Pimco prevé una “represión financiera”

La gestora de inversiones advierte daños en la economía si las tasas de interés de EU siguen bajas; señala que esta medida afectaría los recursos de los inversionistas y acreedores.
dólar  (Foto: Photos to Go)
Colin Barr

El personal de la mayor gestora de bonos del mundo, Pimco, ha dejado volar demasiado su imaginación.

Primero Bill Gross, fundador y director de inversiones de Pimco, apostó contra los bonos de deuda emitidos por el Gobierno estadounidense justo antes de que éstos protagonizaran un gran rally. Ahora, uno de sus funcionarios, el gestor de portafolio Scott Mather, alerta sobre una "represión financiera".

El término suena casi freudiano, pero se refiere al proceso de mantener bajas las tasas de interés para ayudar a saldar la carga de deuda que arrastra el Gobierno. Se trata, teniendo en cuenta el momento actual, de una respuesta razonable a una situación mala. Sin embargo, para Pimco esa no es razón para moderar su pánico.

Mather advierte que una represión financiera es "principalmente una herramienta para redistribuir la riqueza de los acreedores (los ciudadanos) a los deudores (los gobiernos) en detrimento de los acreedores, de los inversionistas de renta fija y de los ahorradores".

Esto es, hasta cierto punto, cierto. La postura de la Reserva Federal de EU (Fed) de mantener las tasas de interés bajas ha escamoteado unos 100,000 millones de dólares o más del bolsillo de los ahorradores en años recientes. Pese a ello, todas las políticas tienen sus pros y sus contras, y podríamos decir que rescatar al sector bancario bien valió ese golpe.

Pero la afirmación de Mather es también, hasta cierto punto, falsa. Mather quiere hacernos creer que EU no es el único represor en el mundo, y que a medida que las cadenas de la represión recorren todo el globo los efectos se vuelven impredecibles. Incluso bautiza ese proceso con un término pegadizo, "el círculo global de represión financiera":

"Vemos una dinámica circular donde las economías tanto desarrolladas como emergentes están ampliando el uso de la represión financiera. Con el objeto de impulsar el crecimiento económico y a la vez reducir al mínimo los costos de la financiación de la deuda, los bancos centrales de los países desarrollados están manteniendo bajas las tasas de interés y han tomado medidas más extremas, como la compra directa de deuda pública. Estas actividades, al combinarse con los déficits comerciales del mundo desarrollado, han contribuido a la presión ejercida sobre las divisas de los mercados emergentes para que se aprecien.

"Los países de mercados emergentes, en consecuencia, resisten esta apreciación interviniendo directamente en los mercados de divisas y acumulando reservas de divisas de una economía más avanzada, como el dólar estadounidense, que luego son reinvertidas principalmente en bonos gubernamentales de la economía desarrollada, ayudando a bajar ¡aún más! las tasas de interés del país desarrollado. Este es un círculo global de represión financiera en el cual las autoridades influyen en el precio de los bonos y en las divisas así como en los niveles de las tasas de interés".

El mayor problema con este argumento es que nos presenta a los bancos centrales de mercados emergentes como respondiendo a las acciones de la Fed, del Banco Central Europeo y de otros, cuando está claro que la acumulación de reservas de China y Brasil y del resto de los países más pobres vino primero y no después, y obedece a sus propias razones.

Fue justo esa acumulación de reservas en dólares emprendida por las economías emergentes tras la crisis asiática a fines de los 90, lo que propició, después de todo, que Ben Bernanke explicara hace media década que la 'burbuja' inmobiliaria estadounidense se debió a un exceso de ahorro global. Antes incluso de que la Fed y el Banco Central Europeo abrieran las compuertas monetarias en 2008, China ya acumulaba billones en reservas extranjeras, en gran parte porque el proceso ayudaba a estimular el empleo doméstico. Entonces, ¿quién reprime a quién?

Ese no es el único fallo de la tesis de la represión financiera. Otra deficiencia argumentativa es que, si bien los 'ciudadanos' tenedores de bonos (en palabras de Mather) sí se ven perjudicados cuando los gobiernos intentan reducir su deuda, ese sacrificio contrasta radicalmente con lo que podríamos llamar el problema del 'recorte', es decir, cuando el Gobierno reduce el pago de réditos a los tenedores de bonos de deuda.

Ese mal menor para los 'ciudadanos' evita otro mayor: que los gobiernos impongan una quita sobre los titulares de bonos bancarios, obligándolos de esa forma a compartir las pérdidas causadas por sus pésimas decisiones crediticias, incluso si la diferencia tiene que provenir del bolsillo de los contribuyentes. ¿Por qué?

Porque no puedes arriesgarte al contagio que seguramente resultaría si los titulares de bonos tienen que enfrentar la disciplina de mercado que tanto les gusta aplicar a otros. Esta es una observación que nos orilla a muchos a creer que siempre habrá rescates, o al menos los habrá hasta que nos quedemos sin dinero.

Es esa condición, y no la llamada "represión financiera", el verdadero problema actual para los ciudadanos, no importa lo que Pimco diga. 

 

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