La tentación de abandonar al euro

Italia, Grecia o España podrían aprender de Argentina y Letonia si decidieran dejar la eurozona; estas naciones ‘rompieron’ con el dólar y el euro, y sus perspectivas a futuro son alentadoras.
eurozona  (Foto: CNN)
Shawn Tully

La crisis de la zona euro no es la primera ocasión en que países enfrentan un trance difícil, y agobiados por una divisa muy sobrevaluada se han visto obligados a elegir un camino hacia la recuperación.

Es muy ilustrativo estudiar los casos de dos países que en la década pasada atravesaron muchos de los mismos problemas que hoy acosan a algunos miembros de la eurozona y que tomaron derroteros radicalmente diferentes.

Argentina tomó lo que llamaremos la "ruta de escape," adoptando una brutal terapia de choque consistente en devaluar súbita y radicalmente su divisa. Letonia, por otro lado, eligió el enfoque que el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unión Europea y los inversionistas extranjeros de todo el mundo exigían, y que incluso los miembros más afectados de la eurozona juraron adoptar. Es la ruta que llamaremos la "opción de aguantar": permanecer dentro del euro y tomar el camino doloroso y demoledor de rebajar los salarios, recortar el gasto gubernamental y, con suerte, liberar a sus mercados de las rígidas normas laborales que matan la productividad.

Los resultados de ese estudio son sorprendentes, en especial ante el consenso generalizado de que el euro debe sobrevivir. Argentina recuperó rápidamente su competitividad, convirtiéndose en una de las economías más vibrantes del mundo. Letonia, pese a implementar épicas reformas, sufrirá durante años antes de que su PIB vuelva a los niveles que reportó a fines de la década pasada.  

Las lecciones extraídas de Argentina y Letonia presentan un riesgo sustancial para el euro. Si Italia, Grecia o España llegan a considerar únicamente sus propios intereses, y desdeñan el perjuicio que ocasionarían a los bancos europeos o a los inversionistas que poseen su deuda, o la censura de las naciones poderosas, claramente estarían eligiendo la "ruta de escape". Y a medida que la recesión se agudiza, y los fondos de rescate se gastan, la posibilidad de que una de estas naciones escape del euro y luego prospere, provocando que otros sigan sus pasos, no sólo es imaginable, sino cada vez más probable.

En una reciente investigación titulada "A Dire Warning from Latvia and Argentina", los economistas Uri Dadush y Bennett Stancil del centro Carnegie Endowment analizan los caminos que estos dos países eligieron, y sus consecuencias. Ambas naciones ligaron sus propias monedas con las dos divisas más fuertes del mundo: Argentina vinculó su peso al dólar estadounidense a principios de los 90, y Letonia amarró el lat al euro cuando se unió a la Unión Europea en 2004. El colapso de Argentina se dio entre 2001 y 2002, mientras que Letonia reventó en 2008.

Pero sus respectivos ascensos y caídas obedecieron a las mismas razones. Al atar sus economías a divisas usadas en países con una baja inflación, Argentina y Letonia fueron capaces de pedir prestado a tasas de interés extremadamente favorables. El crédito se disparó en ambas naciones. En los tres años previos al colapso de sus economías, Argentina creció a una tasa anual cercana al 6%, y Letonia lo hizo en casi un 11%.

Ese brutal crecimiento no provino de un aumento en sus exportaciones, sino de un auge en el sector inmobiliario y en los servicios nacionales. El alza en los precios y en los salarios afectó sus exportaciones, y provocó que sus importaciones fueran mucho más baratas que los bienes que producían en casa. Ninguno de los dos países podía devaluar su moneda y bajar así los precios de sus exportaciones, a fin de competir en los mercados globales.

De hecho, en el caso de Argentina, el dólar -y por tanto, el peso- continuó apreciándose luego de que su principal socio comercial, Brasil, devaluara su moneda en 2001, aniquilando toda la competitividad que le restaba a Argentina. Con Letonia, fue la crisis financiera mundial la que puso fin al flujo de dinero barato que la había convertido en la nación europea en vías de desarrollo con más rápido crecimiento a mediados de la década del 2000.

Los ciclos que ambos países experimentaron son sumamente similares al daño ocasionado por las sobrevaluadas divisas en Grecia, Italia, España, Portugal e Irlanda.

¿Cómo les ha ido, pues, a Argentina y a Letonia desde que eligieron entre los caminos "de escape" y "de aguante"? Tras su devaluación en enero de 2002, el PIB de Argentina cayó en picada, el desempleo alcanzó el 20% y el peso se derrumbó a un cuarto del valor del dólar. Pero asombrosamente, para el cuarto trimestre de 2002, el país sudamericano crecía a un ritmo vigoroso. Y para el año 2004 (apenas a 10 trimestres del inicio de su recesión-desembocada-en-recesión) su PIB había subido a su pico previo. De 2002 a 2011, su producción aumentó 94%, o alrededor de un 40% ajustado a la inflación, la cifra más alta en el hemisferio occidental, y que duplica la tasa de Brasil.

Argentina está lejos de ser un milagro. Hoy su inflación está elevándose otra vez, y es despreciada por los inversionistas internacionales desde que incumpliera el pago de 100,000 millones de dólares en deuda extranjera. En realidad, ha provocado mucho dolor a otros países y acreedores. No piensen que Grecia o Italia se abstendrán de hacer lo mismo si pudieran resurgir ‘a la argentina.'

El PIB de Letonia disminuyó en más de 22 puntos porcentuales en 2008 y 2009. Aún así eligió mantenerse atada al euro, en especial porque el FMI y la Unión Europea le otorgaron 7,500 millones de euros en fondos de rescate, casi el 40% de su PIB actual. Ha hecho un buen trabajo incrementando su productividad al dirigir la inversión a industrias como la computacional y la farmacéutica. Creció alrededor de 5% en 2011, si bien se prevé que esa tasa caiga a 1% o menos este año.

A pesar de eso, Letonia está atrapada en una divisa que es demasiado costosa para permitirle ejecutar una salida similar a la de Argentina, que propulsó sus exportaciones. Al país báltico le quedan varios años de andadura antes de recuperar la prosperidad que Argentina conquistó tan rápido. Su tasa de desempleo se ubica en 12%, y el FMI prevé que Letonia no verá antes de 2016 un retorno al nivel máximo de producción que registró en 2008.

La cuestión es si las naciones débiles de Europa están dispuestas a sufrir ese tipo de proceso largo y cruento que Letonia eligió para restaurar lentamente su competitividad. Hasta ahora, sus reformas son más bien limitadas.

"Es un dilema que hoy enfrentan Grecia y otros. Los atribulados países están comenzando a imaginarse cómo es la otra ruta, y eso es extremadamente tentador. Es doloroso, pero tal vez sea la mejor opción dentro de muchas malas", advierte Stancil.

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