Mitt Romney se enfoca en la industria

En entrevista, el precandidato republicano a la presidencia dijo que impulsará los negocios en EU; ¿serán suficientes menos impuestos y regulaciones corporativas para activar la economía?
mitt romney  (Foto: AP)
David Whitford

Mitt Romney visitó Manhattan por un día a mediados de diciembre para pedir dinero a sus amigos de Wall Street. En un cambio de táctica precedido por un avance inesperado de Newt Gingrich en las encuestas, también realizó una serie de entrevistas con medios de prensa, incluyendo Fortune.

Yo había estado siguiendo a Romney desde hace un tiempo. La semana anterior, en un estacionamiento en Manchester, New Hampshire, después de que su equipo de avanzada bajó el volumen de la música country, lo vi dar un discurso de campaña, incómodamente, desde la caja de carga de una camioneta. Unos días más tarde, yo estaba escuchando cuando se enfrentó a una pregunta hostil por parte de un fanático anti-islámico en una reunión de ayuntamiento en el interior de una fábrica de alimentación de animales en Cedar Rapids, Iowa. No es una muestra representativa, pero tengo que decir que parecía mucho más cómodo, más humano, hablando de negocios en una mesa de conferencias en el Hotel Regency en Park Avenue.

En 2008, los republicanos nos dieron a John McCain, un héroe de guerra de Vietnam, que una vez confesó que "el tema de la economía no es algo que haya entendido tan bien como debería", y quien, incluso en medio de una crisis económica mundial, intentó enfocar la atención de la elección en la seguridad nacional. ¿Esta vez? Si Romney resulta ser el nominado del partido republicano, tendremos al presidente ejecutivo fundador de Bain Capital, un candidato que parece que no puede decidir (o tal vez simplemente no nos quiere decir) lo que siente sobre el matrimonio gay, el aborto, el cambio climático, y la atención de salud universal, pero que se muestra enfocado en el momento en que el tema pasa a la economía.

Romney tiene un mensaje simple para los lectores de Fortune: "Veo a los empresarios como amigos, no como enemigos". Habla en contra del presidente estadounidense Barack Obama por lanzar una "campaña de satanización de las personas que trabajan en el sector privado". Jura que los líderes de negocios con los que habla "sienten que están siendo atacados por su propio presidente", y que las políticas de impuestos y regulación de de Obama los han convencido de que "éste no es un gran lugar para invertir". Dice que quiere "hacer de Estados Unidos el lugar más atractivo en el mundo de los negocios, para empresarios, inventores, para gente que gestiona grandes o pequeñas empresas".

Cuando le pido a Romney que nombre la amenaza más grave a la prosperidad económica en Estados Unidos hoy en día, su respuesta es inmediata. No son las petroleras extranjeras. No es el déficit. No es el ascenso de China. No es el colapso del mercado de la vivienda. No son los programas de asistencia social fuera de control o calamidad en la zona euro, y desde luego no es, como McCain dijo hace cuatro años, el extremismo islámico radical. La verdadera amenaza, dice Romney, es "un gobierno que es autoritario, entrometido y exigente".

No está hablando sólo de las reformas de la era Obama. Cerca de la cima de la lista de Romney de las mayores intrusiones está la Ley Sarbanes-Oxley, la cual fue aprobada abrumadoramente por ambas cámaras del Congreso a raíz del escándalo de Enron y firmada como ley por el presidente George W. Bush, quien afirmó en ese entonces: "No hay una sala de consejo en Estados Unidos que esté por encima o más allá de la ley".

"Después de haber pasado toda mi vida, carrera, en los negocios, entiendo cómo funciona", dijo Romney, quien abandonó el mundo de los negocios para siempre en 1999. "Cuando el gobierno crea una determinada política o un reglamento, comprendo el impacto que puede tener en una empresa en este país. Supe, por ejemplo, cuando leí la Ley Sarbanes-Oxley y vi sus requerimientos, que esto iba a causar que más empresas se fueran al extranjero". Romney modificaría la ley específicamente en la parte que aplica a las medianas empresas. "El agua tiende a su nivel", dice. "Las empresas encuentran el lugar más atractivo".

