La corrupción amenaza a emergentes

Las prácticas de este tipo se presentan en economías que están creciendo como Brasil, China e India; el problema afecta el ascenso de los países en vías de desarrollo y las relaciones financieras.
corrupcion dienro empresario  (Foto: Photos to Go)
Geoff Colvin
NUEVA YORK -

"Estamos pensando en salir de Brasil", me dijo el presidente ejecutivo de un gran corporativo estadounidense hace una semana. La compañía ha estado operando en el lugar desde hace algunos años, generando algunos millones de dólares en negocios. El problema es que hay una serie de lineamientos de la corte que son inexplicables y muy costosos, por lo que el CEO duda de su capacidad para manejar sus negocios ahí. No ve la forma en la que los lineamientos puedan ser honestos; incluso el ex presidente de Brasil, Lula da Silva, consideraba al sistema judicial de la nación brasileña "una caja negra" que es "intocable". Y si el sistema no funciona, este presidente ejecutivo tendrá que partir.

Se trata de la corrupción, un problema en el que preferiríamos no pensar ahora que amenaza el ascenso de los países en vías de desarrollo para llegar a la cima de la economía mundial. Dada su historia, el optimismo en el tema sería absurdo.

Pero aunque los medios y Wall Street aún se concentran en problema más rastreables como la inflación y las tasas de interés, los líderes mundiales parecen tener muy clara cuál es la mayor amenaza para el futuro de los países del BRIC y de otras economías emergentes. La corrupción es "la principal amenaza en China", dijo el primer ministro Wen Jiabao al Congreso Nacional de la Gente en marzo pasado.

Cuando el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, visitó Rusia recientemente, citó a ese problema como el principal impedimento para lograr mejores relaciones económicas, y mencionó el caso de Sergei Magnitsky, un abogado que murió en custodia en 2009, después de haber acusado a la policía de corrupción.

El problema no es sólo las prácticas corruptas por debajo del agua común a nivel mundial, aunque tiene sus propios efectos corrosivos.

La corrupción en los mercados desarrollados llegó a dimensiones impactantes. El ministerio de telecomunicaciones de India al parecer desvió 30,000 millones de dólares de varios proyectos en los últimos años.

Un activista ruso publicó documentos en línea mostrando, aparentemente, un fraude de 4,000 millones de dólares en el proyecto de la línea de suministro transiberiano por parte de una compañía estatal. En China, un ministro que supervisa la nueva red de vías de alta velocidad es acusado de robar 152 millones de dólares (y de tener 18 amantes).

La amenaza es mayor de lo que parece:  la corrupción desalienta a las inversiones que son tan necesarias para el progreso económico. En India, "la corrupción y los fraudes de alto nivel amenazan con echar para abajo la credibilidad y el boom económico del país", dijo un reportaje de KPMG.

Los efectos sociales son más sutiles y fundamentalmente peores. La ambición y la iniciativa se marchitan: ¿por qué intentarlo cuando no es la fuente del éxito? El respeto a las autoridades se  evapora. La ira y el resentimiento crecen, sobre todo a medida que una sociedad se vuelve más rica y la brecha entre los ciudadanos ordinarios y los sinvergüenzas oficialmente tolerados se multiplican.

Cuando el primer ministro Wen declaró que las acciones corruptas eran la principal amenaza de China, no estaba hablando sobre su efecto sobre las inversiones extranjeras, sino de la "estabilidad social". Él sabe que aunque la corrupción masiva no es la única pena de los revolucionarios en el norte de África y Medio Oriente, es una muy grande.

Mucha gente se encoge de hombros ante la corrupción porque creen que es algo eterno e incurable, pero no es  así. Inglaterra era profundamente corrupta en el siglo XVII, Suecia en el XIX, dice el profesor Michael Johnston, de la Universidad Colgate, experto en corrupción.

Singapur y Hong Kong erradicaron virtualmente este inconveniente en una generación. Aún así, las reformas son extraordinariamente difíciles, dice, sobre todo en economías grandes, donde "las enormes participaciones están en juego".

Las reformas "pueden convertirse en venganzas políticas" de los reformistas. ¿Por dónde empezar? "Una de las mejores predicciones de si una sociedad podrá desempeñarse bien dentro de la corrupción es la fortaleza de los derechos de propiedad", dijo Johnston. "No es un mal lugar para empezar".

Un rasgo claro de este conflicto es que es difícil hablar de él. No puedo identificar a un presidente ejecutivo que esté pensando en salir de Brasil porque hacerlo pondría en peligro la capacidad de su compañía de operar ahí. En general, acusar a la gente en el poder es inherente y peligroso.

El trabajo duro opera en la oscuridad, así que al igual que el hombre que busca sus llaves bajo la lámpara no porque las haya perdido ahí sino porque la luz es mejor, nos concentramos en problemas económicos que están llenos de estadísticas y son susceptibles a las matemáticas. Pero estamos dejando de lado el mayor peligro. Sería ingenuo pensar que la reciente atención oficial a la corrupción ya llegó a su límite. De no ser así, el progreso de las economías emergentes podría lucir terrible.

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