En tiempos de crisis, contrata a Lagarde

El FMI no necesita una reestructuración, sino un líder que se aleje del estereotipo de Strauss-Kahn; la crisis europea sugiere que convenía su nombramiento, sea o no una concesión.
Lagarde  (Foto: CNN)
Shelley DuBois

La primera regla al contratar a un nuevo líder durante una crisis es: no empeores la crisis.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha elegido a la francesa Christine Lagarde como su próxima directora para sustituir al desacreditado Dominique Strauss-Kahn, quien renunció el 18 de mayo sumergido en acusaciones por abuso sexual contra una recamarera de un hotel neoyorquino.

En realidad no importa si Lagarde hubiera sido la mejor opción para el cargo si Strauss-Kahn hubiera terminado su gestión de forma natural: ella es una buena opción en estos momentos.

En una crisis "algunas veces tendrás que ceder, tendrás que elegir al candidato como concesión a ciertos intereses", apunta Gene Grabowski, director de crisis y prácticas de litigio en la firma Levick Strategic Communications.

Si bien el nombramiento de Lagarde no es necesariamente una concesión, hay varias razones que sugieren que su elección convenía.

Para empezar, el FMI no pudo encontrar mejor momento para contratar a su primera directora mujer. Grabowski explica: "Envía un mensaje de que la organización no es un club exclusivo para hombres y que está consciente de la seriedad de los cargos imputados contra Strauss-Kahn".

En segundo lugar, el FMI no necesita ‘zarandear demasiado el barco'. La organización puede darse el lujo de contratar a alguien que impulse cambios positivos, pero menores. No necesita grandes cambios porque esta crisis particular atañe únicamente a un miembro del equipo directivo. 

Hay otras crisis que son más amplias, como la renuncia de Mark Hurd de su posición de director general de Hewlett-Packard el pasado agosto, cuya dimisión ocurrió en el marco de un problema gerencial más extenso. Los cargos por acoso sexual presentados contra Hurd dividieron al consejo directivo de la compañía y alteraron a sus accionistas. HP debió buscar sangre nueva para que las cosas retomaran la tranquilidad. 

Sin embargo, la asignación de Lagarde como jefa del FMI es equiparable al ascenso a la presidencia estadounidense de Gerald Ford tras la destitución de Richard Nixon, explica Grabowski: "Ford, en opinión de la mayoría, no fue el presidente perfecto", pero era percibido como una persona honesta. "Ese fue su papel, ser un administrador, no un agente de cambio".

El papel de Lagarde es parecido, en el sentido de que el FMI no necesita reestructurarse. Necesita, eso sí, un líder que represente un alejamiento de la indiferencia moral que caracterizaba a Strauss-Kahn.

Independientemente de sus logros a la cabeza del FMI, la conducta de Strauss-Kahn (ya tenía fama de mujeriego aún antes de los cargos presentados el mes pasado) era repelente y peligrosa para la organización durante tiempos de crisis, como la actual.

El proceso mencionado de sucesión presidencial es diferente al proceso que atravesó la junta directiva del FMI para elegir a Lagarde, que a su vez es diferente al proceso que lleva una compañía como HP para elegir a su próximo director. Sin embargo, comparten la característica única de haberse llevado a cabo en una época de crisis.

Además de la administración, los directivos que asumen su cargo durante circunstancias de crisis deben entender también las exigencias del liderazgo en la era digital. En el pasado, a los líderes talentosos se les perdonaban las transgresiones o faltas cometidas. Pero hoy ya no es así, y el público tiene mayor acceso a las vidas públicas y privadas de los directivos.

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Como apunta Grabowski: "En esta era de la transparencia y del empoderamiento de Internet, virtualmente cualquiera puede saber lo que sucede en tu junta directiva". Y lo que sucede, al parecer, en tu habitación.

 

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