La arrogancia de la OPI de Facebook

La salida de pocas acciones de la firma a Bolsa tiene como objetivo elevar el precio de las mismas; Facebook puede presumir de ser una fuerza democratizadora, pero al interior no parece serlo.
facebook6  (Foto: AP)
Allan Sloan

Hay antiguas lecciones que recordar cuando se analiza un fenómeno como la pendiente Oferta Pública Inicial (OPI) de Facebook. El medio es nuevo, los números son altos, la expectación es enorme, pero es la misma vieja historia que he visto un millón de veces en las cuatro décadas que llevo escribiendo sobre el sector empresarial: Una compañía bullente ofrece gentilmente al público inversor un fragmento de su éxito. A un precio también caliente, por supuesto.

Sé que soy un dinosaurio de la prensa. Me equivoqué con el precio de los títulos de Google cuando debutó en Bolsa, y me disculpé. Mi única innovación en el mundo del Internet fue hace 20 años, cuando fui de los primeros columnistas de negocios en incluir una dirección electrónica. No uso las redes sociales porque valoro mi privacidad y temo cometer alguna indiscreción en línea que me persiga por siempre.

Dicho lo anterior, me gustaría compartir tres cuestiones que me planteo en relación a la OPI de Facebook. Tienen que ver con el marketing, la hipocresía y la arrogancia. En otras palabras, lo habitual en Wall Street.

Marketing

Si la OPI de Facebook termina recaudando los anunciados 5,000 millones de dólares (mdd), y la valoración de mercado de la compañía se ubica en el rango previsto de los 75,000 - 100,000 mdd, ello significa que solamente del 5% a 7% de las acciones de la compañía estarán disponibles para el público inversor.

Aunque pueden argumentarse muchas razones para una OPI tan pequeña en relación al tamaño de una compañía, la verdadera razón, como cualquier alma de Wall Street te lo dirá, es crear una inicial escasez de acciones de forma que el precio del título suba cuando la cotización pública empiece.

A Mark Zuckerberg y compañía no les basta con haber creado una empresa grandiosa e increíblemente valiosa en un periodo de tiempo asombrosamente breve. Sienten la necesidad de emplear esta vulgar estrategia de mercado para elevar el valor de la red social todavía más.

¿Por qué hacerlo? Porque así Facebook se gana el derecho de alardear, y también lo ganan los capitalistas de riesgo que pusieron dinero en la compañía. Una acción con un precio más alto engendra una rentabilidad más alta que los gestores de inversión podrán presumir a los clientes potenciales, facilitando la próxima ronda de financiación. Y en la tierra del capital riesgo, siempre habrá una próxima financiación.

Hipocresía

Un punto fuerte de los medios sociales es que son una fuerza democratizadora... todos están en pie de igualdad, etcétera, etcétera. Pero la estructura accionaria de Facebook, como la de Google, está lejos de ser democrática.

Tiene una clase de acciones con derecho a voto para los simples mortales, y luego una clase de acciones con derecho a un voto superior que les asegura el control a los de la élite, a los de adentro. Todos son iguales en teoría, pero no en la práctica.

Arrogancia

Desde que Google incluyera su slogan informal "Don't be evil" (No seas malo) en la carta que acompañó a la documentación presentada para su OPI, la carta de cualquier empresario fundador se ha convertido en un requisito de rigor para cualquier compañía de Internet que quiera cotizar. La carta de Zuckerberg es un clásico. Mi lectura: No soy solamente un tipo muy rico, soy un chico muy bueno porque estoy metido en esto para hacer del mundo un lugar más "amigable," no para ganar dinero.  

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Sí, claro. Y Wall Street existe para ayudar a los pequeños inversionistas.

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 27 de febrero de 2012.

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