EU: cuidado con la crisis laboral

Desde la Segunda Guerra Mundial no había sido tan alto el número de desempleados por más de un año; detrás de esta crisis hay mucho dinero desperdiciado en subsidios y en capacitaciones ineficientes.
desempleados EU  (Foto: CNN)
Nina Easton

Si les resulta familiar la actual campaña de Barack Obama para combatir la crisis del empleo, hay razones. El mandatario estadounidense se ha referido al empleo en más de 200 ocasiones desde que asumió el cargo. Firmó un paquete de estímulo por 820,000 millones de dólares (mdd) para comprar empleos -principalmente en el sector público, y después aprobó otro paquete por 18,000 millones de dólares para impulsar el empleo a través de fondos para la construcción e incentivos para la contratación en las pequeñas empresas. Desapareció la Junta de Asesores para la Recuperación Económica, liderada por Paul Volcker, y la sustituyó con el muy promocionado Consejo para el Empleo y la Competitividad, presidido por Jeffrey Immelt.

Poco se ha logrado. En los 26 meses posteriores al pico que superó por primera vez la marca del 9% en la tasa de desempleo del país, ésta apenas ha retrocedido dos veces. El desempleo a largo plazo es especialmente siniestro: Narayana Kocherlakota, presidente de la Reserva Federal de Minneapolis, dice que no hay precedentes en la historia de Estados Unidos, posterior a la Segunda Guerra Mundial, en que una proporción semejante de la población esté desempleada durante más de un año. Entre tanto, se cocina una crisis cultural silenciosa: uno de cada cinco hombres estadounidenses ha dejado de recibir un sueldo, y en su lugar recibe un subsidio por desempleo o por incapacidad, ayuda de amigos y familiares y, en algunos casos, ingresos que provienen de actividades ilícitas. 

El gabinete de Obama se resiste a aprobar una reforma fiscal que reduzca los impuestos para estimular el crecimiento, en la que insisten los líderes empresariales para incrementar su confianza e invertir sus ganancias en ampliar la fuerza laboral. Pero eso es sólo parte del problema. En cualquier conversación sobre el empleo, hay verdades difíciles (y con frecuencia políticamente inaceptables) que los líderes demócratas y republicanos deben enfrentar primero sobre el estado de la maltrecha fuerza laboral del país: 

- Lograr que los desempleados vuelvan a trabajar no es una cuestión que sólo ataña al crecimiento económico. Actualmente hay 6.2 millones de estadounidenses (más del 44% de los desempleados) que han estado sin trabajo por más de un año. Estas son personas cuyas aptitudes se han oxidado en esta vertiginosa economía global, a las que se les suman los veinteañeros que todavía no han desarrollado el hábito del trabajo. Corremos el riesgo de perder a una generación de hombres y mujeres que no serán capaces de conseguir un empleo satisfactorio nunca. 

- Washington gasta más de 18,000 millones de dólares al año en 47 programas de capacitación diferentes, organizados por nueve agencias distintas. ¿Qué hemos logrado con toda esa burocracia y dinero? Empleadores que se quejan de no encontrar trabajadores calificados, incluso en este mercado (la queja se da a razón de uno de cada tres patrones, según un estudio reciente del McKinsey Global Institute). Cerca de 3 millones de vacantes laborales en el país no han sido cubiertas. Hay una gran desconexión entre las habilidades que necesitan los empleadores y las que ofrecen los trabajadores que estuvieron desempleados, y las empresas no están haciendo lo suficiente para proveer la capacitación que cierre esa brecha. Como bien lo dijo Nicholas Pinchuk, CEO de Snap-On Inc. "Las empresas tienen que entrar a esa palestra y definirla".

- Los subsidios, diseñados para proteger a las personas atribuladas, contribuyen a su desempleo a largo plazo, y por ende perjudican sus perspectivas laborales. Un estudio elaborado por la Reserva Federal de Chicago sugiere que las personas regresan al mundo laboral cuando el seguro por desempleo se les termina. De hecho, algunos estudios indican que un punto porcentual de la tasa actual de desempleo puede atribuirse a las personas que se aprovechan de los beneficios que les permiten cobrar cheques de ayuda por casi dos años. El programa para discapacitados de la seguridad social, concebido para las personas que padecen enfermedades crónicas, se está transformando en una nueva forma de dependencia a la asistencia social que desalienta a las personas a encontrar trabajo.

- No estamos en 1982, cuando el desempleo se ubicaba en 10.8%, un nivel ligeramente superior al registrado en el pico de la Gran Recesión en octubre de 2009. No hay señales de cielos soleados para Estados Unidos. Todos los indicadores apuntan a que la gente seguirá luchando por la falta de empleo durante largos periodos de tiempo (lo que deja una marca más profunda e indeleble en la psique de la nación). Investigaciones recientes muestran que las compañías estadounidenses enfrentarán escasez de talento dentro de 10 años, mientras que un número cada vez mayor de adolescentes abandona la escuela y millones de adultos, alguna vez talentosos, están desempleados. 

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¿Significa eso que nosotros, como sociedad, hemos abandonado a millones de valiosos estadounidenses? ¿Es esa una pregunta que algún líder político quiera responder?

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 5 de septiembre.

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