China requiere reformar a sus bancos

Las entidades del país asiático tienden a favorecer a las paraestatales y afectar al sector privado; cambiar el sistema financiero llevará a un crecimiento sostenido y beneficiará a la economía...
banco de china  (Foto: Cortesía CNNMoney.com)
Douglas J. Elliott

Todos nos damos cuenta que la economía china tiene gran importancia para Estados Unidos, afecta directamente a su comercio, sus inversiones, el valor del dólar y la inflación.

Indirectamente, afecta todavía más por el impacto que tiene sobre los otros socios comerciales de la Unión Americana, en especial Europa, y porque dicha influencia propulsa a China como una potencia mundial en todos los niveles, no sólo en lo económico.

Lo que no es tan evidente para todos es el papel fundamental que los bancos de China juegan en todo esto.

Casi la mitad de la producción económica de China se destina cada año a la inversión en infraestructura, edificaciones residenciales y comerciales, la construcción de fábricas, etc. Gran parte de esta inversión se financia con préstamos, por lo que el sistema financiero es de vital importancia para mantener las elevadas tasas de crecimiento que registra China.

Los bancos dominan ese sistema financiero, mucho más que en la economía más desarrollada de Estados Unidos, donde los bancos proporcionan solamente un tercio de  todo el crédito. El resto proviene de los mercados financieros y de los prestamistas no bancarios.

En particular, cuatro bancos (de dimensiones masivas y  cada uno de propiedad mayoritaria del Estado chino), dominan la escena: ICBC, China Construction Bank, el Banco Agrícola de China, y el Banco de China.

El propósito fundamental de cualquier sistema financiero es permitir que la economía "real" funcione mejor, no creamos bancos porque nos gusten sus edificios, o porque disfrutemos la belleza de un convenio bien redactado.

El sector financiero ayuda al resto de la economía al asegurar que haya suficientes fondos disponibles para las transacciones cotidianas y para inversiones útiles en el futuro. Además, la financiación debe estar disponible a un costo razonable.

Por otra parte, el sistema financiero tiene como objetivo garantizar que las familias y las empresas puedan invertir los fondos excedentes para obtener un buen rendimiento.

Desafortunadamente, el sistema financiero de China está batallando para cumplir eficazmente estos objetivos fundamentales.

El crédito es demasiado barato y fácilmente disponible para las empresas estatales que participan en proyectos derrochadores o que son, sencillamente, pésimas competidoras; animándolas a mantener niveles peligrosamente altos de deuda, y poniendo en peligro la necesidad de grandes rescates gubernamentales si la economía se tambalea.

Por otro lado, la empresa privada, la parte más dinámica de la economía china y la principal fuente de nuevos puestos de trabajo, tiene dificultades para obtener financiación bancaria y a menudo tiene que recurrir a otras fuentes mucho más costosas.

Además, las tasas de interés de los depósitos bancarios llevan años por debajo de la tasa de inflación, a veces de manera dramática. Esto es relevante porque los depósitos bancarios son el sitio donde los chinos tienen gran parte de sus ahorros e inversiones.

Expertos chinos y líderes políticos están conscientes de que su economía ha llegado a una encrucijada donde los enfoques antiguos han llegado a su límite y un nuevo modelo  necesita ser desarrollado.

Recientemente, el Banco Mundial divulgó un estudio excelente sobre este tema, en conjunto con un importante ‘think tank' del Gobierno chino. Su análisis confirma lo que concluyeron muchos otros expertos, esto es, que China necesita dar un gran paso en su largo proceso de reforma económica, modificando a fondo la forma en que opera su sistema financiero.

Si se hace bien, los cambios pueden ser una parte importante de una transición hacia una sociedad que continúe disfrutando de un intenso crecimiento económico, pero bajo un esquema más sostenible.

Este nuevo modelo tiene como eje la mejora del nivel de vida, a fin de que el gasto del consumidor chino ayude a impulsar la economía, y se dependa menos de las exportaciones, la inversión en construcciones e infraestructuras.

Si las reformas son bloqueadas o distorsionadas por los fuertes intereses creados que se han desarrollado en los últimos años, o si China maneja mal la delicada reducción de su burbuja inmobiliaria, podría encontrarse con un crecimiento más lento y volátil, y golpes inflacionarios, que provocarán malestar social que podría ralentizar la economía todavía más.

El déficit comercial de Estados Unidos con China podría ampliarse otra vez, el crecimiento alrededor del mundo podría decaer, y los riesgos políticos o incluso militares de una China menos estable y probablemente más nacionalista podrían aumentar considerablemente.

Douglas J. Elliott es investigador en la Brookings Institution, donde se especializa en el análisis del sistema financiero mundial y sus regulaciones.

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