EU-Rusia, a romper barreras comerciales

La normalización del intercambio de bienes entre ambos países sería lucrativa para varios sectores; la industria de EU vería una reducción en los aranceles, pero sólo después de varios años.
Vladimir Putin  (Foto: CNN)
Ciro Sanati

La semana pasada en el Congreso estadounidense, los senadores debatieron los méritos de levantar las sanciones comerciales de la Guerra Fría impuestos contra la Madre Rusia. Muchas compañías estadounidenses están ansiosas por ver que esto suceda.

Se espera ampliamente que las barreras comerciales caigan este año, y cuando lo hagan será algo netamente positivo para el comercio estadounidense. La decrépita e ineficiente economía de Rusia -desde sus tristes colectivos de agricultura hasta su oxidada industria automotriz- probablemente no podrá competir contra las mayores y más eficientes empresas industriales y minoristas de Estados Unidos. Por su parte, Wall Street podría beneficiarse al persuadir a inversionistas estadounidenses a dar un segundo vistazo a Rusia, mientras que al mismo tiempo, convencen a las empresas rusas de considerar a Nueva York como un lugar para reunir capital o salir a Bolsa.

Sin embargo, antes de que esto pueda suceder, los dos países tendrán que demoler las numerosas barreras y prejuicios que han existido entre ellos durante casi un siglo.

La ascensión de Rusia a la Organización Mundial de Comercio (OMC) requirió 18 años. Solicitó su entrada por primera vez en 1993, después de que el país restó importancia a su pasado comunista y avanzó hacia el capitalismo. Finalmente, fue invitada a unirse a la OMC el año pasado. La transición de una economía de planificación centralizada a un libre mercado no ha sido fácil. La corrupción y los tratos tras bastidores se han convertido en la norma a medida que los oligarcas multimillonarios del país protegen violentamente su territorio por cualquier medio necesario. Desde el impago de la deuda en 1998 hasta la invasión de Georgia en 2008, siempre había una razón sólida para que los inversores estadounidenses evitaran el mercado ruso.

El perdedor en todo este desastre ha sido el pueblo ruso. La economía de Rusia no ha progresado ni se ha modernizado como debería y es todavía muy dependiente de las exportaciones de energía y minerales para mantener a la nación a flote (Rusia es el mayor exportador mundial de petróleo). Altos aranceles son impuestos para proteger ciertas industrias grandes e ineficientes, especialmente la automotriz.

Hacer negocios en Rusia es también difícil debido a la estructura política y judicial notoriamente corrupta de la nación. Las cosas se pusieron tan mal en los últimos años, que la inversión extranjera directa de Rusia fue negativa; algo inaudito para una economía de mercado emergente.

Aunque Rusia fue aceptada en el club en diciembre, Estados Unidos todavía mantiene sanciones comerciales de la era de la Guerra Fría contra Rusia. El Senado estadounidense se reunió el pasado jueves para discutir derogar esas leyes para poder normalizar las relaciones comerciales antes de que Rusia se una formalmente a la OMC este verano.

El principal argumento en contra del levantamiento de la llamada enmienda Jackson-Vanik deriva del abominable historial de Rusia en materia de derechos humanos y su dudoso compromiso con la democracia. Los republicanos trataron de expresar sus preocupaciones, pero los demócratas los silenciaron.

El presidente estadounidense Barack Obama ha convertido el levantamiento de la enmienda en un pilar clave de su política comercial. Así que, aunque los republicanos estén haciendo un poco de ruido en el Senado, es casi seguro que se levantará la enmienda sobre Rusia, lo cual conducirá a una normalización de las relaciones comerciales entre los dos países.

Las empresas estadounidenses y europeas probablemente se beneficiarán más de una Rusia abierta. Se prevé que la reducción de los aranceles sobre ciertos productos, especialmente en la industria de servicios, beneficie a las empresas estadounidenses que tienen la esperanza de aprovechar la floreciente clase media rusa. Los principales grupos de interés, como la Cámara de Comercio de Estados Unidos, junto con 173 empresas estadounidenses, han enviado cartas al Congreso exigiendo la normalización del comercio con Rusia.

