La caridad, el ‘enemigo’ de China

Regalar su riqueza es un tema polémico para los chinos, como pudieron comprobar Gates y Buffett; además de los valores culturales, existe desconfianza hacia las organizaciones sin fines de lucro.
vagabundo  (Foto: ThinkStock)

El año pasado, Warren Buffett y Bill Gates visitaron Pekín por lo que -creían- sería la menos polémica de las razones. Habían acordado tener una cena privada con un grupo de empresarios chinos ricos y exitosos para hablar con ellos sobre un tema que parece inofensivo: la filantropía. La blogósfera china se enteró de la cena y estalló en comentarios. "Y no todos ellos eran positivos", reconoce Peter Buffett.

Eso es decir poco. El tema de la gente adinerada regalando su dinero a la caridad puede no ser controversial en Estados Unidos, pero en China lo es. De hecho, dice Peter, cuando él va a China para presentarse y hablar con grupos de estudiantes y jóvenes profesionales, "el tema de la riqueza de segunda generación siempre surge. Siempre quieren hablar de ello".

Hay dos razones por las que la filantropía saca de quicio a la gente en China. En primer lugar, un buen número de gente rica en ese país cree que regalar la riqueza es la antítesis de los valores chinos, que destacan a la familia por encima de todo. Es por eso que algunos chinos se enojaron cuando se enteraron (equivocadamente) que Buffett y Gates venían a decirle a los millonarios que regalaran su fortuna. Muchos jóvenes chinos se quedaron atónitos cuando Buffett dijo que estaba dando la mayor parte de su fortuna a la Fundación Gates.

Pero la segunda razón por la que los ricos en China no han estado apresurándose a donar más de su dinero, sobre todo este año, es menos obvia: las fundaciones de beneficencia en China están señaladas por el ‘tufo' -y a veces más que eso- de la corrupción. Las tarifas por gestión que deben pagar las organizaciones de caridad en China son, a menudo, de hasta un 10% de las donaciones recolectadas, en comparación con alrededor del 3% en Occidente. A principios de este año, la simple fotografía de una joven identificada como gerente de la Cruz Roja en China provocó un frenesí en la blogósfera. ¿La razón? La foto la mostraba conduciendo su auto de lujo y llevando un bolso Hermès.

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La agencia insiste en que la mujer en cuestión realmente no trabaja en la Cruz Roja de China (ella era la novia de lo que la agencia misteriosamente llamó un "socio de negocios"). Los desmentidos no importaron. Las donaciones a la Cruz Roja en China en el primer semestre del 2011 cayeron en picada y, según algunos reportes de la prensa china, afectaron negativamente al sector de la beneficencia en su conjunto.

Eso señaló la falta de confianza que existe hacia el sector de la beneficencia en China. Varios prominentes filántropos y hombres de negocios chinos -liderados por Cao Dewang, propietario de una de las mayores empresas de fabricación de vidrio en China- han insistido públicamente en que las organizaciones benéficas nacionales a las que donan deben ser más transparentes y rentables. "Esto no tiene nada que ver con los valores, occidentales o chinos", ha dicho Cao. "Aumentar la caridad en China es ahora una cuestión de confianza".

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