La culpa de la crisis no es de Bernanke

Todo mundo espera que, con su conferencia del miércoles, el banquero dé rumbo a la economía de EU; pero los problemas del país vecino son más profundos; van más allá de sus atribuciones.
Ben Bernanke  (Foto: CNN)
Colin Barr

A pesar de su golpeada credibilidad, Ben Bernanke mantiene la atención de una audiencia nutrida. Lástima que nada de lo que diga pueda iluminar el sombrío panorama de la economía.

Europa está al borde del colapso financiero, el petróleo podría alcanzar el pico máximo de 2008 y los problemas fiscales de Estados Unidos exponen al país a una degradación crediticia.

Sin embargo, esta semana no se habla de otra cosa: la conferencia de prensa programada por la Reserva Federal estadounidense (Fed). A pesar de que Bernanke aparece con regularidad ante el Congreso y habla a menudo públicamente, la conferencia de este miércoles será la primera ocasión en que se someta a preguntas de los medios después de mantener la acostumbrada reunión con el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC por sus siglas en inglés).

Los mercados financieros están expectantes. Sin contar los días festivos y las sesiones cortas, el volumen de transacciones accionarias registrado el lunes pasado fue el más bajo desde mediados de 2003, advierte Andrew Barber, de la firma Waverly Advisors.

Sin embargo, la obsesión de los mercados con la Fed es el último ejemplo de la excesiva esperanza que Wall Street ha puesto en el Banco Central. Pero la política monetaria, a la que últimamente se le imputan todas las culpas, es sólo un pequeño asterisco en el recuento del declive financiero vivido por Estados Unidos en la última década. Incluso si Bernanke sorprendiera a todos y decidiera terminar con la odiada 'flexibilización cuantitativa' o segunda ronda de compra de activos (QE2), ¿conseguiría revivir al maltrecho dólar?

Lamentablemente no. Estados Unidos es un país donde uno de cada seis trabajadores está desempleado y más de 40 millones de personas reciben cupones de alimentos, mientras que la renta media ha disminuido en la última década. Esas cifras, así como el enorme endeudamiento, son indicadores de una economía enferma, con problemas más graves que los que conlleva una política monetaria flexible. Agravando esa condición, los representantes elegidos para solucionar esos temas apenas si se mueven para consultar su correo electrónico, a no ser que el email provenga de un cabildero contratado por Goldman Sachs.

Así que culpen a Bernanke, si quieren, por los altos precios de los commodities. Maldigan a todos los funcionarios del Banco Central cada vez que paguen 4 dólares por galón de gasolina. Lloren de agradecimiento cada vez que Dick Fisher muestre su oposición a la política de flexibilización monetaria.

Pero recuerden que las políticas equivocadas que abatieron el dólar y elevaron el precio de la gasolina no fueron impuestas por Bernanke, sino por los tipos que elegimos para dirigir el país, nuestra llamada élite política, y esos funcionarios siguen a cargo del manicomio. Y ninguna maniobra del Banco Central puede cambiar ese hecho.

Lo que sucederá el miércoles es previsible. Cuando Bernanke anuncie que no finalizará la QE2, sus numerosos enemigos clamarán que el dólar está a niveles mínimos en tres años, el oro está por encima de los 1,500 dólares, la plata ronda los 50 dólares y el petróleo se quedará más allá de la marca de los 100 dólares. 

Y tendrán razón, claro, en que la política ultra flexible de la Fed no atajará ninguna de esas tendencias. La prueba de ello es la ridícula fortaleza del euro, que se negocia en 1.46 dólares, a pesar de que varios miembros de la Unión Europea se asoman al abismo.

Pero aunque resulte cómodo culpar a Bernanke, no fue la Fed la que nos colocó en nuestra situación actual. Debemos culparnos a nosotros mismos, por elegir políticos que recortan impuestos a los ricos y envían a nuestras tropas a pelear dos guerras al otro lado del mundo, y luego se cruzan de brazos cuando la situación fiscal de EU se vuelve insostenible. No fue Bernanke quien creó ese déficit billonario.

Como bien lo dijo Barry Ritholtz, la gran caída del dólar no ocurrió después del inicio de la crisis financiera, sino en los siete años previos, entre 2001 y 2008. ¿De verdad alguien cree que finalizar la QE2 conseguirá sacar a flote a un barco que hundimos hace tiempo sobrecargándolo de mentiras?

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Logre lo que logre Bernanke con su conferencia, está atrapado entre las políticas de Washington. Él puede hablar sobre cómo la Fed puede aliviar las condiciones del mercado financiero, pero no hay nada que pueda hacer para que el Congreso estadounidense discuta seriamente el déficit, el desempleo, la política fiscal o el comercio.

No es la política monetaria, sino la forma en que Estados Unidos aborde esas cuestiones lo que decidirá con el tiempo el valor del dólar y su capacidad de compra. Sin importar lo que Bernanke diga este miércoles, ese panorama se oscurece cada día, de allí que la susodicha conferencia de prensa sea una pérdida de tiempo.

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