EU, hora de subir las tasas de interés

Mantener las tasas bajas para alentar el consumo debilita al mismo tiempo el ahorro: Sheila Bair; la ex presidenta de la FDIC sugiere implementar reformas fiscales que se apliquen gradualmente.
dolar estadounidense  (Foto: Thinkstock)
Sheila Bair*

A finales de la década de 1800, a los barones de las minas de carbón no les faltaban formas de maximizar las ganancias a costa de sus trabajadores. Los mineros recibían sueldos de hambre para luego ser forzados a comprar en las conocidas 'tiendas de raya', en las que se les vendían bienes a precios excesivos en condiciones de crédito abusivas. Con el tiempo, las miembros de las familias mineras se encontraban "otro día más viejos y más hundidos en la deuda", como Tennessee Ernie Ford se lamentaba en la popular canción de 1950, Sixteen Tons.

Se ha prestado mucha atención a la desigualdad de los ingresos en Estados Unidos durante las últimas décadas. Menos atención se ha prestado a las crecientes disparidades en la deuda entre los que tienen y los que no tienen. Según un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), la relación ingreso-deuda para el 95% en la parte inferior del conjunto de perceptores de ingresos en Estados Unidos se disparó de 60% en 1983 a 140% en 2007. Para el 5% en la parte superior, la carga de deuda disminuyó desde 80% en 1983 a 65% en 2007. Al mismo tiempo, los salarios reales de la clase trabajadora se estancaron. La economía estadounidense sigue un modelo de negocio similar al de la tienda de raya. Los trabajadores estadounidenses experimentaron poco crecimiento en su salario real, pero en vez de eso se les dio un fácil acceso a créditos para comprar casas a precios excesivos, bienes importados y otras cosas que de otro modo no podrían costear.

Ahora viene un grupo de progresistas, dirigido por el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, que proponen, lo has adivinado, más gasto y créditos al consumo como la principal solución a nuestros problemas económicos. Abogan por la acción agresiva de la Fed de mantener las tasas de interés cerca de cero, así como por elevar la meta de inflación a entre 4% y 5%. Argumentan que los consumidores, atraídos por las tasas de interés bajas, pedirán prestado y gastarán más, mientras que aquellos de nosotros que han acumulado ahorros empezarán a gastar esos ahorros en lugar de dejar que una mayor inflación erosione su valor. Todo este gasto de los consumidores creará empleos y nos sacará de nuestros problemas económicos, o por lo menos, ésa es su teoría.

Aquí está mi pregunta: Una vez que todos hayamos pedido prestado tanto como nos sea posible y gastado nuestros ahorros, ¿entonces qué? Sus argumentos suponen que nuestros problemas son cíclicos, no estructurales, y que de alguna manera podremos volver con éxito a los buenos viejos tiempos pre-crisis si podemos estimular una suficiente demanda de los consumidores. Pero si aprendimos algo en 2008, es que el gasto de los consumidores impulsado por el crédito basado en una política monetaria acomodaticia no es un modelo sostenible. La Reserva Federal puede imprimir un montón de dinero, pero no puede controlar lo que se hace con él. En lugar de apoyar nuevos préstamos para un crecimiento económico saludable y sostenible, esos billones de dólares recién acuñados podrían fácilmente impulsar burbujas de activos y préstamos irresponsables y la adopción de riesgos por parte de instituciones financieras e inversores sedientos de rendimientos. Las tasas de interés cercanas a cero desalientan el ahorro y debilitan los fondos de pensiones. Al mismo tiempo, fomentan inversiones especulativas muy apalancadas basadas en fluctuaciones de precios a corto plazo, no en fundamentos económicos a largo plazo.

Teniendo en cuenta los millones de baby boomers que están cerca de la cúspide de la jubilación, y los escasos recursos de Seguridad Social y Medicare para apoyarlos, lo último que deberíamos hacer es aplicar políticas para erosionar los ahorros privados. Y con los consumidores sobrecargados tan sólo a medio camino en el proceso de desapalancamiento, ahora no es el momento para instarlos a asumir nuevas deudas. Sin duda, la capacidad de refinanciar las hipotecas a tasas mucho más bajas ha sido un resultado positivo de la política de tasas de interés cercanas a cero de la Reserva Federal. Pero los refinanciamientos hipotecarios eventualmente seguirán su curso.

Krugman y sus aliados quieren aumentar la meta de la inflación como una forma de manipular a los consumidores para gastar más con los dólares más altamente valuados de hoy. Ellos minimizan los efectos nocivos de la inflación en aquellos cuyos ingresos no siguen el ritmo del costo de vida. La historia ha demostrado que una vez que la inflación comienza a acelerarse, puede ser difícil de controlar. Por otra parte, no está claro si incluso el poderoso Banco Central puede mantener las tasas bajas mientras explícitamente eleva la meta de inflación. Esto simplemente podría conducir a los inversores de bonos a exigir mayores intereses por sus inversiones para compensar por el riesgo de inflación. Además, es poco probable que la Fed pueda generar inflación en la única área en la que podría ser útil -la vivienda-, dadas las grandes cantidades de existencias previstas para llegar al mercado durante los próximos años, las cuales ejercerán una presión compensatoria a la baja sobre los precios de las viviendas.

La dura realidad es que la solución a nuestros problemas depende de la política fiscal, no de la política monetaria. Por desgracia, es más fácil instar a la Fed a que siga imprimiendo dinero de lo que es convencer a nuestros líderes políticos de que empiecen a hacer su trabajo. Los mayores bloqueos al futuro económico de Estados Unidos se encuentran en las ineficiencias del código fiscal, en la defensa insostenible del gasto, y lo más importante, en la incertidumbre masiva por parte de empresas y hogares acerca de cómo o incluso de si acaso estas cuestiones fundamentales se resolverán. Los progresistas cumplirían una mejor función si se enfocaran en cómo podemos sacar más provecho de nuestros dólares de gasto social, tomando en cuenta nuestro alto gasto per cápita en atención de salud y en educación con resultados mediocres. Del mismo modo, los conservadores necesitan enfrentar el hecho de que necesitamos más ingresos fiscales, y que la verdadera pregunta es si los conseguimos subiendo las tasas, imponiendo nuevos impuestos al consumo, o reduciendo dramáticamente los vacíos tributarios (mi preferencia).

Los que favorecen la responsabilidad fiscal sobre la política monetaria laxa no deben ser marcados con la letra escarlata 'A' de austeridad. A diferencia de muchos países europeos que han apretado demasiado rápido (aunque algunos no tienen otra opción, teniendo en cuenta sus graves situaciones fiscales), podemos y debemos introducir gradualmente reformas fiscales y de gasto. Es más, en algunas zonas, el gasto adicional tiene sentido. Concuerdo con Krugman en que incluso con las actuales limitaciones presupuestarias, debemos emprender programas bien diseñados y administrados para reparar la infraestructura. Ese tipo de 'estímulo' creará empleos en construcción mientras proporciona beneficios a largo plazo para nuestra economía a través de sistemas de transporte más eficientes, fuentes ininterrumpidas de agua, y edificios más seguros para las escuelas de nuestros hijos.

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Las reformas fiscales estructurales darán a nuestra economía beneficios reales y duraderos. Por otro lado, demasiado dinero fácil de la Reserva Federal, aunque bien intencionado, contribuye a las burbujas de activos, a la toma de riesgos excesiva y a una población excesivamente cargada de deuda que, como los mineros de carbón de antaño, requerirán de años para salir a flote.

*Sheila Bair fue presidenta de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos de Estados Unidos (FDIC, por sus siglas en inglés).

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