Una idea radical para salvar la eurozona

Los líderes europeos podrían salvar a Grecia con un plan de rescate lo suficientemente grande; a cambio, tomarían una tajada de su crecimiento, propone el economista Kenneth Rogoff.
eurozona bandera grecia crisis deuda  (Foto: Thinkstock)
Nin-Hai Tseng
FORTUNE -

Después de una serie de esfuerzos para evitar que la actual crisis de deuda europea se convierta en un desastre financiero a nivel mundial, parece que poco se ha calmado a los inversores: Grecia, Portugal e Irlanda están en el borde. Italia y España podrían ser los próximos. Y aunque las economías de Alemania y Francia están yendo bien por ahora, incluso los países sanos están mostrando signos de debilidad.

La noche del martes pasado, legisladores en Atenas aprobaron un impuesto a la propiedad enormemente impopular, como parte de un paquete de recortes para asegurar los fondos para un paquete de rescate. Las autoridades también están trabajando para constituir un fondo que facilite préstamos a bajo costo para países de la Unión Europea en problemas.

Pero incluso con los nuevos poderes concedidos al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), todavía es incierto cuán efectivos podrán ser. Los inversionistas siguen preocupados por que el fondo, establecido el año pasado, no vaya a tener el dinero suficiente, si economías más grandes como España o Italia necesitan urgentemente una línea de rescate.

Los políticos pueden no estar buscando ideas audaces en este punto, pero los mercados ciertamente lo están, a medida que la crisis de deuda en Europa amenaza con sumir al mundo en otra recesión profunda.

Como el economista en jefe de Gluskin Sheff & Associates, David Rosenberg, escribió antes de la votación del martes: los mercados quieren "enormes cantidades de dinero arrojadas sobre el problema, independientemente de quién pague (¡siempre y cuando no sean los bancos los que conserven la deuda".

Una solución es dar a Grecia un rescate mucho más grande a cambio de mayores pagos, una vez que su economía altamente endeudada empiece a sanar y crecer, como el economista de Harvard Kenneth Rogoff ha sugerido.

La idea es análoga a lo que él cree que podría ayudar a reparar el mercado inmobiliario de Estados Unidos. Así como los propietarios de viviendas pueden recibir una reducción del valor de sus hipotecas en negativo a cambio de derechos sobre un porcentaje de la apreciación futura de sus hogares, los países ricos en Europa podrían aceptar un rescate mucho más grande de Grecia (uno, como Rogoff dice, que sea "lo suficientemente grande como para funcionar"), a cambio de mayores pagos más adelante, si su economía se supera.

De esta manera, tanto el prestatario como el prestamista tendrían interés en ver que el acuerdo tenga éxito. Y quizás lo más importante: nadie está realmente consiguiendo un viaje gratis, al menos en principio.

En el caso del mercado inmobiliario de Estados Unidos, esto potencialmente significaría una victoria no sólo para los propietarios que deben más por sus hogares de lo que valen sus propiedades, sino también una victoria para los prestamistas e inversionistas, que eventualmente recibirían un pago por dar alivio a los prestatarios. De la misma forma, los muy endeudados países periféricos de Europa recibirían un alivio significativo en los pagos de su deuda. Una vez que estas economías crezcan a un ritmo más saludable (digamos en 10 a 15 años a partir de ahora) los contribuyentes devolverían el dinero a los países ricos, a través de una porción de sus ganancias del PIB.

Rogoff no ha desarrollado la idea mucho más allá de esto, pero es casi seguro que un proyecto así incluiría aliviar las medidas de austeridad que el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional han impuesto a Grecia con el fin de asegurar su dinero del rescate. Estas medidas han creado un arma de doble filo para Grecia, ya que no puede devolver los préstamos si no puede crecer.

Es cierto, tiene sentido para una nación con enormes deudas recortar el gasto. Sin embargo, el despido de miles de trabajadores y el aumento de los impuestos ha demostrado ser devastador en la economía griega. El PIB se ha reducido más de lo que se esperaba, cayendo 6% en 2010 y 7.3% durante los tres meses terminados en junio. Un nuevo descenso en el crecimiento podría causar que Grecia falle en sus objetivos de ingresos, e incluso busque más rescates, por lo cual el mercado está apostando a la probabilidad de que Grecia eventualmente caiga en impago.

Los bonos griegos se han desplomado, poniendo el riesgo de incumplimiento en más del 90%, según Bloomberg. Las notas a dos años rinden más del 70%.

Ahora, de vuelta a la idea de Rogoff de dar a Grecia lo que sería esencialmente un préstamo a largo plazo con pagos pospuestos: tiene sus inconvenientes. Los políticos probablemente irían en contra de ella, al menos hoy en día. Alemania está claramente harta y resiente el tener que ser el banquero de último recurso de Europa. Y a pesar de que Alemania podría obtener beneficios sustanciales por la financiación de grandes operaciones de rescate, esto podría fácilmente ser visto como países ricos dando limosnas a países pobres que irresponsablemente gastan por encima de sus posibilidades.

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Sin embargo, el problema no es sólo lograr que los países ricos participen, dice Alan Deardorff, decano asociado de la Escuela de Políticas Públicas Gerald R. Ford, de la Universidad de Michigan. Grecia necesita un incentivo para estar de acuerdo en lo que, en esencia, sería crear un impuesto sobre cualquier aumento de los ingresos. En efecto, toda cuota sobre el futuro crecimiento del PIB tendría que ser limitada a un cierto porcentaje para que Grecia tuviera un incentivo para hacer crecer su economía. Y el crecimiento, al menos en el largo plazo, dependería en gran medida de profundas reformas estructurales en la economía del Estado.

No obstante, si la idea de Rogoff no es políticamente factible hoy en día, es al menos intelectualmente atractiva. Y algo que tal vez valga la pena considerar más adelante.

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