Las elecciones trazan la economía global

Este año se celebran comicios en Rusia, Francia, Egipto, México, Venezuela, EU y Corea del Sur; estos países definirán el desarrollo económico y democrático, asegura la revista Fortune.
vladimir putin  (Foto: Cortesía CNNMoney.com)
Geoff Colvin

En raras ocasiones, tal vez nunca, el liderazgo mundial ha estado tan en el aire para quien quiera disputárselo, como en este año. Siete importantes naciones celebrarán elecciones presidenciales; en orden cronológico: Rusia, Francia, Egipto, México, Venezuela, Estados Unidos y Corea del Sur. Se trata de una lista de zonas clave a nivel mundial, sin mencionar las elecciones de Grecia en abril o el ascenso del próximo presidente de China, Xi Jinping, en octubre (electo sin pasar por la molestia de unas elecciones). Todas las elecciones son locales, pero estas siete de suma importancia ayudarán a determinar lo que sucederá en dos grandes temas mundiales: cuán pronto saldremos del bajón económico global y si la represión de millones de personas es todavía una estrategia viable para los líderes nacionales.

Los principales problemas en las democracias establecidas -Francia, México, Estados Unidos y Corea del Sur- son económicos. Una situación curiosa, puesto que las economías de Francia y Estados Unidos han tenido un terrible desempeño en años recientes, mientras que las economías de México y Corea del Sur han salido rugiendo de la crisis global. Con todo, los votantes de estos cuatro países están descontentos con su situación económica, y en todos ellos se da una contienda genuina entre candidatos que representan una administración fundamentalmente liberal de la economía por un lado, y un enfoque conservador por el otro. Mucho está en juego.

Los votantes mexicanos y surcoreanos están inconformes con la desigualdad del ingreso y la corrupción. Los electores franceses y estadounidenses están descontentos con el desempleo y el estancamiento económico. El factor común es una profunda insatisfacción con los líderes que han tenido; los sondeos de opinión muestran que los candidatos o partidos que actualmente gobiernan están a la zaga en los cuatro países. Los votantes tal vez les den la espalda. Si lo hacen, el efecto político será importante, ya que estos países actualmente tienen gobiernos conservadores en materia económica en razón de 3 a 1 (siendo el "1" Estados Unidos). Esa proporción podría voltearse.

La problemática principal es muy diferente en Rusia, Egipto y Venezuela. Para estos países, lo que está en juego es la naturaleza misma de la democracia tras un año de ira popular, exteriorizada sin precedentes alrededor del mundo. En cada uno de los casos, los acontecimientos más importantes quizás sean los que vengan después de las elecciones. Egipto, la historia más inspiradora de la Primavera Árabe, no puede organizarse. El consejo militar egipcio decretó elecciones parlamentarias pese a que el país todavía no cuenta con una Constitución, ni la tendrá antes de la elección presidencial de junio. Por lo que los resultados podrían ser irrelevantes, dependiendo de cómo se redacte la Constitución, o si los generales reconquistan el poder. ¿Tolerarán los egipcios una transición lenta?

Egipto es, con suerte, una democracia incipiente. Rusia y Venezuela son falsas democracias. La elección de Rusia todavía no se lleva a cabo cuando escribo esto, pero habrá ocurrido cuando ustedes lean este artículo. No se preocupen, sé quién ganó. En Venezuela, también podemos estar convencidos de que Hugo Chávez, al igual que Vladimir Putin, usará sus poderes cuasi-dictatoriales para asegurarse el triunfo, a pesar de enfrentar a un oponente creíble. La cuestión clave es lo que sucederá después. ¿Aceptarán los rusos y los venezolanos las falsas reelecciones de sus líderes? Siempre lo han hecho, pero eso era antes del año pasado, pleno de manifestaciones y furia pública. Existe al menos una posibilidad de que la gente de estos tres países se rebele para insistir en una democracia auténtica.

Ese sería el mejor desenlace. De igual forma, el mejor resultado en las cuatro democracias establecidas sería un acercamiento hacia políticas económicas moderadas, amigables con el mercado, políticas de bajos impuestos. Dos comodines podrían trastocar las elecciones en cualquiera de estos países. Una es la agresión extranjera. Los titulares del gobierno nunca pueden parecer débiles en un año electoral, y Corea del Norte o Irán podrían fácilmente involucrar a varios de estos países en conflictos sin salida. El otro comodín son los  medios sociales. Hemos visto su poder político en Rusia y Oriente Medio, pero el efecto es mucho mayor. En México, por ejemplo, se prohíben las campañas negativas, pero la ley nunca contempló los medios sociales, que escapan a la regulación.

La última de las siete grandes elecciones será Corea del Sur el 19 de diciembre. Asumiendo que los teóricos del calendario maya estén equivocados sobre el fin del mundo en esas fechas, en ese momento tendremos una imagen más clara sobre el rumbo que toma nuestro mundo.

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 19 de marzo de 2012.

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