La crisis europea vuelve al acecho

Tras el alivio de liquidez del BCE, los inversores se preocupan por la política de la eurozona; las elecciones en Francia, Holanda y la crisis griega y española son el foco de su atención.
euro bandera  (Foto: Cortesía CNNMoney.com)
Ben Rooney

Si creías que la crisis de deuda en Europa había terminado, te equivocas. La crisis, que se acerca ya a su tercer año, parece haber entrando en una nueva fase conforme se desvanece la tregua en los mercados financieros mundiales, motivada por la inyección de efectivo que el Banco Central Europeo administró al sistema bancario.

La atención se ha desplazado una vez más a la política, una fuente de nerviosismo para los inversionistas, con elecciones en varios países clave que cambiarán el equilibrio de poder en la zona euro.

A medida que la economía se desliza hacia la recesión, hay un renovado debate sobre la sabiduría de la austeridad (prioridad para Alemania) frente a políticas destinadas a impulsar el crecimiento.

Este debate podría decidir el resultado de las elecciones en Francia, Grecia y ahora, posiblemente, los Países Bajos. También determinaría el destino de Portugal, España e Italia, naciones que están luchando por recuperar la credibilidad en el mercado de bonos.

"El surgimiento de estas nuevas coaliciones hará que la gestión de la crisis sea más agria", escribieron en un reporte los analistas de Eurasia Group.

Aunque las autoridades políticas han tomado medidas para contener la crisis, muchos de los problemas a largo plazo todavía tienen que ser resueltos.

Entre tanto, las perspectivas inciertas en la política y la economía están alimentando el nerviosismo de los inversores, aumentando la presión sobre el BCE para que actúe a fin de estabilizar los mercados financieros.

En las próximas semanas hay que estar pendientes de los siguientes acontecimientos:

Los días de la dupla "Merkozy" están contados

En Francia, el candidato socialista Francois Hollande derrotó por estrecho margen al titular Nicolas Sarkozy en la primera ronda de las elecciones presidenciales celebrada la semana pasada. Hollande es el favorito para ganar la ronda final de votaciones el 6 de mayo, aunque la contienda puede ser más cerrada de lo esperado.

Hasta la fecha, Francia y Alemania han sido los principales actores en la respuesta a la crisis, hasta el punto de que Sarkozy y la canciller alemana, Angela Merkel,  han recibido el apelativo "Merkozy".

La doctrina Merkozy ha exigido medidas de austeridad a las naciones de la eurozona que han solicitado rescates financieros de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

Los dos líderes también han abogado por una mayor "integración" política y económica, siendo los principales defensores del "pacto fiscal" que los líderes del bloque firmaron el año pasado.

Hollande, sin embargo, ha sugerido que él renegociaría el pacto fiscal antes de recomendar que Francia ratifique las normas presupuestarias y las sanciones propuestas. También ha defendido políticas más orientadas al crecimiento, lo que sugiere que podría tener una relación complicada con Merkel, quien favorece los recortes al gasto.

La discusión presupuestaria derrumba al gobierno holandés

Mientras tanto, los Países Bajos han surgido como otra fuente de incertidumbre política después de que la imposibilidad de aprobar los recortes presupuestarios provocara la renuncia del ​​primer ministro de la nación.

El primer ministro Mark Rutte renunció luego de que el líder del partido de extrema derecha, Geert Wilders, retirara su apoyo para implementar los recortes necesarios a fin de cumplir con las reglas presupuestarias de la UE.

No se sabe con claridad que ocurrirá, pero Wilders y otros políticos holandeses han llamado a elecciones lo más pronto posible. La agitación política despertó la preocupación de que Holanda, uno de los pocos países con calificación AAA de la zona euro, podría ver rebajada su calificación crediticia.

Grecia sigue sin levantar cabeza

En medio de una mayor austeridad y una economía menguante, los votantes griegos elegirán un nuevo gobierno el 6 de mayo. Grecia ha sido dirigida por un gobierno provisional desde que el primer ministro, George Papandreou, renunció a fines del año pasado ante la presión de Francia y Alemania.

