Alemania debate si debe salvar a Europa

El país teutón se enfrenta a la decisión de si respaldar una deuda única, o salir de la zona euro; la nación ahora se ostenta como el pilar del crecimiento del bloque.
angela merkel  (Foto: Cortesía Fortune)
Shawn Tully

Alemania encara una decisión tremendamente difícil que podría determinar el futuro no sólo de la comunidad europea, sino de la economía mundial.

Ahora que la crisis de deuda en Europa se ha contagiado a países demasiado grandes para ser rescatados, Alemania debe decidir entre dos opciones, ambas sumamente desagradables: debe abandonar su terca resistencia a garantizar las deudas de sus atribulados socios europeos, con gran riesgo para sus propios contribuyentes; o puede evitar proteger a los débiles abandonando la zona euro. Eso detendría de súbito su maquinaria de crecimiento. La amenaza que ambas opciones suponen para una de las economías más grandes del mundo es un factor que influye en la turbulencia actual que viven los mercados mundiales. 

Este histórico dilema surgió hace apenas unas semanas, cuando los inversionistas atacaron los bonos soberanos de Italia y España, empujando las tasas a niveles que volvían insostenibles sus enormes deudas -en el caso de Italia- y sus gigantescos déficits -en el caso de España.

El Banco Central Europeo (BCE) salió al rescate, reduciendo las tasas mediante compras semanales de sus bonos soberanos por valor de 10,000 millones de dólares (mdd). El BCE ha dejado claro que esas compras serán de corta duración. Así que la Unión Europea ha duplicado el monto de su Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, el fondo de rescate que auxilia a Grecia, Portugal e Irlanda, que ahora asciende a 620,000 millones de dólares, y ha ampliado a su vez los estatutos de dicho fondo para permitir la compra de bonos gubernamentales en el mercado abierto.

Pero a pesar de haber sido incrementado, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera no contará ni remotamente con los recursos necesarios para salvar a Italia y España si los inversionistas continúan atacando sus bonos de deuda, una posibilidad muy real. La única solución a largo plazo, el remedio que tranquilizaría a los mercados asegurando la supervivencia del euro, es un nuevo tipo de títulos respaldados por los 17 países de la zona euro: los eurobonos. Estos bonos denominados en euros podrían emitirse para financiar una porción fija de la deuda de cada nación. Por ejemplo, bajo ese régimen, Grecia, Irlanda o Francia podrían cubrir 50% del total de sus empréstitos con eurobonos totalmente seguros, y la otra mitad de su deuda se saldaría con sus propios títulos del Estado.

Dado que los costos totales de los intereses de los préstamos descenderían gracias a las bajas tasas de los eurobonos, la presión sobre sus presupuestos disminuiría. Por lo que los títulos emitidos por cada país, distintos a los eurobonos, serían más seguros que ahora. 

Pero hasta hoy, Alemania se opone rotundamente a la solución de los eurobonos. Es probable que las naciones garantizaran esos bonos en proporción a su ingreso nacional. Y dado que Alemania representa 40% del PIB de la eurozona, sus ciudadanos sufrirían mayores incrementos impositivos para cubrir los defaults de países que, como apunta la canciller Angela Merkel, provocaron sus propios problemas gastando y endeudándose irresponsablemente. 

A menos de que Alemania cambie su postura, la eurozona se disolverá. No está claro cómo ocurrirá la escisión. Los países del sur quizá restituyan sus propias divisas, dejando al grupo del norte (conformado por Alemania, Austria, Finlandia, los Países Bajos y posiblemente Francia) en una reducida zona euro. O, Alemania podría seguir su propio camino, reemplazando al euro con un marco renovado y ahorrarse así el inconveniente de los rescates ampliamente impopulares.

Para Alemania, el costo de cualquiera de estos dos escenarios es enorme. El país germano se ha beneficiado grandemente del euro. "Su productividad ha registrado incrementos más rápidos que los de sus vecinos. Con el tiempo, sus exportaciones se han vuelto cada vez más competitivas", sostiene Robert Aliber, reconocido economista internacional. 

En efecto, el euro hizo que los productos alemanes fueran artificialmente baratos para el mercado mundial, motivando que los productos de las economías más débiles como Italia, Portugal y Grecia resultaran excesivamente costosos. La ventaja que da una divisa ‘débil', comparada con el antiguo marco alemán, también le permitió a Alemania elevar sus ventas en China y en otros países asiáticos deseosos de sus automóviles y de su maquinaria.  

La zona euro trajo grandes superávits para Alemania, y grandes déficits para sus vecinos del sur. Si la zona se divide, los tipos de cambio para las monedas de Italia, España y Grecia caerán considerablemente, disminuyendo sus precios y aumentando las ventas de sus exportaciones, al tiempo que ocurrirá lo opuesto con sus importaciones. Sus déficits (y la demanda por bienes alemanes) caerían. Alemania sufriría el efecto inverso. Su nuevo marco se apreciaría frente a las divisas de sus socios comerciales, por lo que sus autos y su maquinaria serían más caros para el mundo. Asia tendría una razón más para construir su propia maquinaria.

De la noche a la mañana, Alemania perdería su estatus como conquistador de los mercados mundiales. Pronto se evaporaría su enorme superávit comercial, la fuente de su prosperidad. 

"Una vez que desaparezcan los superávits de Alemania, el país caería en una recesión severa", explica el prominente economista griego Yanis Varoufakis. El éxito que ha tenido Alemania en la década pasada al ser altamente competitiva no se debe solamente a su divisa relativamente barata, sino a que ha limitado el incremento de los salarios. Pero esa política creó un ejército de trabajadores pobres, gente que incluso con empleo califica para pagos de asistencia social porque sus sueldos son muy bajos. "Para recuperar la competitividad una vez que su moneda se revalore, las compañías teutonas tendrán que reducir costos despidiendo personal. Al abandonar el euro correría el riesgo de convertir a sus trabajadores pobres en desempleados", advierte Varoufakis.

Con toda seguridad, Merkel está muy consciente del precio de aferrarse a sus principios. Por ende, el resultado más probable será el siguiente: El BCE y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera no podrán mantener las tasas bajas por mucho tiempo. Llegará el momento de reflexionar a fondo, y Alemania hará una enorme e histórica concesión para proteger a la zona euro, el sistema que tanto la ha enriquecido y que, pese a sus grandes ambiciones, no hizo nada para mejorar el desempeño de los socios débiles que ahora buscan su ayuda desesperadamente.

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