Cómo Washington ‘fulmina’ a la economía

Los culpables de la crisis en EU son los políticos, no S&P, Wall Street o Goldman, dice Allan Sloan; el experto en finanzas cree que el Gobierno ‘cavó su tumba’ al limitar a la Fed de rescatar al...
capitol hill  (Foto: AP)
Allan Sloan

¿Qué nos está haciendo daño? No es sólo el desempleo, ni los problemas de deuda en Europa, y tampoco es Wall Street. El problema es que los fanáticos se han adueñado del debate económico y no pretenden nada nuevo. Si arreglamos eso, quizás arreglaremos la economía.

¿Qué demonios está pasando? 

La agencia calificadora de bonos Standard & Poor's degradó a Estados Unidos y el mundo se tambaleó. Los mercados se volvieron locos el primer día comercial después de la degradación, perdiendo un billón de dólares en valor. Los directores financieros de la Unión Europea están haciendo trizas los problemas de deuda de sus miembros, e Inglaterra...Inglaterra se está quemando.

Apenas hace tres años nos aterraba que el sistema financiero estuviera al borde del desastre, después de que Lehman Brothers solicitara su bancarrota, en septiembre de 2008. Parece que esa época de terror terminó en la primavera de 2009. Pero ahora esos miedos regresaron, y las cosas son incluso más aterradoras, sin importar los días ‘verdes' del mercado accionario. 

Nuestro desastre actual es distinto del horror relacionado con Lehman porque surge, principalmente, de la política, no de la economía. El festival del terror anterior surgió porque la bancarrota de Lehman alteró los mercados financieros de formas inesperadas. La crisis de hoy era completamente evitable; podemos culpar directamente a los tontos que llevaron a nuestro país al borde de la suspensión de pagos por sus deudas con la intención de salvarnos de... no estoy seguro de qué. Sí, el Partido del Té tiene una responsabilidad primordial, pero no lo hubieran podido hacer sin la cobardía en competencia del Gobierno de Obama, que dejó que las cosas se salieran de control. Este fiasco me enfurece, y seguro lo hace con cualquiera que espere que Estados Unidos actúe como un país de verdad, no sólo como un país de tercera clase manejado por facciones fanáticas que se odian entre sí. 

Hoy hay más miedo que en 2008-2009, porque esta vez no sólo tenemos que lidiar con instituciones financieras con problemas, sino que tenemos a países de verdad enfrentando posibles incursiones en impago por sus deudas, incluyendo a Estados Unidos.

Las cosas ya estaban mal debido al miedo y a la fragilidad financiera que afligían a Europa, pero los problemas dieron un paso agigantado cuando Standard & Poor's recibió su degradación completamente justificable el 5 de agosto, sobre su deuda a largo plazo en Estados Unidos. La economía estadounidense ya estaba débil, con el producto interno bruto apenas creciendo, o quizás encogiéndose, además de un récord de desempleo a largo plazo. Una estadística: el porcentaje de adultos estadounidenses con empleo es de 58.1%, por debajo del 64.7% de 2000, según la Reserva Federal de St. Louis. Esto no es nada bueno (ver tabla de abajo). El miedo, la aversión, y las divisiones políticas van a empeorar esta situación, no mejorarla.

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Ahora, unos hechos: La degradación de S&P no es, como algunos bobos cargados de odio creen, un producto del miedo de que Estados Unidos esté ‘quebrado', o no tenga la capacidad financiera de cumplir sus obligaciones. El principal temor de S&P es que Estados Unidos no pueda tener la voluntad política para pagar sus deudas.

La escala de nuestros problemas no puede ser atribuida a Angelo Mozilo de Countrywide Financial, un villano favorito. Tampoco podemos culpar a otro chico malo favorito, Goldman Sachs, o a los demás sospechosos comunes: Wall Street, en general, los prestamistas ambiciosos, los especuladores, los prestatarios irresponsables que buscan un lanzamiento gratuito tomando hipotecas que no pueden pagar... 

La raíz de nuestro problema actual es que no hay adultos en puestos de poder serios en Washington. Nunca había sentido esto, y he escrito historias de negocios desde hace más de 40 años, y sobre finanzas nacionales desde hace más de 20. En verdad, no adoro a las instituciones en Washington; llamé al ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, el ‘Mago de Oz' cuando él era conocido como el ‘Maestro'. Desde hace más de una década he dicho que el fondo de Seguridad Social no tenía valor económico, y sería inútil cuando el flujo de efectivo del sistema se volviera negativo, algo que también predije. Pero a pesar de ser un escéptico profesional irreverente, nunca sentí que hubiera una ausencia total de supervisión adulta en el capital de nuestro país. Ahora sí lo creo.

El pasado julio vi cada vez con más horror cómo los ignorantes del mercado, incitados por los líderes codiciosos del Partido Republicano (de quienes voy a renunciar) y la ineptitud de Obama y sus secuaces, llevaron al país a un paso de incurrir en default por sus deudas.

