Bancos europeos están en la cuerda floja

Las pérdidas por Grecia y la falta de reglas claras en el sector representan riesgos para el bloque; la excesiva deuda de la banca europea constituye un peligro por la volatilidad actual.
banco francia  (Foto: AP)
Sheila Bair

Los reguladores europeos han permitido que sean los propios bancos quienes determinen el nivel de riesgo: ese es el problema.

La crisis de deuda soberana que sufre Europa está conduciendo lentamente a la economía mundial de vuelta a la recesión. ¿Por qué es tan irresoluble esta crisis? La respuesta remite una vez más al riesgo y endeudamiento excesivo del sector bancario. Hacia fines de octubre, los líderes europeos finalmente convencieron a los bancos de aceptar una quita del 50% de la deuda griega en su poder, si bien este acuerdo puede peligrar debido al reciente anuncio de Grecia de someter a referéndum las condiciones de este rescate. Pero la reestructuración de la deuda tiene efectos limitados, pues los bancos europeos no cuentan con suficiente capital para absorber las pérdidas futuras, que ascenderán a 280,000 millones de dólares o más, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). ¿Y por qué están tan pobremente capitalizados los bancos del bloque? Esa responsabilidad recae directamente sobre los bancos europeos y sus reguladores. 

Cuando las entidades que regulan la banca evalúan la suficiencia del capital de un banco para enfrentar pérdidas derivadas de sus préstamos, inversiones y otros activos, toman en cuenta el grado de riesgo de esos activos. Por ejemplo, una inversión en bonos del Tesoro estadounidense supone menor riesgo que una línea de crédito sin garantías. El proceso, sin embargo, es más arte que ciencia, y en Europa los reguladores han dado más libertad a sus bancos para determinar el riesgo que conllevan los activos, en comparación con Estados Unidos. Como resultado, desde mediados de la década de los 90, los bancos europeos han reducido continuamente sus estimaciones de pérdidas potenciales de sus activos, y ahora dicen que sus activos son dos veces más seguros que aquellos activos en manos de bancos estadounidenses.

El problema se ha agravado luego de que Europa adoptara una compleja metodología evaluatoria extraída del acuerdo de Basilea II, que básicamente permite que la alta dirección del banco determine, según su propio criterio, el riesgo de sus activos. Eso es tremendamente ingenuo. ¿Por qué? Al banco le conviene decir que sus activos son de bajo riesgo porque eso le permite maximizar el apalancamiento y el rendimiento del capital, lo que a su vez puede redundar en mayores pagas y bonificaciones. Así, incluso durante la Gran Recesión, cuando la morosidad y el impago iban en aumento, la mayoría de los bancos europeos sostenían que sus activos eran cada vez más seguros.

Estados Unidos, en contraste, tiene reglas más estrictas que controlan la forma en que los bancos asegurados por la FDIC (el organismo federal de garantía de los depósitos bancarios) determinan el grado de riesgo de los activos, y exige que los bancos bien capitalizados tengan un capital mínimo que equivalga al 5% de todos los activos, sin importar el nivel de riesgo que les asignen. Por lo tanto, para cualquier activo -sea efectivo, títulos del Tesoro o hipotecas aparentemente seguras- los bancos deben contar con un capital de al menos 5% frente al mismo. Los bancos europeos no tienen este tipo de 'ratio de apalancamiento' (leverage ratio) y los acuerdos de Basilea II les han permitido tratar a la deuda soberana como un activo de riesgo cero. Esta es una de las principales razones por las que han engullido sin empacho casi 3 billones de dólares en deuda soberana. 

El año pasado, el Comité de Basilea de Supervisión Bancaria finalmente aprobó un ratio -aún demasiado bajo- de apalancamiento de 3%. E incluso con ese nivel tan permisivo, el análisis del propio Comité sugiere que más del 40% de los bancos más grandes del mundo tendrían que aumentar su capital. Al mismo tiempo, la Autoridad Bancaria Europea (ABE) está elevando los requerimientos de capital básico para la banca a un 9%, un gran salto del estándar de 2% requerido por Basilea II y muy parecido al porcentaje exigido por el nuevo marco regulatorio de Basilea III. Pero incluso a un ratio del 9%, un gran número de bancos europeos continuarán operando a niveles extremos de apalancamiento debido a su cuestionable valoración del riesgo. 

Los reguladores bancarios europeos deberían complementar este requisito con el ratio de apalancamiento del 3% estipulado en Basilea III, o incluso mejor, con el requisito de 5% exigido por Estados Unidos. La ABE debería también usar estimaciones de pérdidas más realistas, en línea con las usadas por el FMI y los analistas privados.

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El Comité de Basilea necesita actuar con prontitud para adoptar las medidas estandarizadas de riesgo establecidas por los reguladores, no por los bancos, y aplicarlos consistentemente en todas las instituciones financieras. Los reguladores estadounidenses cometieron muchos errores, pero gracias a que mantuvieron el ratio de apalancamiento y retrasaron la implementación de los acuerdos de Basilea II,  los bancos de Estados Unidos -asegurados por la FDIC- se han mantenido más estables que otras instituciones. Las regulaciones sobre capital bancario no deben depender exclusivamente de los propios bancos. El público merece algo mejor. Los reguladores bancarios deberían hacer su trabajo, y su trabajo consiste en establecer los niveles mínimos de capital.

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 21 de noviembre de 2011.

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