La década perdida para la economía de EU

Research Affiliates indica que el PIB en realidad monitorea el consumo y no la creación de riqueza; lamenta que los ingresos fiscales reales per cápita estén en los niveles de 1994.
nyse wall street  (Foto: Photos to go)
Colin Barr

La economía estadounidense ha estado 'postrada en cama' más tiempo del que pensábamos, y el no saberlo se debe, en parte, a las falsas estadísticas.

Así opina Rob Arnott, presidente de Research Affiliates, una gestora de inversiones californiana que gestiona cerca de 50,000 millones de dólares. En su reporte mensual, el experto afirma que, contrario a la creencia popular, las raíces de nuestro actual malestar son anteriores a la crisis financiera.

Arnott dice que la economía estadounidense en realidad se descarriló hace más de una década. Y lo que es peor, muchos no nos dimos cuenta de ello porque el indicador económico más observado, el Producto Interno Bruto (PIB), en realidad monitorea el consumo y no la creación de riqueza real.

Desde esa posición, Arnott encuentra poco consuelo en que el PIB per cápita ajustado a la inflación se haya recuperado a niveles similares a los de su pico registrado en 2007; pues aunque esa estadística sugiere que la economía se recupera a paso sostenido (si acaso un poco más lento de lo que quisiéramos), Arnott arguye que gran parte de los avances del PIB vistos desde 1998, se deben al gasto financiado con deuda, y no a la creación de riqueza real.

Somos, en una palabra, más pobres de lo que imaginamos. Algo que los políticos de todas las banderas deberían (pero probablemente no lo harán) considerar al lidiar con el enorme déficit que arrastra el país.

"El PIB que brota de nueva deuda -principalmente del deficit spending (financiación con déficit)- es falso: es consumo financiado con deuda, no prosperidad. Descontando el déficit spending, nuestra prosperidad prácticamente no ha cambiado desde 1998, desde hace 13 años", escribe Arnott.

Tal cosa parece difícil de creer. Los últimos años de la década de los 90 suelen recordarse como la última ocasión en que la economía de EU progresaba de forma consistente. Incluso la década siguiente, alimentada por múltiples 'burbujas', no es considerada por la mayoría como una pérdida total.

Pero las señales están allí. Desde 1998, el PIB real ha crecido a una tasa de 2.2% (según datos de la Reserva Federal): eso es menos de una tercera parte de la tasa a la que han crecido las deudas del sector público y del sector privado en EU.

Arnott indica que podemos culpar de esta adicción al endeudamiento de ambos partidos políticos, que interpretaron la enorme recaudación de impuestos sobre ganancias de capital como una señal de que el dinero continuaría 'cayendo del cielo'. Pero mientras el gasto siguió creciendo a ritmo rápido, la recaudación fiscal se desplomó.

Los ingresos fiscales reales per cápita están a niveles de 1994, señala Arnott. Por lo que no debería extrañarnos el multimillonario déficit que enfrenta EU.

Una forma de ver lo anterior es excluir de la medición el consumo financiado con déficit; método que nos arroja un resultado que Arnott etiqueta como "PIB estructural". Otra opción es eliminar del PIB el componente del gasto gubernamental, de forma que el resultado sólo sea "PIB del sector privado".

Desde cualquiera de esos dos ejercicios, Arnott estima que la creación real de riqueza está a niveles de 1998.

Si bien la solución a ese problema radica con toda seguridad en una política más responsable (menos gasto y un código fiscal menos ridículo), Arnott advierte que es imperativo que comencemos a usar estadísticas económicas más coherentes.

"Mientras sigamos centrándonos en el PIB a la vez que ignoramos (e incluso facilitamos) el deterioro de nuestro PIB estructural y de nuestro PIB del sector privado, perpetuaremos la dinámica de pedir prestado para gastar, hipotecando el futuro de nuestro país. El peor resultado podría incluir el colapso del poder adquisitivo del dólar, la desaparición del dólar como divisa de reserva mundial, el desmantelamiento de la clase media y una huída del capital global de títulos y bonos denominados en dólares".

Un resultado que es mejor evitar; en eso coincidirán tanto demócratas como republicanos.

 

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