Lucas Papademos, el primer ministro interino, orquestó el default de deuda soberana más grande de la historia y aseguró un segundo programa de rescate de 130,000 millones de euros en los seis meses que lleva en el cargo.

Para calificar para el plan de rescate, Grecia se vio obligada a promulgar una serie de medidas de austeridad y llevar a cabo en los próximos años un programa de reformas estructurales que será supervisado por el FMI.

Grecia ya ha padecido años de austeridad, que en opinión de muchos economistas ha empeorado la recesión del país. Además, el endeudamiento que arrastra es todavía muy alto y tal vez requiera más reestructuración incluso si completa las reformas bajo el programa de rescate. Esto sugiere que Grecia podría verse obligada a abandonar la divisa común del euro a finales de este año, según Capital Economics.

El efecto dominó: Portugal, España e Italia

Después de Grecia, los inversionistas ven a Portugal como el candidato más probable para otro rescate.

Los costos de endeudamiento de Portugal se dispararon a principios de este año ante los temores de que el país pudiera buscar la reestructuración de su deuda.  A los inversionistas también les afectó que Standard & Poor's degradara en enero la calificación crediticia de Lisboa, etiquetándola como bono basura.

En la revisión más reciente, el FMI dijo que Portugal, en líneas generales, "bien encaminada" con el programa de rescate de 78,000 millones de euros que el país recibió hace un año.

Aunque la economía portuguesa es comparativamente pequeña, los problemas de la nación han puesto de relieve los desafíos que enfrentan las grandes economías de la eurozona, como España e Italia.

España recientemente reveló que su déficit presupuestario de 2011 fue mucho mayor a lo esperado y advirtió que el gobierno podría no cumplir los objetivos fiscales de 2012.

El primer ministro Mariano Rajoy, en el poder desde diciembre, ha propuesto un programa de austeridad con recortes de 27,000 millones de euros. Sin embargo, la economía española, que sufre de un alto desempleo y problemas en el sector bancario asociados al mercado inmobiliario, ha vuelto a caer en recesión.

Aunque las autoridades dicen que España puede evitar un rescate, los rendimientos de los bonos españoles han aumentado recientemente de forma drástica ya que los inversores temen que la nación requerirá de algún tipo de ayuda externa.

A los inversores también les preocupa Italia, la tercera mayor economía de la zona euro, a pesar de los progresos realizados por el primer ministro, Mario Monti, en materia de reforma laboral.

El temor es que, si España necesita ser rescatada, no habrá suficiente dinero para auxiliar a Italia en el caso de que las reformas de Monti no basten.

Monti, a su vez, se ha manifestado contra la austeridad, enfatizando la necesidad de estimular el crecimiento toda vez que la economía italiana lleva años estancada.

Las opciones del BCE son limitadas

El Banco Central Europeo intensificó sus esfuerzos para prevenir una crisis crediticia a finales del año pasado, cuando ofreció a los bancos europeos acceso ilimitado a préstamos baratos a largo plazo.

En dos operaciones distintas, el BCE inyectó más de un billón de euros en el sistema bancario.

El presidente del BCE, Mario Draghi, dijo que el objetivo era ayudar a los bancos que tenían problemas para autofinanciarse en medio de las preocupaciones por la exposición a la deuda soberana. La inyección de liquidez también contribuyó a reducir los costos de endeudamiento para los gobiernos atribulados de la eurozona.

Y a medida que los rendimientos vuelven a la zona de peligro, los inversionistas tienen las esperanzas puestas otra vez en el BCE para salvar el día. Por ello, se especula que el BCE puede reanudar la compra de deuda gubernamental bajo el polémico programa de  compra de bonos soberanos.

Así mismo, algunos analistas han sugerido que el BCE podría recurrir a la flexibilización cuantitativa, una estrategia utilizada por la Reserva Federal para ayudar a impulsar la economía.

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Sin embargo, tales medidas violarían el mandato del BCE, que es mantener la estabilidad de precios, y el Banco ya se ha alejado mucho de su zona de confort. Además, la intervención en el mercado de bonos plantea cuestiones espinosas de "riesgo moral".

En su lugar, Draghi ha subrayado que los gobiernos deben avanzar en la consolidación fiscal y en las reformas para aumentar la competitividad económica.

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