¿Necesita EU una renovación cívica?

En su nuevo libro, el economista Jeffrey Sachs señala los vicios económicos y sociales de ese país; en ‘The price of civilization’, el renombrado autor hace un llamado a la acción ciudadana en EU.
democracia estados unidos economia  (Foto: Thinkstock)

La columna Weekly Read presenta las visiones del personal y colaboradores de Fortune sobre libros de reciente publicación sobre el mundo de los negocios y más. Hemos invitado a toda la familia de Fortune -desde nuestros escritores y editores hasta nuestros editores y diseñadores de fotos- a que sopesen libros de su elección con base en sus gustos personales o curiosidades. En esta entrega, el colaborador Richard McGill Murphy hace una reseña de The price of civilization: Reawakening american virtue and prosperity, del renombrado economista Jeffrey Sachs.

"Érase una vez que nuestros líderes eran honestos y valientes, y la República florecía. Pero hoy en día las virtudes de los padres fundadores han dado paso a la corrupción. La República está experimentando inestabilidad política y económica. Algunos incluso sostienen que ha entrado en su fase terminal y que pronto será suplantada por los advenedizos rivales de Oriente. Si desean evitar este destino oscuro, los ciudadanos de la República deben redescubrir su antigua virtud".

Jeffrey Sachs no inventó esta línea de argumentación -el crédito es para Marco Tulio Cicerón (106-43 aC), el malhumorado estadista y orador que fue testigo de los últimos días de la República romana y su transición a un imperio bajo Julio César. Pero Sachs la reproduce con buenos resultados en su último libro, The price of civilization (El precio de la civilización). Sachs comenzó su carrera como un macroeconomista trotamundos que ayudó a Rusia y varios de sus antiguos satélites a manejar sus diversas y problemáticas transiciones del comunismo al sistema de mercado. Más tarde cambió su atención hacia la pobreza en el mundo en desarrollo, publicando best-sellers como The end of poverty (El fin de la pobreza), en el que sostenía que la pobreza extrema podría ser erradicada de nuestras vidas a través de dosis sustanciales de ayuda extranjera dirigida a las reformas médicas, agrícolas y educativas, junto con los microcréditos y otras innovaciones financieras. En la actualidad, dirige el Earth Institute de la Universidad de Columbia, donde imparte cursos sobre el desarrollo sustentable y las políticas de salud. Y aún viaja por el mundo, ofreciendo consejos sobre la globalización y el desarrollo a todos, desde Bono hasta el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

En su nuevo libro, Sachs vuelve su mente ágil hacia Estados Unidos y encuentra un desastre grande y gordo - literalmente-. A decir de Sachs, los estadounidenses se han vuelto obesos, ignorantes y apáticos. Sus escuelas se están derrumbando, su infraestructura está en ruinas, sus grandes empresas son egoístas y depredadoras. Sus políticos han sido completamente corrompidos por el poder y el dinero, y viven principalmente para servir a los intereses de sus clientes ricos. Además, ven demasiada televisión. "Estados Unidos ha desarrollado la sociedad de mercado más competitiva del mundo, pero ha dilapidado su virtud cívica en el camino", escribe. "Sin la restauración de una ética de la responsabilidad social, no puede haber una recuperación económica significativa y sostenida".

Aunque los ciudadanos comunes tienen una parte de culpa por los males de Estados Unidos, Sachs enfoca la mayor parte de su ira contra sus dirigentes y las corporaciones super-ricas y los plutócratas que supuestamente controlan sus hilos. Es un poco extraño ver a un tecnócrata intelectual y asistente frecuenteme de Davos como Sachs hallar una causa común con el Partido del Té, por un lado y con los manifestantes de Wall Street por el otro, pero ahí está: este miembro acreditado de la élite internacional claramente comparte la ira anti-elitista que se ha convertido en una característica tan prominente del discurso público en Estados Unidos en los últimos años.

Sachs acumula una montaña de pruebas, muchas de ellas familiares, para apoyar su caso. Señala las dramáticas disparidades de riqueza en la sociedad estadounidense, y rastrea sus huellas hasta la tendencia de hace 30 años de fervor anti-impuestos y pro-mercado, que se inició con la famosa declaración de Ronald Reagan de que el Gobierno era el problema, no la solución a nuestros problemas. También cita las tendencias demográficas: En las últimas décadas, los estadounidenses se separan cada vez más entre ellos mismos por clase y etnia, lo cual está bien si vives en un suburbio rico, con buenas escuelas, pero terrible para las perspectivas futuras de cualquiera que haya nacido en la rápidamente creciente subclase estadounidense. Esto a su vez es un mal presagio para la competitividad de la economía estadounidense, al crear generaciones enteras de jóvenes que carecen de las habilidades necesarias para tener éxito en una economía ferozmente competitiva y vez más globalizada.

