BCE confía ciegamente en economía griega

El Banco europeo parece reacio a reestructurar, confiando en que al final Grecia no caerá en impago; pero las finanzas del país heleno continúan deteriorándose, y puede acabar colapsando sin control.
grecia  (Foto: Photos to go)
Colin Barr

El Banco Central Europeo (BCE) parece no haber aprendido la lección del lema "demasiado grande para caer".

Tomemos como ejemplo la decisión que el BCE tomó este mes al oponerse a una reestructuración de la deuda griega. Cualquiera reconoce ahora que las finanzas de Grecia son insostenibles y que no hacen sino empeorar. Incluso algunos políticos están comprendiendo eso.

Como ha quedado constatado en el caso de Irlanda -cuyo rescate no ha detenido su caída- la austeridad por sí sola no basta. Balancear un presupuesto que está descontrolado, como el de Grecia, "provoca disturbios si se hace en el lapso de un año", advierte Paolo Manasse, profesor de economía en la Universidad de Bolonia.

Aún así, las autoridades del BCE insisten en que la alternativa (provocar pérdidas a los tenedores de bonos que, hasta hace poco, estaban muy contentos de financiar la gran fiesta consumista del país heleno) es demasiado dañina como para contemplarla siquiera. Jürgen Stark, miembro del consejo de administración del BCE, dijo la semana pasada que una reestructuración de la deuda griega sería una "catástrofe", pues acabaría con los bancos del país.

Mientras tanto, la verdadera catástrofe ocurre ante nuestros ojos. Cada día que pasa sin que se realice una reestructuración que obligue a los inversionistas a compartir las mortificaciones de los contribuyentes europeos, eleva la cuenta final de la operación 'limpieza'.

"No puedes darte el lujo de comprar tiempo, pues es muy costoso. Pagarle el 100% a los tenedores de bonos es una carga demasiado grande para llevar en esta situación", comenta Daniel Gros, quien dirige el Center for European Policy Studies en Bruselas.

Sabemos que diseñar una reestructura viable es difícil, pero no imposible. Gros lleva meses pidiendo a los políticos que esbocen un programa razonable de reestructuración. El mercado mismo estima que los tenedores de bonos emitidos por Grecia, Irlanda y Portugal recuperen menos de 100 centavos de euro cuando llegue la hora de pagar. ¿Por qué los inversores no deberían asumir también esa postura?

Porque aquí interviene la política. El BCE también está expuesto, pues ha comprado miles de millones de euros de deuda soberana de economías débiles, como lo han hecho los escasamente capitalizados bancos europeos. Pero incluso si el BCE admitiera la necesidad de una reestructuración, no puede tomar la decisión por sí solo.

"Es la frustración de Jean-Claude Trichet", comenta Gros refiriéndose al director del BCE, "Sabe que Berlín no apoyará una reestructuración, así que no emprenden preparativos para una".

Pero la situación está siendo subestimada. Esta semana el contagio alcanzó a los bonos emitidos por países antes resistentes a la plaga -España e Italia-. Ello significa que el problema está extendiéndose.

Los líderes europeos también buscan comprar tiempo. Están tan amedrentados por el contagio de deuda, que algunos incluso admiten estar dispuestos a mentir sólo para calmar las aguas por uno o dos días. Jean-Claude Juncker, presidente del eurogrupo, dijo el mes pasado que estaba dispuesto a engañar al público si el precio, en términos de estabilidad del mercado, era justo.

Considerando que los problemas de Grecia comenzaron cuando se supo que había mentido sobre los datos de deuda y déficit, es bastante irónico que un oficial europeo asuma esa postura.

"Cuando la cosa es grave, hay que mentir", dijo Junker. ¿Qué camino elegirá Europa?

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