Europa se expone a enorme recesión

La crisis griega amenaza con derribar al continente entero, y aniquilar la débil recuperación en EU; las deudas de Italia y España reflejan la débil estructura de la región y la necesidad de reformas.
bandera europea  (Foto: AP)
Shawn Tully

A primera vista, Yiannis Boutaris parece un reformista de mercado libre poco común. El alcalde de 69 años de edad de Thessaloniki, la segunda ciudad más grande de Grecia, está lleno de tatuajes y se viste con prendas de piel. Boutaris era un empresario antes de entrar a la política, y aún es dueño de una de las vinaterías líderes del país. Como alcohólico en recuperación, ya no puede beber de su propia cosecha. Pero no es un político conservador: fue elegido originalmente por el consejo de la ciudad de Thessaloniki como miembro del Partido Comunista.  Incluso él llegó a un punto de quiebre con las fallas económicas de su país. "Los griegos tomaron prestado y consumieron sin control, y se volvieron completamente incompetentes en hacer cosas y ofrecer servicios como el turismo. Si queremos empezar un negocio, sería mejor hacerlo en Bulgaria", dijo. 

El alcalde frustrado está luchando por poner fin a políticas que bloquean a Thessaloniki, el centro industrial del norte de Grecia, pues debería ser un puerto para cruceros de todo el mundo, un lugar atractivo para retirados en Europa y un punto de tránsito hacia los Balcanes. Pero Boutaris está tomando las cosas en sus propias manos, amenazando con tomar un paso radical para privatizar el disfuncional negocio de recolección de desperdicios de la ciudad.

Este desastre que quiere resolver, y la enorme necesidad de tomar acciones, muestran los problemas que enfrenta Europa. Todos sabemos que el continente está atrapado en una creciente crisis de deuda. Comenzó en Grecia a principios de 2010, pero se esparció a Italia y España, países que son simplemente demasiado grandes como para rescatarlos. Al igual que Portugal e Irlanda, estos países sufren de enormes cargas de deuda y déficits que están generando deuda nueva, un legado de su gasto excesivo durante la última década. Hoy en día, los inversionistas temen que estos países tengan una falta de competitividad crónica; no pueden crecer lo suficientemente rápido para pagar los intereses futuros en esa deuda, por lo que los fondos de pensiones globales, aseguradoras y bancos están abandonando los bonos españoles e italianos, amenazando con llevar las tasas a niveles ruinosos

El creciente miedo de que esos bonos pierdan su valor, o incluso incurran en impago, está aterrando a los mercados financieros. La reciente caída en el precio de acciones de Estados Unidos y la volatilidad de locura giran en torno al contagio en Europa y a la degradación de la deuda nacional de Estados Unidos por parte de S&P. Se dice que los bancos franceses, que tienen miles de millones de euros en bonos italianos y españoles, podrían tener problemas para mantener las finanzas a corto plazo, que los mantienen a flote. 

Aunque los bancos europeos no enfrenten un colapso de liquidez, la caída en el valor de los bonos nacionales afectaría su capital, obligándolos a poner un alto a préstamos nuevos. La crisis crediticia llevaría a Europa a una recesión severa, la cual mataría la recuperación en Estados Unidos, pues la Unión Europea representa 21% de las exportaciones estadounidenses. Ya no se puede descartar un final apocalíptico, en la que una o más naciones débiles abandonen el euro causando suspensiones de pagos enormes y un colapso bancario en toda Europa. 

La verdad es que el crecimiento en Europa ya está reduciendo su paso y probablemente seguirá debilitándose, pues las tasas de interés serán mucho más altas que lo predicho, y los bancos, preocupados por sus niveles de capital, se negarán cada vez más a prestar. "Las tasas en préstamos corporativos y al consumidor dependen de lo que cuesta al Gobierno tomar prestado, y ese número crece rápido", dice Uri Dadush, economista en Carnegie Endowment. "Esta incertidumbre hace que las compañías teman hacer nuevas inversiones y contrataciones". 

La mayor parte de la crisis de deuda representa el enorme fracaso de la Unión Europea (UE) -sobre todo de la eurozona de 17 naciones- por cumplir lo prometido. El euro, lanzado en 1999, fue diseñado para unir a las naciones en un lazo económico más fuerte para que los miembros débiles, como Grecia e Italia, tomaran fuerza de sus socios prósperos y cerraran la brecha en crecimiento y productividad. 