Romney dijo que su elección por sí misma "enviará una señal a las personas que contratan personas de que nuestro futuro es positivo y que no será satanizado". El día en que tome posesión del cargo, promete, pondrá en marcha su agenda pro-empresarial con una serie de órdenes ejecutivas de largo alcance. "Pondré en pausa el 'Obamacare' hasta que pueda hacer que sea derogado en el Congreso", dice. "Abriré terreno para la extracción de petróleo y gas. Eso pondrá a mucha gente a trabajar de inmediato. Revertiré la orden ejecutiva del presidente que prácticamente insiste en que los proyectos federales sean realizados solamente por la fuerza de trabajo sindical, con lo que abriré estos proyectos a la competencia".

En cuanto a los impuestos, Romney dice que con el tiempo quiere "bajar los precios y ampliar la base" con un "código de impuesto plano". Por ahora, no elevará las tasas para los ricos, pero tampoco las bajará, como todos sus rivales republicanos han propuesto. ("No estoy buscando reducir la carga o la proporción de impuestos pagados por la cima del 1%"). Su plan para eliminar todas las retenciones sobre los intereses, dividendos y ganancias de capital para los que ganan menos de 200,000 dólares es en gran medida simbólico; eliminaría una carga que casi nadie en el mundo real soporta. ("Mira, yo reconozco que no es un recorte de impuestos enorme", dijo más tarde Romney a Fox News).

La mayoría de las empresas, por el contrario, podrían conseguir reducciones dramáticas. Romney quiere reducir la tasa de impuesto corporativo del 35% al 25% (la mayor parte de sus rivales republicanos la bajarían aún más), y dice que permitiría a las multinacionales estadounidenses llevarse a casa todos los beneficios que hayan ganado en el extranjero -1 billón de dólares estimado- sin pagar ningún impuesto. "La idea de que si las empresas ganan dinero en el extranjero y lo mantienen allá e invierten allá, no pagan impuestos En Estados Unidos, pero si lo traen a casa vamos a cobrarles la diferencia en impuestos estadounidenses, no tiene ningún sentido en absoluto", dice Romney. "Debemos alentar que el dinero vuelva a casa".

"Estoy tratando de ayudar a la clase media", Romney dice más de una vez durante nuestra media hora de conversación. La mejor manera de lograr ese objetivo, insiste, es aflojando las riendas de los negocios para que las empresas puedan crear más empleos. La última cosa que a Romney le preocupa es la desigualdad de ingresos."Quiero que todo el mundo sea más rico", dice. "No quiero hacer pobres a los pocos ricos, y hacer a todos los demás pobres al mismo tiempo".

Es un argumento que los republicanos han estado planteando durante décadas, a pesar de amplias pruebas de que lo que impulsa el crecimiento económico y la creación de empleo es ciertamente más complicado que jugar en las márgenes de los impuestos y regulaciones. De 1950 a 1963, por ejemplo, la tasa impositiva marginal nunca fue inferior al 91%; y la economía era próspera. (Más recientemente, bajo la presidencia de Clinton, la tasa impositiva máxima fue de 39.6% y un crecimiento anual del PIB era de 4.01% después de inflación; bajo el gobierno de George W. Bush, la tasa máxima se redujo al 35% y la economía creció sólo un 2.14%. Es evidente que los impuestos no cuentan toda la historia).

Hay una explicación sencilla para el fenómeno del crecimiento en la posguerra, afirma Romney: Uno, el hecho de que "dos de las mayores potencias económicas del mundo habían sido etiquetadas", lo que significa menos competencia para los bienes y servicios estadounidenses, y dos, "teníamos demanda acumulada por años de frugalidad. Y por ello, mirar hacia los años 1950 y 1960 como el reflejo de la política fiscal, creo, hace caso omiso de las grandes realidades de la economía mundial".

Tal vez. O de lo contrario, lo único que eso demuestra es que no hay sustituto para la demanda. Steven Fazzari, profesor de Economía en la Universidad de Washington en St. Louis, cita varias razones para el problema en que Estados Unidos está en este momento, pero el problema fundamental, según él, es el débil gasto provocado por el colapso del mercado de la vivienda. "Puedes quitarle los grilletes a las empresas, y estoy seguro de las empresas estarán felices", dice Fazzari. "Pero si ellos no pueden vender las cosas, ¿por qué producirían más o contratarían a alguien?"

Romney fue un exitoso inversionista y operador estelar como el jefe de los Juegos Olímpicos de Salt Lake City. Pero si gana las elecciones, se enfrentará a una dura lección, que Obama está aprendiendo ahora: Los presidentes, al parecer, no pueden hacer que las empresas vendan ni hacer que los clientes compren.

Este artículo es de la edición del 16 de enero de 2012 de Fortune.

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