Los políticos tontos de Washington pensaron que habían reasegurado a todos cuando se alejaron del borde de la suspensión de pagos con un acuerdo de recorte de déficit tan absurdo, que da risa pensarlo. Después, S&P hizo lo que había advertido cuando quedó claro que Estados Unidos podría decidir no pagar sus deudas. Degradó el crédito de nuestro país. Los créditos triple-A deberían ser sólidos. Si hay aunque sea la mínima posibilidad de un impago, un valor no debería ser AAA, punto. No tengo ningún amor por S&P o por sus competidores, Moody's o Fitch, cuya influencia supera su competencia. Se les debió haber quitado su posición de regulación especial debido a las calificaciones AAA que dieron a valores respaldados por hipotecas basura. Pero respeto a S&P por mantener su postura y alertar a los inversionistas de la idea que alguna vez fue impensable: una incursión en la suspensión de pagos por parte de Estados Unidos, el único país en el mundo que puede usar su propia moneda para pagar a los acreedores externos. Fitch y Moody's mantuvieron la deuda de Estados Unidos en triple-A, algo que yo no habría hecho.   

Además, la Reserva Federal (Fed), que se hizo cargo del rescate la vez pasada, está legalmente limitada por las provisiones de la legislación Dodd-Frank, que es poco reconocida fuera del mundo de los reguladores mundiales y expertos financieros. En 2007, la Fed podía inventar programas para rescatar a nuestras instituciones solventes pero no líquidas. También podía convertir a bancos de inversión -como Goldman Sachs y Morgan Stanley- en sociedades de matriz bancaria con acceso a financiamiento ilimitado de la Fed, e incluso inyectar efectivo en la canasta de los no-bancos, como AIG, de forma directa, y de forma indirecta en el colapso sin control, lo que habría hecho que el desastre de Lehman Brothers luciera como un error casual.

Las acciones de la Fed tuvieron sus propios problemas, de los cuales ya he hablado, pero cuando la Fed comenzó a actuar en el verano de 2007, sabíamos que había una institución que podía rescatar al mundo en caso de ser necesario. Ahora, al menos en teoría, la única institución gubernamental que puede hacer esto es la Corporación Federal de Seguros de Depósito (FDIC, por sus siglas en inglés); respeto a la FDIC, pero no tiene el poder y presencia internacional de la Fed. Este problema surgió porque nuestros líderes cedieron a la presión de las grandes compañías en lugar de separarlas en pedazos suficientemente pequeños para dejarlos caer.

Sí estoy molesto; soy un moderado molesto que ya se hartó de la incompetencia y falta de cordura de nuestros supuestos líderes nacionales, y de la gente que aprovecha los problemas para beneficiarse de forma política o financiera. El Partido del Té ha lanzado políticas y declaraciones sobre la economía y los mercados de deuda completamente absurdos. 

Pero al menos la gente del Partido del Té tiene una historia y un mensaje. La gente de Obama no lo tiene, al menos no uno que yo haya logrado discernir. No saben dar buenas noticias, aunque sí existan: hace unos meses tuve que descifrar cuánto perderían los contribuyentes con el Programa de Alivio para Activos en Problemas (TARP, por sus siglas en inglés), que se supone, cavaría un agujero financiero. Para mi sorpresa, descubrí que el TARP sí genera dinero para los contribuyentes. Durante mi investigación, descubrí que el Departamento del Tesoro había llegado a una conclusión similar, pero había colocado esa información ante los ojos del público de forma tan ligera, que la gente no lo vio. ¿Por qué el Gobierno de Obama no estaba diciendo al mundo que los contribuyentes habían hecho dinero salvando el sistema financiero del mundo? No lo sé. 

Pero parece que el resto del mundo también está manejado por ineptos; no quiero pensar lo que le pasaría a Estados Unidos en su desorganización actual si tuviera que lidiar con Mao, Hitler o Stalin, al poder. Quizás sí hay un poder divino observándonos. 

Pero ahora que me desahogué, quiero intentar ser razonable y mostrar lo fácil que sería solucionar nuestros problemas permitiendo al Partido del Té y a la izquierda llevarse la victoria e irse a casa. Esto requiere 1) que sobrevivamos al ciclo electoral 2012, y 2) que los ganadores reconozcan que nuestras tasas y reglas actuales sobre el impuesto sobre el ingreso federal, Seguridad Social y Medicare, son accidentes políticos e históricos, y no una ley divina que El Señor entregó a Moisés en el Monte Sinaí. 

Necesitamos más trabajos, crecimiento, e ingresos fiscales. Dije más ingresos, no tasas más altas. Hay muchas propuestas que recortarían las tasas, eliminarían el impuesto mínimo alternativo, y ampliarían la base fiscal reduciendo drásticamente deducciones desglosadas. Sólo un tercio de los contribuyentes, sobre todo de altos ingresos, desglosan sus deducciones, así que sólo ellos se verían afectados. Esto nos ofrecería mayor ingreso fiscal de la gente de altos ingresos, pero tasas menores, lo que permitiría a la gente del Partido del Té llevarse la victoria. Hacer que el sistema sea justo sí es posible. 

Por el frente de la ayuda social, modificaríamos las fórmulas de Seguridad Social y Medicare, imponiendo costos más altos a los retirados de la punta más alta. Y para los fanáticos de la extrema derecha, los costos proyectados de estos programas caerían. Para los liberales, ellos podrían llevarse la victoria porque la gente vive más que al momento en el que se presentaron estos programas, y cobrarían más beneficios que los programados originalmente. 

Sí, la racionalidad está fuera de moda, y el fanatismo es la nueva normalidad. ¿Pero realmente queremos una vida nacional como la que hemos tenido en los últimos años? Los problemas de hoy son terribles, pero no se comparan con la Guerra Civil, la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Basta de drama. Yo voy a regresar a la playa a terminar mis vacaciones.

Este artículo forma parte del número del 5 de septiembre de 2011 de Fortune.

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