Obama, ¿enemigo del capital de riesgo?

Los inversores temen que una reforma fiscal frene el financiamiento de estas operaciones; sin embargo, el uso de la recapitalización de dividendos es el verdadero peligro interno del sector.
obama  (Foto: CNN)
Dan Primack

Muchos inversores de capital de riesgo están convencidos de que el presidente estadounidense Barack Obama es su enemigo, no sólo porque quiere derrotar el ex jefe de Bain Capital, Mitt Romney, en noviembre, sino también a causa de una nueva propuesta de reforma fiscal corporativa que podría dificultar el financiamiento de los negocios de capital de riesgo. Sin embargo, el enemigo más peligroso de la industria no está en la Casa Blanca.

El rival está en el espejo, debido al uso generalizado de la recapitalización de dividendos por parte de las firmas de capital de riesgo; una estrategia financiera nociva que pervierte la misión de la industria y pone en peligro su futura capacidad de reunir capital.

Así es como funciona: Cuando una empresa de capital de riesgo adquiere una empresa en una compra apalancada tradicional, típicamente usa préstamos bancarios para financiar la mayor parte del precio. Debido a que la sociedad absorbida obtiene los préstamos bancarios, es la que está obligada al pago de futuros intereses, no el propietario de capital de riesgo.

El giro adicional viene cuando, a menudo años más tarde, los propietarios de capital de riesgo instruyen a la empresa a obtener aún más préstamos bancarios. Estos fondos luego son canalizados a inversores de capital de riesgo en forma de un 'dividendo', en lugar de ser utilizados para propósitos corporativos como la compra de nuevos equipos o contratar nuevos empleados.

En la mayoría de los casos, las empresas pueden manejar la carga de deuda adicional. Pero a veces los pagos de intereses se vuelven insoportables y la empresa se quiebra, como en el caso de la inversión de Bain en la firma especializada en diagnósticos médicos Internacional Dade. El capital de riesgo no sólo no aumentó el valor de la compañía, sino que sus acciones en realidad ayudaron a destruir su valor.

Aun cuando la empresa sobreviva, es difícil argumentar que la deuda añadida ha contribuido a otra cosa que al balance bancario de capital de riesgo. Y llamarlo un 'dividendo' es simplemente engañoso, ya que se supone que los dividendos provienen de ingresos legítimos.

De acuerdo con Standard & Poor's, hubo más de 28,000 millones de dólares en actividad de recapitalización de dividendos el año pasado y casi 7,000 millones de dólares durante los dos primeros meses de 2012. Eso es sólo una pequeña fracción de la actividad global de capital de riesgo, pero aún así representa una carga inaceptable para las empresas cuyo único delito es ser adquiridas por empresas que hablaban mucho de un supuesto 'valor agregado'.

Entonces, ¿qué se puede hacer para bajar la marea? La mejor solución sería el autocontrol. Por desgracia, eso sería como pedirles a los niños que elijan manzanas en vez de barras de chocolate mientras piden dulces en Halloween. Eso deja como opción la intervención del gobierno; no una prohibición de recapitalizaciones de dividendos, sino una política fiscal que desaliente su uso.

El mes pasado, el presidente Obama propuso un paquete de reforma tributaria corporativa que, en parte, dejaría de alentar a las empresas "a financiarse a sí mismas con deuda en lugar de con capital". Entre las soluciones propuestas está una reducción no especificada en la cantidad de interés que las empresas pueden reclamar como una deducción de impuestos (ahora 100%). Dependiendo de los detalles -y las posibles excepciones, como los préstamos para pequeñas empresas- una medida así podría hacer que las empresas de capital de riesgo sean mucho menos propensas a participar en recapitalización de dividendos al incrementar el costo de ese capital.

La propuesta de Obama puede sonar como un ataque al capital de riesgo, pero no es tan sencillo. Aunque las recapitalizaciones de dividendos son dinero fácil y rápido para la industria, son malas para el negocio en el largo plazo. Los inversores en fondos de capital de riesgo -incluyendo los sistemas de pensiones públicas- han empezado a hablar mucho acerca de las inversiones 'sostenibles', en lugar de simplemente comprar, vender, y seguir adelante.

Estos inversores también tienen grandes carteras de acciones públicas y no les gusta la idea de que el capital de riesgo elimine el valor de empresas que podrían volverse públicas, o que mate a una empresa, lo cual contribuye al desempleo y ayuda a provocar grandes problemas macroeconómicos. Estos inversionistas influyentes podrían reducir sus asignaciones de capital de riesgo si ven que esto ocurre demasiado.

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Así que, si el objetivo principal del presidente Obama fuera destruir el capital de riesgo, entonces podría tratar de alentar aún más recapitalizaciones de dividendos. Afortunadamente, para todos los involucrados, está haciendo lo contrario.

Este artículo es de la edición del 9 de abril de 2012 de Fortune.

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