En otra parte de su ágil jeremiada, Sachs lamenta la acogedora cultura de puertas giratorias de Washington, donde los políticos a menudo se convierten en grupos de presión después de que dejan el cargo, usualmente representando los ricos intereses corporativos que financiaron sus campañas. Y es en parte culpa de los ciudadanos que los zorros estén dirigiendo el gallinero, porque los estadounidenses han crecido peligrosamente desconectados de la vida cívica. Sachs cita el influyente libro del 2000 del sociólogo Robert Putnam, Bowling Alone para evocar una sociedad alienada de habitantes de los suburbios que ven televisión solos mientras son estafados por los malhechores modernos de gran riqueza.

Aunque Sachs pide mayores impuestos a los ricos, difícilmente es un doctrinario del gran gobierno liberal. Durante su trabajo en Europa del Este fue criticado a menudo por poner demasiada fe en el libre mercado, una actitud que sin duda ayudó a alimentar el capitalismo de compinches cleptocráticos de la Rusia post-soviética. En este libro, se enfoca más en los límites del capitalismo de mercado, invocando la visión de Paul Samuelson de los mercados eficientes complementados por un gobierno activista. Él escribe: "El mercado por sí solo no está preparado para lograr el triple balance de eficiencia, equidad y sustentabilidad. El sistema de mercado debe ser complementado con instituciones gubernamentales que logren tres cosas: Proveer bienes públicos como infraestructura, investigación científica y regulación del mercado; garantizar la equidad básica de la distribución del ingreso y la ayuda a largo plazo para que los pobres escapen de la pobreza; y promover la sustentabilidad de los frágiles recursos de la tierra para el beneficio de las generaciones futuras".

Algunos de los razonamientos de Sachs son más convincentes que otros. Plantea el conocido argumento de que las corporaciones de medios de comunicación han empeorado la situación cívica en Estados Unidos en su incesante búsqueda de audiencias, al promover ruidosos extremistas de derecha e izquierda, ignorando al círculo más moderado y tranquilo. Sin embargo, ignora el hecho de que los medios de comunicación corporativos han ido perdiendo reconocimiento de marca e ingresos ante Internet, donde cualquier persona con un teclado y una conexión de banda ancha puede transmitir noticias y análisis al resto del mundo. El extremismo ideológico y la intolerancia que denuncia Sachs están floreciendo en la igualitaria y ampliamente no corporativa blogósfera, que a menudo hace que Fox News y MSNBC luzcan como la CBS de Walter Cronkite. En este caso al menos, no es del todo claro que los cínicos plutócratas corporativos cínicos estén realmente conduciendo el autobús como Sachs nos quiere hacer creer.

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A veces Sachs se contradice. Al principio del libro, compara la desigualdad de ingresos de la América moderna a los "excesos llamativos" de la Edad Dorada estadounidense. Más tarde, cita, La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber como evidencia de que los primeros capitalistas modernos eran mejores que sus contrapartes modernos egoístas y codiciosos porque creían en diferir la gratificación inmediata, en ahorrar para tiempos peores, y en el uso de su riqueza para ayudar a los menos afortunados. ¿Cuál elige, profesor? Hay verdad en ambas perspectivas, por supuesto: la edad dorada fue sin duda un momento de desdichados excesos, sin embargo, los barones ladrones, como Andrew Carnegie y John D. Rockefeller también enriquecieron a la sociedad estadounidense a través de una filantropía sabia a escala masiva. Pero Sachs no hace ningún esfuerzo para resolver la contradicción, simplemente evoca dos realidades alternas para apoyar las diferentes etapas de su argumento.

Sin embargo, esto son nimiedades. Al final del día, Sachs ha producido un llamado elocuente a una renovación cívica de Estados Unidos basada en la moderación, la compasión y la cooperación a través de las líneas de clase, etnia e ideología. Aunque ninguna persona razonable estaría en desacuerdo, es menos claro cómo se supone que la gran renovación tendrá lugar. El registro histórico no es especialmente alentador en este punto. Después de todo, pocos romanos escucharon el llamado de Cicerón para un regreso a la antigua virtud republicana. El mismo Cicerón fue finalmente condenado a muerte bajo las órdenes de Marco Antonio, quien al parecer resentía sus ataques contra la facción autocrática cesárea en la política romana. Sachs, por otro lado, probablemente venderá un montón de libros y pasará más tiempo en el show de Charlie Rose, predicando para otros inteligentes, bien intencionados centristas. El resto del país haría bien en sintonizar.

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