Algunas de las grandes empresas detrás de esa presión incluyen a General Electric, Deere y Boeing. GE ha sido especialmente elocuente, diciendo que los aranceles sobre los motores de sus aviones caerían del 20% al 5% si el comercio se normalizara entre las dos naciones. Eso daría un impulso considerable a su margen de ganancias y aumentaría la disponibilidad de productos de primera calidad del mercado ruso.

Las empresas del sector agrícola y automotriz también se beneficiarán debido a que Rusia ya no podría impedir la importación de ciertos alimentos y automóviles. Esto podría ser un gran impulso para grandes fabricantes agrícolas estadounidenses como ConAgra y ADM, así como para las empresas automotrices como Ford, General Motors y Chrysler.

Wall Street también se alista para beneficiarse de toda esta nueva inversión en Rusia. Si Rusia es visto como un buen lugar para invertir capital, los inversores institucionales demandarán mayor acceso a él. Esto podría conducir a una gran afluencia de capital de riesgo y de deuda en el mercado interno de Rusia, lo cual daría jugosos honorarios a los banqueros de Wall Street.

Por otro lado, las grandes empresas rusas que en la actualidad consideran a Londres su base de operaciones podrían ser seducidas para mudar algunas de sus operaciones a Nueva York. Actualmente, las empresas rusas más grandes, incluso las de propiedad cuasi-estatal, deciden cotizar sus acciones en Londres y Hong Kong, por encima de Moscú, debido a su base de inversionistas.

A medida que una mayor parte de su base de inversionistas se mude al hemisferio occidental, tendrá más sentido cotizar en los mercados de Nueva York llenos de liquidez. La Bolsa de Nueva York ha estado cortejando a las empresas rusas; la normalización plena del comercio probablemente aceleraría este proceso incipiente.

Y mientras que algunas empresas rusas podrían trasladar sus operaciones a Wall Street, los bancos estadounidenses podrían ver nuevas oportunidades en Moscú. Las normas de la OMC permiten que los bancos con propiedad extranjera del 100% abran en Rusia por primera vez. El único límite es que el 50% de todo el sector bancario debe permanecer en manos rusas.

Pero aunque los beneficios de la normalización plena del comercio son reales, pasarán muchos años antes de que todos los cambios se apliquen. Temiendo un impacto en algunas de sus industrias, Rusia irá disminuyendo sus aranceles en un período de 7 años y no los eliminará gradualmente. En promedio, se prevé una disminución del 10% al 7.8% sobre los aranceles sobre mercancías importadas de Rusia cuando todo esté dicho y hecho. Rusia acordó reducir 33% sus aranceles a partir de la fecha en que entre en la OMC. Los reducirá otro 25% después de tres años.

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Algunas industrias tendrán tiempos mucho más largos que otros. Los aranceles en la industria automotriz y de aerolíneas bajarán en siete años; el arancel sobre autos caerá desde 9.5% a 7.3%. Mientras tanto, algunos productos agrícolas tendrán un periodo de retraso de ocho años, en los que el arancel agrícola promedio pasará de 13.2% a 10.8%. Y aunque el nuevo acuerdo permitirá la inversión extranjera en el sector de los seguros rusos por primera vez, pasarán nueve años antes de que el mercado sea abierto a los inversores.

Se espera que el Senado estadounidense continúe debatiendo el comercio con Rusia durante algunas semanas más, con una aprobación esperada en los próximos meses, de acuerdo con los senadores demócratas. Tanto los políticos estadounidenses como los rusos son cautelosamente optimistas acerca de este nuevo nivel de apertura y lo que podría producir. Sin embargo, los beneficios netos para los dos países parecen ser sólidos. La única duda es si Rusia realmente jugará bajo las reglas de la OMC. Eso sólo el tiempo lo dirá.

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