Banca europea está ‘enferma’ de deuda

La banca depende de los préstamos baratos, por lo que son vulnerables a los cambios en el mercado; los negocios con más déficit se encuentran en Francia y Alemania, y no en Grecia, como se creía.
pastillas euros  (Foto: Especial)
Colin Barr
NUEVA YORK -

Los bancos europeos están en tan malas condiciones que podrían caer hasta con el roce de un pétalo.

Las instituciones financieras del viejo continente comparten una aterradora característica con Lehman Brothers antes de su colapso en 2008: dependen en exceso de dinero prestado, en especial de los préstamos baratos y a corto plazo tan vulnerables a las sacudidas del mercado.

Y ese rasgo no es de mucha utilidad ahora que el default o suspensión de pagos de Grecia parece casi inevitable. Las autoridades europeas no lograron acordar este fin de semana los términos para el rescate por 12,000 millones de euros (17,000 millones de dólares) que recibirá Grecia en julio próximo, advirtiendo que el Gobierno heleno primero debería demostrar severas medidas de austeridad. Al parecer, las protestas de la población griega no son prueba suficiente.

Lo que llama la atención es que las instituciones financieras más irresponsables no están en la sobreendeudada Grecia o en la despilfarradora Portugal, sino en los países supuestamente responsables del corazón de Europa: Alemania y Francia, allí están los negocios banqueros más expuestos al impago de Grecia, con cerca de 90,000 millones de euros (129,000 millones de dólares) en juego.

Si bien se habla mucho del renacimiento económico de Alemania, el ahorro y la prudencia no caracterizan a los bancos alemanes. La banca teutona tiene 32 euros de pasivo por cada euro de capital, de acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). El apalancamiento de Lehman, en el momento de su colapso, era de 31 a 1, si valen las comparaciones.

Y los alemanes no son los únicos que viven en Lehmanlandia: los bancos belgas adeudan 30 euros por cada uno de capital y los franceses 26 por cada euro, como indican los números del FMI (ver la gráfica). En promedio, los bancos de los 17 países que integran la zona euro tienen un grado de apalancamiento de 26-1 (26 euros de deuda por cada euro de capital), el doble de la ratio que tienen en Estados Unidos. Contra todos los pronósticos, las instituciones europeas logran que los bancos estadounidenses luzcan bien.

El grado de apalancamiento de las entidades europeas nos suena familiar, pues semeja el nivel de endeudamiento que registraban los grandes bancos de inversión estadounidenses antes de que los mercados financieros entraran en crisis, en 2007. Lehman y Bear Stearns, las instituciones de inversión que se atiborraron de activos inmobiliarios durante la 'burbuja', tenían ambos un grado de apalancamiento de más de 30 dólares por dólar de capital, mientras que la ratio de Goldman Sachs, Morgan Stanley y Merrill Lynch rondaba los 20-1.

Otra semejanza es que la banca europea depende en gran parte del financiamiento del mercado a corto plazo, procedente de fuentes como los fondos de dinero estadounidense, que están entre los mayores acreedores del planeta. La historia demuestra que un pánico de mercado podría cerrar de golpe el grifo de esos fondos, colocando al Banco Central Europeo (BCE) en una situación aún más vulnerable.

Pese a estas similitudes, parece que Europa aún no ha comprendido lo cerca que está de repetir la crisis de 2008. No hay señales de que los líderes europeos entren en razón y lancen un paquete que termine de una vez por todas con el asedio. Este caminar por la cuerda floja está preocupando al FMI, que advirtió la semana pasada que "a pesar de que ha habido progresos en la reparación del sistema bancario, el ritmo es demasiado lento".

Por ahora, no hay razones para creer que un default es inminente o que los bancos no podrán controlar la tormenta desatada por Grecia. La liquidez es aún amplia y el sistema financiero no es el mismo que hace tres o cuatro años atrás. Sin embargo, el sobreendeudamiento de los bancos en medio de una crisis no es nunca tranquilizador, no importa cuán habituados estemos a ello. 

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