Lo que fue considerado un logro de la UE, su apuesta por recrear a Europa como un igual de Estados Unidos y Asia, fracasó. En lugar de liberalizar sus mercados, países como Italia, España y Grecia mantuvieron sus peores prácticas anticompetitivas, como el apoyo a cárteles en ventas. Lo único que mantiene a la eurozona lejos del colapso es la voluntad de países ricos como Francia y, sobre todo, Alemania, para ofrecer grandes rescates, y del Banco Central Europeo (BCE) para seguir apoyando a los débiles. A mediados de agosto, el BCE accedió a comprar bonos españoles e italianos para liberar la presión en esos países. 

No se sabe cuánto tiempo durarán las medidas de emergencia, por lo que la crisis de deuda ha llevado a Europa a un punto de inflexión histórico. Ahora los gobiernos deben correr contra el reloj en un reto doble. Primero, los países con deuda necesitan cerrar rápido sus grandes déficits presupuestales para que la deuda no siga creciendo. Segundo, deben probar que pueden crecer lo suficientemente rápido para atender y disminuir la deuda actual. Se necesita una campaña difícil y veloz para modernizar sus economías con reformas de apertura de mercado, que debieron haber implementado hace décadas.

Los griegos están impresionados de que años de prosperidad se hayan vuelto un desastre tan rápido. "Reconocemos que Grecia está en bancarrota, y si no cambiamos, el juego se acaba", dice Barbara Vernicos, presidenta ejecutiva de la división de tiendas de Notos Com. Pero los griegos dudan de la capacidad de sus políticos para enfrentar sindicatos y cárteles, y lograr resultados. De no hacerlo, el país que inventó la democracia podría hundir a un continente entero en el caos.

De un país barato a un país costoso 

El sistema de Metro de Atenas fue creado a principios de 2000, entre la euforia por unirse a la eurozona. Aún es motivo de asombro: aunque los manifestantes se reúnen en el centro de Atenas y los taxistas se van a huelga, los pasajeros del Metro siguen su camino. Los vagones y las plataformas están inmaculadas, pues al entrar a la estación Syntagma Square, se percibe la calma de una iglesia. Desafortunadamente, el Metro es lo único que aún funciona en el país. 

Los problemas de Grecia como miembro de la eurozona se asemejan a los de España, Italia, y otras economías débiles: un boom de consumo que enmascaró grandes defectos en la economía, una pérdida sustancial de competitividad, y préstamos gubernamentales poco pensados que crearon la deuda de hoy. Cuando Grecia adoptó el euro, a principios de 2001, parecía estar generando ganancias inesperadas cuando las tasas de todo, desde autos hasta hipotecas, cayeron de 15% a finales de los 90 a cifras simples, parecidas a las de Alemania. El crédito de bajo costo desencadenó una explosión en el gasto del consumidor. Durante los siguientes siete años, la economía se expandió a una tasa anual fuerte de 4.2%.

Pero el gasto no aumentó la capacidad de Grecia para crear bienestar durable vendiendo bienes y servicios al resto del mundo. Los euros se dirigían a importaciones de autos alemanes y televisores franceses. Tanto el Gobierno como el sector privado aumentaron salarios y ayudaron a aumentar la inflación por encima del promedio en Francia y Alemania. "Los sueldos en Grecia se duplicaron en siete u ocho años. Grecia pasó de ser un país barato a uno muy costoso rápidamente", dice Tawfic Khoury, de Consolidated Contractors of Athens. Grecia exporta pescado, vegetales y equipo médico, pero estos productos perdieron terreno en Europa del norte y los Balcanes. El gran sector turístico fue particularmente afectado por los altos precios que hicieron que sus destinos fueran más costosos que Turquía o Túnez. 

Las altas tasas de crecimiento también limitaron los esfuerzos por reformar las regulaciones que afectaban la competencia en todo, desde farmacias hasta camiones. Y las bajas tasas de interés fomentaron el gasto público fuerte, que primero igualó y después superó al crecimiento de la economía. De 2001 a 2008, el empleo aumentó 15%. Uno de sus principales problemas, la evasión fiscal, aumentó desde mediados de la década del 2000, cuando el Gobierno conservador eliminó al conjunto de recaudadores fiscales conocidos como el contingente "Rambo". En 2008, la deuda pública aumentó a más de 110% del PIB, y siguió creciendo. 

Cuando la crisis crediticia azotó en 2008, la repentina caída de Grecia -que de ser una economía de rápido crecimiento comenzó a encogerse- imposibilitó pagar la deuda Olímpica. En mayo de 2010, el troika del Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo prestaron a Grecia el dinero para que siguiera operando, con un paquete de rescate de 160,000 millones de dólares. Pero no fue suficiente: el 21 de julio de 2011, el troika ofreció un paquete casi del mismo tamaño para apoyar a Grecia hasta mediados de 2013. Para entonces, como dicta el plan, Grecia implementará una lista draconiana de reformas que le permitirán comenzar a pagar su deuda. 

