Clase media, decisiva en elección de EU

Las promesas electorales no resolverán los problemas de este sector de la población; su estancamiento obedece a la falta de reformas educativas, aseguran expertos.
clase media  (Foto: Thinkstock)
Geoff Colvin

Al presidente Obama le gusta decir, "las elecciones de 2012 son un momento decisivo para la clase media". Se equivoca, no lo son. A Mitt Romney le gusta decir, "Este presidente y sus políticas le han dificultado las cosas al pueblo estadounidense y a la clase media". También se equivoca. En esta campaña electoral escucharemos más disparates sobre la clase media antes de la elección del 6 de noviembre, así que antes de ahogarnos en la palabrería, tenemos que ser realistas acerca de la situación real de la clase media, la desigualdad en los ingresos y lo que un presidente puede y no puede hacer.

El lamentable estado de la clase media puede llegar a ser el tema central en las elecciones generales. La América clasemediera está furiosa, todavía enfrenta un alto desempleo y un estancamiento salarial mientras que los ejecutivos y los banqueros de inversión están otra vez ganando a puños tras haber sufrido unos cuantos golpes durante la recesión.

En esa clase media es donde están los votos, por lo que ambos partidos han creado narrativas para explicar que la miseria de ese sector es culpa del partido contario. Los demócratas dicen que la recesión comenzó bajo el gobierno de Bush, provocada por los mejores amigos de los republicanos, los banqueros-peces-gordos. Los republicanos dicen a su vez que Obama ha maniatado al sector privado, generador del empleo, en favor de "más gasto, más deuda, más regulación gubernamental", como lo expresa Romney.

Ambas narrativas son virtualmente irrelevantes para la deplorable situación de la clase media, que tuvo su inicio mucho antes de la crisis financiera y la recesión. Los ingresos de la amplia clase media no han cambiado desde hace más de 20 años, tras haber aumentado lenta pero constantemente durante la mayor parte del siglo 20. ¿Por qué? Muchas teorías se han propuesto, pero la que mejor se sostiene es la delineada por los economistas de Harvard Claudia Goldin y Lawrence Katz, expuesta en artículos y en un libro, ‘The Race Between Education and Technology'. La economía demanda de forma continua un mayor nivel en las cualificaciones de los trabajadores, argumentan, y en gran parte del siglo 20 la fuerza laboral de Estados Unidos pudo satisfacer esa exigencia. En 1900, poca gente seguía estudiando después del octavo grado, en 1970 la gran mayoría terminó la preparatoria, y muchos fueron a la universidad. Los trabajadores estadounidenses se convirtieron en los mejor preparados del mundo y se ganaban su recompensa.

Luego, en la década de 1970, el nivel educativo en Estados Unidos dejó de aumentar. La tasa de graduación de la educación media superior alcanzó un máximo de 77% en 1969 y desde entonces ha descendido a alrededor del 69%, las tasas de graduación universitaria también dejaron de subir. La economía seguía demandando más trabajadores con conocimientos avanzados, pero el país dejó de producirlos. Al mismo tiempo, otros países han educado incesantemente a su población, por lo que la fuerza laboral de Estados Unidos cayó desde el primer puesto mundial a la mitad de la tabla. Resultado: la minoría compuesta por trabajadores con cualificaciones avanzadas se volvió más valiosa, mientras que el salario de la amplia clase media no registró cambios o incluso se redujo.

Luego, las cosas empeoraron. La revolución de las tecnologías de la información es maravillosa para los trabajadores con altos salarios, pues los estimula; una ejecutiva con tres pantallas en su escritorio y un iPhone en el bolsillo es mucho más productiva. Las TI no perjudican tanto a los trabajadores de bajos salarios, muchos de los cuales desempeñan funciones en el lugar de trabajo (cocinan en los restaurantes, vierten hormigón en la obra) que no se pueden ejecutar en otro sitio. Pero las TI causan la desaparición de los empleos de la clase media, el software sustituye las labores rutinarias de oficina, y las TI coordinan las cadenas de suministro, por lo que los trabajos de manufactura pueden ser realizados por personas con salarios más bajos en el extranjero.

Es evidente cuál no es el problema. No es que la clase media quedara aplastada bajo el peso de la recesión - es decir, el fin de la recesión no consiste en rescatar a la clase media. El problema tampoco es que la desigualdad en los ingresos haya aumentado, porque no lo hizo durante la recesión; los que más ganan sufrieron un golpe aún peor en la recesión que el de la clase media. El problema es que la clase media no está suministrando las nuevas cualificaciones que el mundo está demandando. Podemos solucionar ese problema. Lo resolvimos a principios del siglo 20 y de nuevo en la década de 1960 después del Sputnik, reformando nuestro sistema educativo. Esa es una labor principalmente estatal y local, no federal. Sobre todo, es un cambio cultural. Los presidentes pueden hacer poco pero no mucho para que suceda.

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Al escuchar la interminable verborrea durante la próxima contienda presidencial, nosotros, como votantes, tenemos que hacer de tripas corazón y recordarnos a nosotros mismos que sabemos lo que realmente es necesario hacer, y es algo que fundamentalmente está en nuestras propias manos.

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 9 de abril de 2012.

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