera, hacia el sur, e intentaban reinsertarse en sus lugares de origen.

No ha ocurrido eso esta vez, o ha ocurrido en una proporción muy baja. En 2007, el momento más alto de la emigración, había 12 millones de inmigrantes recientes e indocumentados en EU, de los cuales dos tercios eran mexicanos. Esa cifra hoy todavía está por encima de los 11 millones.

"Volvieron pocos migrantes porque ya no es fácil ir y volver", explica Hanson, en alusión a los mayores controles fronterizos y a los llamados "consequence programs", que ponen mayor presión legal a los violadores de las leyes migratorias. Por la misma razón, aventura Hanson, tampoco crecerá demasiado rápido la migración cuando se recupere la economía estadounidense. 

Mediano plazo

Edgar Camargo ve una preocupación de mediano plazo en el financiamiento de Estados Unidos de su déficit fiscal. Recientemente, políticas monetarias de la Reserva Federal como la llamada "Quantitative Easing 2" ("Segunda liberación cuantitativa") generaron liquidez en los mercados y bajaron las tasas de interés a cerca de sus mínimos históricos.

Uno de sus efectos fue propiciar flujos de capitales hacia países con rendimientos más altos, especialmente América Latina. Otro efecto fue lubricar con dinero la incipiente recuperación económica de EU. Pero tiene sus riesgos, porque alguien deberá pagar en algún momento todo este lubricante y Camargo cree que los inversores están empezando a preguntarse cuán sostenible es esta situación.

"Las nuevas curvas empinadas de la deuda de EU reflejan estos temores sobre el déficit", dice Camargo, en alusión a que las tasas de interés de largo plazo son bastante más altas que las de corto plazo, y esa diferencia de niveles dibuja una curva empinada. "El efecto de esto para México es negativo porque también le empina la curva a la deuda mexicana". 

En un panorama así (con un crecimiento no consolidado y desempleo todavía en el 9% en EU), parece poco probable que la Reserva Federal decida aumentar las tasas de interés. Aun así, los gobernadores del organismo y parte del establishment económico estadounidense son conocidos por su aversión absoluta al más mínimo rastro de inflación, por lo que cualquier cosa podría ocurrir este año.

Un aumento de tasas que "enfríe" la economía sería negativo para México por dos razones: por un lado, frenaría el crecimiento de las manufacturas en EU, que tanto poder de arrastre tienen sobre sus colegas mexicanas; y, por otro, tasas más altas destruirían el apenas vivo mercado hipotecario actual, perjudicando a los trabajadores mexicanos y, por lo tanto, al envío de remesas.

¿Cómo influye el tipo de cambio en la relación de México y Estados Unidos? Históricamente, si México decidía fortalecer el peso, ponía en riesgo la competitividad de sus exportaciones. Esa situación ha cambiado. "Lo que hemos notado en los últimos años es que las exportaciones mexicanas son mucho más sensibles a la demanda que al precio", dice Camargo.

Es decir, que el crecimiento o la caída de las exportaciones mexicanas (excluyendo, por supuesto, el petróleo) dependen mucho más del estado de ánimo de los consumidores o las industrias estadounidenses que de la relación entre el peso y el dólar. Es otro síntoma de la integración manufacturera: ya nadie le compra a México porque es "barato" sino porque hace sentido en una cadena industrial de mediano o largo plazo. "En este último año, por ejemplo, el peso se ha fortalecido y aún así las exportaciones han mantenido su crecimiento", explica Camargo. 

Un último aspecto de la política económica de EU que podría tener influencia este año en México es su política comercial. Es muy probable que el presidente Barack Obama intente revitalizar las negociaciones para crear un área de libre comercio con varios países de Asia, y México, según Hanson, debería evitar una postura "defensiva" ante esta situación y, en cambio, mostrarse como un posible socio comercial. Con el nuevo Congreso dominado por los republicanos en Washington, es posible que se firme el demorado acuerdo de libre comercio con Corea del Sur.

En cualquier caso, si México finalmente crece este año al avizorado ritmo del 4%, en el que coinciden -punto más, punto menos- casi todos los colegas de Camargo y Hanson, sería su cuarto mejor año de la última década, en la que le ha costado encadenar años consecutivos de crecimiento sostenido. (En 2010, el PIB mexicano, ayudado por el rebote post-crisis, aumentó un 5.5%.)

"Y no será sólo por el impulso de la demanda externa", dice Camargo. "Hemos visto indicios de que la actividad doméstica pronto se unirá al motor de la economía". El crecimiento de México, entonces, será un poco "gringo", pero también un poco mexicano.

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