Moratoria griega... cuestión de tiempo

No importa a cuánta austeridad recurra, el país no podrá pagar a sus acreedores, según IHS Global; el principal reto de Grecia es aumentar su competitividad, aunque para ello requiera ayuda externa.
Gobierno Atenas  (Foto: CNN)

Lo que alguna vez fuera impensable, hoy es ampliamente anticipado: Grecia se encamina hacia la suspensión de pagos o default.

Ante la probabilidad del evento, la pregunta ahora es cuándo caerá en el incumplimiento de sus compromisos financieros. El momento es importante porque las autoridades europeas están intentando construir un muro de defensa que proteja a los bancos y a otros países de la eurozona de las secuelas de un default griego. 

El primer paso es reformar el fondo de rescate existente para Europa, una medida que se prevé será aprobada oficialmente por todas las 17 naciones del bloque al término de octubre. El objetivo, explican los analistas, es crear las condiciones para que Grecia incumpla sus pagos de una forma organizada (un default organizado), en lugar de caer en un colapso abrupto que pueda provocar el caos en los mercados financieros mundiales.

Las autoridades de la zona euro han dicho repetidamente que Grecia cumplirá con sus obligaciones y evitará caer en la morosidad. Pero la inevitabilidad del impago heleno se ha convertido en una creencia generalizada en los círculos financieros. 

"El nivel de endeudamiento de Grecia es insostenible. No importa a cuánta austeridad recurra,  no serán capaces de pagar a sus acreedores. En algún momento caerán en default", indica Farid Abolfathi, director del Risk Center de la firma IHS Global. 

El argumento es que Grecia debe más dinero del que puede pagar, considerando que su economía ha estado en recesión por varios años y que no hay esperanzas de una pronta recuperación. 

En los últimos quince meses, Grecia se ha mantenido a flote gracias a los miles de millones de euros provenientes del rescate entregado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus ‘socios' europeos. Pero la nación ha tenido poco éxito al ejecutar dolorosas reformas necesarias para reducir su déficit presupuestario, y todavía está en proceso de reestructurar su abultado sector público. 

El Gobierno de Atenas reveló el fin de semana pasado que no alcanzará sus objetivos presupuestarios este año ni el próximo, citando un entorno económico peor al esperado. La situación deficitaria que arrastra ha complicado las tensas negociaciones políticas en torno al más reciente tramo de 8,000 millones de euros (mde) del fondo de emergencia de 110,000 mde que se le otorgó a Grecia el año pasado. 

La razón es que los países que han aportado el dinero del rescate están teniendo dificultades para convencer a los contribuyentes de que ayudar a Grecia es absolutamente necesario. Hay poca disposición política en lugares como Alemania, Austria y Finlandia para suscribir un compromiso que ayude a un país que no gestionó sus finanzas con responsabilidad.  

Al mismo tiempo, la evidencia sugiere que las reformas que Grecia debe implementar a cambio del rescate sólo servirán para hundir más su economía en la recesión. 

El país heleno también enfrenta una violenta reacción política bajo la forma de protestas y huelgas en Atenas. Este mismo miércoles el país vive una huelga general de 24 horas. Esa incertidumbre, por lo demás, ha originado cuestionamientos en torno al plan de otorgarle un segundo paquete de rescate por 109,000 millones de euros.   

"La discusión sobre un segundo rescate a Grecia podría fácilmente convertirse en un debate sobre un default ordenado", advierte Holger Schmieding, jefe economista del Berenberg Bank. "La discusión posiblemente comience a mitad de octubre y culmine antes de que el próximo tramo (de rescate) se pague en diciembre", agrega.

Como parte del segundo rescate propuesto, tanto bancos como inversionistas del sector privado han aceptado asumir una quita o reducción del 21% sobre el valor nominal de los bonos griegos en su poder. 

Sin embargo, hoy se especula que los tenedores de bonos quizás deban aceptar una quita de hasta el 50% para que Grecia pueda recuperarse. Eso representaría una importante pérdida para el sector bancario europeo, que ya es percibido como deplorablemente descapitalizado. 

La amenaza de una crisis bancaria es una de las numerosas razones por las cuales los políticos de la eurozona han prometido hacer todo lo posible para impedir un default de Grecia. Además, esos mismos políticos temen que un impago caótico detone un contagio de deuda que socave a otras economías más grandes, como la de Italia.

Se espera que los gobiernos de la zona euro aprueben de forma unánime los cambios al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera al término de octubre. El fondo de rescate reformado tendrá mayor flexibilidad para intervenir en los mercados de deuda soberana y para proporcionar financiamiento a los bancos con problemas. No obstante, muchos analistas opinan que los gobiernos deberán aportar más dinero para que el fondo de 440,000 millones de euros sea efectivo. Las autoridades del bloque han dicho, por su parte, que trabajan para "mejorar" la capacidad de préstamo del fondo, pero han descartado un aumento en la dotación del fondo. 

"En algún punto tendrán que inyectarle el dinero que se requiere. Se necesita un fondo grande y creíble para que los mercados no apuesten contra estos países y bancos", señala Abolfathi de IHS Global. 

Entre tanto, aún hay serios interrogantes sobre lo que significaría un cese de pagos de Grecia. Ninguna nación europea ha caído en impago, y los analistas creen que no puede descartarse una fractura en el bloque que comparte la misma divisa desde hace 12 años. 

Tampoco está claro qué puede hacer Grecia para estimular su competitividad económica luego de que incurra en impago. Una recuperación promovida por el Gobierno parece poco probable, dado que Grecia tendría dificultades para pedir prestado en el mercado público. Incluso después de un default, la nación podría depender de la ayuda extranjera en los próximos años.

 

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