Jeff Immelt, ¿cerca de Obama, o de GE?

El asesor en materia de empleo y jefe de General Electric, criticado por sus labores contrapuestas; aunque tiene prohibido defender los intereses de la empresa en el Consejo, es difícil garantizarlo.
immelt y obama  (Foto: AP)
Tory Newmyer

La Casa Blanca ha sido duramente criticada por la izquierda y por la derecha tras haber designado en enero a Jeff Immelt, director de General Electric (GE), como principal asesor en materia de empleo y competitividad.

Las acusaciones de los liberales y de los conservadores coinciden: el nombramiento representa puro capitalismo de ‘compadres'. Los líderes de las principales multinacionales estadounidenses difícilmente son los más aptos para asesorar en la creación de empleo, cuando justamente ellos dedicaron la última década a eliminar 2.9 millones de plazas laborales en el país, a la vez que añadían 2.4 millones de plazas en el extranjero.

Pero General Electric está bien posicionada en Washington. Tan sólo el año pasado la compañía gastó más de 39 millones de dólares en lobbying o cabildeo, convirtiéndose en la tercera empresa que más gasta en ese concepto, de acuerdo con el Center for Responsive Politics.

Su presencia alcanza a prácticamente cualquier debate político concebible, desde los temas de menor alcance (como la ley contra la publicidad comercial ruidosa y la ley de sanciones contra Irán), hasta los más amplios (como las luchas sobre las reformas sanitarias y financieras y la disputa contra Pratt & Whitney en torno a un convenio multimillonario para la producción de motores de aviones militares).

El propio Immelt ha dejado claro que su trabajo de medio tiempo como asesor de la Casa Blanca no lo distraerá de su labor principal. "Esta es mi pasión, estoy comprometido", dijo a los analistas cuando GE presentó sus resultados financieros en enero. Sin embargo, no ha sido tan claro cuando se le ha cuestionado cómo influirán los intereses de GE en su participación como asesor del Consejo Presidencial sobre Empleo y Competitividad.

En una reunión con accionistas celebrada en abril, Immelt fue confrontado por David Ridenour, un activista de un grupo de derecha responsable de impulsar una campaña que exhortaba a GE a despedirlo por estrechar vínculos con la administración de Obama. Ridenour le pidió a Immelt que explicara si en el Consejo representaba a los accionistas o al público estadounidense en general. El director de GE respondió que él representaba su "mejor juicio, y debido a mi punto de referencia, a menudo estará asociado con GE, pero no siempre". Immelt esquivó la pregunta sobre si se opondría a una recomendación del Consejo que perjudicara a sus accionistas, contestando que no quería "entrar en esa filosofía de blanco o negro".

Por lo demás, GE paga los gastos de los traslados de Immelt en sus actividades como asesor gubernamental, según dijo el portavoz de la firma, Andrew Williams, señalando que Immelt usaba esos viajes para realizar negocios de la compañía. Y si bien el Departamento del Tesoro le proporciona personal para su labor como miembro del Consejo, GE también le ha asignado una persona para apoyarlo en esas funciones.

Entonces, ¿qué tipo de protecciones ha impuesto la Casa Blanca para asegurar que Immelt no use el Consejo para favorecer los intereses de GE? La respuesta es débil. Un funcionario de la administración indica que el consejo ético del Departamento del Tesoro, del cual depende el Consejo que dirige Immelt, orientó al ejecutivo sobre ese tema luego de que éste aceptara el cargo.   

Abogados de GE y funcionarios del Tesoro pulieron los detalles, pero la esencia se reduce a lo siguiente: cuando Immelt acuda a una reunión en su papel de presidente del Consejo sobre Empleo, no se le permitirá defender los intereses de GE, y viceversa. Es decir, si quiere presionar al Gobierno sobre asuntos de la compañía, tendrá que programar una reunión aparte. No hay mecanismos vinculantes; Immelt tendrá que cumplir el espíritu de ese acuerdo sólo por honor.

"El rr. Immelt es el presidente de un consejo de asesores, no es un empleado federal", dice Williams, portavoz de GE. "Actúa de forma independiente en su papel como presidente del Consejo, defendiendo políticas que cree serán buenas para el país. Otros directores ejecutivos de GE han servido al país de esta forma, y el sr. Immelt se siente honrado de responder la llamada del servicio público".

Hasta ahora, los resultados del Consejo sobre Empleo han sido más bien modestos (cabe destacar que el Consejo sólo emite recomendaciones, no redacta políticas). El mes pasado, Immelt y Ken Chenault, CEO de American Express, escribieron un artículo para el diario The Wall Street Journal donde proponían cinco pasos para impulsar la creación de millones de empleos en el plazo de dos años, desde agilizar la tramitación de visas estadounidenses para estimular el turismo hasta una menor burocracia para proyectos de construcción e infraestructura. El Consejo planea entregar otra serie de recomendaciones en septiembre, y es fácil imaginar que algunas de ellas beneficiarán a GE, por lo que habrá muchos observadores detectando cualquier ‘aire' de subsidio corporativo.  

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Hay, desde luego, formas más discretas a las que puede recurrir Immelt para aprovechar, en beneficio de GE, su status como asesor económico del presidente Obama. Los registros de visitantes de la Casa Blanca revelan que Immelt ha sido una presencia constante en Washington en los últimos dos años y medio, visitando la Casa Blanca 26 veces en ese periodo (una media de una visita por mes). Los registros describen el asunto tratado en ocho de esas reuniones, pero se desconoce qué se discutió en las otras 18. Tan sólo el 13 de enero mantuvo un encuentro privado con Obama en la oficina oval.

La maquinaria de cabildeo de GE no se detiene pese a algunos tropiezos, como la decisión del Gobierno de no continuar financiando la producción de un motor GE para la aeronave militar Joint Strike Fighter, que actualmente lleva motores fabricados por Pratt & Whitney. GE sigue presente en Washington. Además, la Casa Blanca no está cerrada a las opiniones del sector privado. La propia creación del Consejo sobre Empleo fue, en parte, una respuesta de la Casa Blanca ante la crítica de la comunidad empresarial, que la acusaba de no buscar su consejo. Con todo, aceptar el consejo de las compañías más acaudaladas puede traer riesgos.

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