El plan de reforma se divide en reducir radicalmente los déficits y eliminar barreras para el verdadero libre comercio. En la primera, Grecia ha mostrado progreso bajo el mandato del primer ministro George Papandreou, reduciendo su déficit presupuestal de 15.5% en 2009 a 10.4% el año pasado, y apuntando a menos de 8% en 2011. Hasta ahora, Grecia no ha logrado mostrar su voluntad para deshacerse de las reglas que limitan su competencia.

El año pasado, el Gobierno griego aprobó una ley que renunciaba al requisito de contratar navegantes griegos para sus cruceros, pero exigió que éstos firmaran un contrato de garantía de tres años para llegar a sus destinos, y les cobró un fuerte impuesto para atender el cuidado a la salud y el fondo de desempleo de los marineros griegos.

"Las grandes líneas de cruceros internacionales están hablando de comenzar sus cruceros en Grecia. Nos vamos a deshacer de las restricciones y lograr que eso ocurra", dice el ministro de asuntos marítimos, Haris Pamboukis. Es difícil predecir si las nuevas reglas trabajarán en verdad. El problema es que incluso los pasos grandes hacia el libre comercio genuino no producirán los ingresos que necesita Grecia para atender su enorme deuda, que llegará al 172% del PIB en 2012, según el FMI. "Es imposible para cualquier país cargar una deuda tan grande", dice Miranda Xafa, ex miembro de la junta ejecutiva del FMI. Afortunadamente, Grecia se puede financiar dos años más en préstamos baratos del troika antes de enfrentar la reestructuración de la deuda. Pero esto debe ocurrir, y los tenedores de bonos necesitarán atravesar una pérdida sustancial. Se espera que para entonces, la crisis haya terminado, y los bancos europeos hayan absorbido el daño. 

Demasiado grande para ser rescatado 

Por otro lado, Italia y España, que implican un riesgo mayor a la eurozona, no tienen el lujo del tiempo. Las tasas en deuda nacional en Italia y España aumentaron a 6.3% a 10 años, hasta que el BCE intervino para reducirlas. La presión sobre las tasas podría causar una crisis bancaria, afectando el valor de los bonos. A diferencia de Grecia, Italia y España están pagando sus cuentas manteniendo bonos nuevos, y si las tasas se mantienen por encima de 6%, no cubrirán el interés en su deuda. La única opción sería un default catastrófico. 

Italia tiene el reto de una deuda de 2.7 billones de dólares, la tercera cifra más grande a nivel mundial, después de Estados Unidos y Japón. El país europeo tiene un déficit presupuestal relativamente pequeño del 4%, pero incluso si las tasas regresan a niveles como los de Alemania, Italia no crece lo suficientemente rápido para evitar que su deuda aumente.

En España, el problema no es la carga de deuda actual sino su futuro: tiene un enorme déficit presupuestal de 9.2%. El colapso de las viviendas después de la peor burbuja en Europa debilitó a los prestamistas, aumentando el miedo de la necesidad de rescates bancarios. El primer ministro, José Luis Rodriguez Zapatero, prometió reducir el déficit a 6% este año y seguir las mismas políticas de mercado libre que se están llevando a cabo en Italia y Grecia. 

La crisis en Italia y España expone la debilidad en la estructura de la Comunidad Europea. La UE no tiene un prestamista de última instancia, una institución con recursos virtualmente ilimitados que garanticen la supervivencia del euro. Hasta ahora, el BCE ha ido más allá de su mandato para mantener la estabilidad de los precios, con la mala cara que pone Alemania para pagar la mayor parte de los costos de la UE. Es una solución que no le encanta a Alemania, pero deberá apoyar si la única alternativa es el ‘Armagedón financiero'. 

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El mejor remedio está en las reformas rápidas que renuevan la confianza de los inversionistas, un cambio del gasto ilimitado y de la atrasada liberación de los mercados. Eso se supone que debió haber hecho la UE desde el principio, pero perdió la vista de lo básico cuando intentaba lograr objetivos supuestamente más elevados.

Hoy, una nueva especie, representada por el alcalde Boutaris, de Thessaloniki, está aprovechando el momento. "Aunque no lo crean, la crisis es de ayuda. Ni siquiera estaríamos hablando de estas reformas si no tuviéramos una experiencia cercana a la muerte", dijo. En esta tierra de cuentos míticos, es hora de que los nuevos héroes den un paso al frente.

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