Crisis en Europa puede ‘arrastrar’ a EU

Las exportaciones, inversiones y el gasto en ese país saldrían muy dañados por una recesión europea; la Fed, el BCE y el FMI deben garantizar los recursos que necesita el bloque para librar su crisis.
banco-central-europeo-bce-AP.jpg  (Foto: AP)
Douglas J. Elliott*

La crisis de deuda que vive Europa es sumamente preocupante. Si la región se ve sacudida por una serie de defaults de naciones que no pueden pagar su deuda gubernamental, estoy convencido de que se hundiría en una grave recesión.

Esa recesión detonaría, a su vez, otra en Estados Unidos, si bien menos severa, pues hay numerosos vínculos que cruzan el océano Atlántico.  

Comercio: En 2010, las exportaciones estadounidenses a la Unión Europea ascendieron a cerca de 400,000 millones de dólares (mdd). Deberíamos esperar una reducción significativa en este intercambio si Europa entra en una profunda recesión.

Al mismo tiempo, las empresas europeas muy posiblemente aumentarían su cuota de mercado a costa de las ventas y los empleos estadounidenses si el euro llegara a depreciarse y fuera más difícil vender dentro de la eurozona, lo que impulsaría más sus exportaciones.

Los países de mercados emergentes -como China- también exportan grandes cantidades de bienes a Europa; este escenario ralentizaría su crecimiento considerablemente. Por tanto, las exportaciones estadounidenses a esos países también se resentirían.

Inversión: Las firmas estadounidenses tienen cerca de un billón de dólares en inversiones directas en la Unión Europea. Las ganancias de esas operaciones disminuirían notablemente. Asimismo, las inversiones en otras naciones se verían atrapadas en el mismo declive económico sincronizado. 

Flujos financieros: Los bancos estadounidenses y sus subsidiarias tienen 2.7 billones de dólares en préstamos y otros compromisos con los gobiernos de la eurozona, sus bancos y sus corporaciones. Y aproximadamente otros dos billones de dólares más expuestos a Reino Unido. 

Las aseguradoras estadounidenses, así como los fondos mutuos, fondos de pensiones y otras entidades también tienen grandes cantidades comprometidas en Europa. 

Las pérdidas por impagos revertirían el progreso que hemos hecho para recuperarnos de la crisis financiera.

Las empresas y la confianza del consumidor: Los individuos y las empresas ya están temerosos. Seguramente reducirían más el gasto y la inversión si la situación en Europa empeora.

Europa probablemente saldrá adelante, si bien el proceso será doloroso y aterrador. No obstante, existe tal vez un 25% de probabilidad de que las consecuencias sean verdaderamente demoledoras, conllevando una serie de impagos en Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia.

Claro, esa previsión es bastante imprecisa. Las cosas se pueden torcer de muchos modos diferentes, ya que la zona euro está conformada por 17 países con sus propios sistemas financieros, económicos y políticos. Cada riesgo tiene poca probabilidad de materializarse, pero hay una multitud de riesgos, por lo que se acumulan. 

Para empezar, los líderes de los gobiernos nacionales no están dispuestos a aumentar su aportación al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera más allá de los acordados 440,000 millones de euros, un monto claramente insuficiente para tranquilizar a los mercados. 

Además, un rescate bancario que añada aproximadamente 100,000 millones de euros de capital es un paso positivo; pero otra vez, no calmaría los temores de los inversionistas. 

Los detalles técnicos de la recapitalización serán importantes. Si se diseña mal, el plan podría ser incluso perjudicial, pues provocaría que los bancos europeos recortaran los préstamos y vendieran los activos existentes. Una crisis crediticia seria posiblemente hundiría a Europa en la recesión. 

Por último, obligar a los inversionistas a asumir una ‘quita voluntaria', aceptando pérdidas de entre el 40% y el 60% en sus bonos soberanos griegos, con toda seguridad abonará a la propagación del riesgo si vuelven a avivarse los temores del mercado sobre otros países atribulados de la zona.  

Pase lo que pase esta semana, el Gobierno estadounidense haría bien en prepararse y animar a los europeos a tomar las medidas necesarias. La Reserva Federal debería continuar proporcionando dólares (líneas swap) al Banco Central Europeo, para que éste a su vez ayude a los bancos de la región con sus necesidades de financiación en dólares. Nuestras agencias reguladoras deberían continuar monitoreando la exposición de nuestras instituciones financieras a los riesgos europeos, pero sin empeorar la crisis incurriendo en exageraciones.

Deberíamos, asimismo, estar preparados para considerar alternativas para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) dé mayor apoyo a Europa. La zona euro tiene los recursos para resolver sus propios problemas, pero la participación del FMI conlleva múltiples ventajas. Aumenta los recursos disponibles, puede imponer cierta disciplina entre los deudores al condicionar los préstamos, y puede ofrecer ayuda técnica para manejar las reestructuraciones económicas.

Este es un problema europeo, y ellos son los que tienen que proporcionar la columna vertebral de cualquier solución, pero nos beneficia a todos ayudarlos en cualquier forma posible. 

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* Douglas J. Elliott es miembro de la Brookings Institution. Este comentario es una versión editada del testimonio que pronunció el martes ante el subcomité de Política monetaria y Comercio internacional del Congreso.

 

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