China, con sed de petróleo americano

El gigante asiático ha invertido millones en la región para satisfacer su demanda de crudo; el consumo chino prodría provocar que el precio del energético en EU disminuyera.
petrochina  (Foto: AP)
Steve Hargreaves
NUEVA YORK -

Deseoso de alimentar su creciente apetito de energía, el atracón de compras de China de petróleo y otros activos energéticos a nivel mundial se está extendiendo a Norteamérica y Sudamérica.

La mayoría de los analistas dicen que el nuevo interés de China en la energía americana podría ser, de hecho, algo bueno para los consumidores de Estados Unidos, ya que es probable que aumente el suministro de petróleo y gas alrededor del mundo y posiblemente bajará los precios.

Grandes acuerdos: A principios de este mes, se reportó que PetroChina está cerca de comprar una antigua refinería en Aruba propiedad del gigante estadounidense de refinación Valero.

También se dice que China está interesada en construir un gasoducto para transportar 300,000 barriles diarios de petróleo colombiano hacia la costa del Pacífico, según una nota reciente de Eurasia Group.

Estas ofertas se producen poco después de otras importantes adquisiciones energéticas.

Éstas incluyen la compra por parte de CNOOC de una participación de 2,000 millones de dólares en los campos petroleros de Chesapeake en Texas en 2010, así como la compra por parte de CNOOC del operador canadiense de arenas petrolíferas OPTI Canada, en 2011.

También en 2011, China National Petroleum Corp. pagó más de 5,000 millones de dólares por una empresa conjunta en propiedades canadienses de shale gas en poder de Encana; y Sinopec pagó 7,000 millones de dólares por una participación en los activos petroleros en aguas profundas de Brasil.

Un apetito insaciable: Las adquisiciones están siendo impulsadas por una necesidad básica de energía.

Actualmente, China consume alrededor de 10 millones de barriles de petróleo al día, aproximadamente la mitad de lo que Estados Unidos utiliza. Al igual que Estados Unidos, China importa la mitad del petróleo que necesita.

Pero a diferencia de Estados Unidos, donde la demanda de petróleo es plana o está en declive, se prevé que la demanda en China aumente en 50% para 2020.

"Deben conseguir todo lo que puedan de donde sea", dijo David Fridley, un científico del personal de Grupo de Energía China del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley. "Ir a América les proporciona un régimen jurídico y político que garantiza estabilidad".

Gran parte de las compras de energía y recursos naturales de China se han producido en lugares inestables: el sudeste asiático, Medio Oriente, África.

El continente americano es sin duda mucho más estable que cualquiera de esas regiones. Ésa es una perspectiva atractiva para un país que depende de un flujo constante de recursos.

América también se encuentra en medio de un auge energético. Desde la producción de arenas petrolíferas en Canadá y el shale gas en Estados Unidos hasta los prometedores hallazgos en aguas profundas frente a Brasil, el continente se está convirtiendo rápidamente en una potencia energética.

Levantando sospechas: Como sucede con la mayoría de las principales incursiones energéticas en el hemisferio occidental, el interés en los recursos de la región por parte de un país externo está ligado a un cierto malestar en Estados Unidos.

Pero los analistas dicen que cualquier aumento de la producción mundial de energía, ya sea por parte de una empresa china o de cualquier otro país, debería reducir los precios del petróleo en todo el mundo.

"La impresión popular es: 'Oh, China está metiendo las narices en nuestros negocios'", dijo Fridley. "Pero hace que la rebanada sea más grande para todos".

Al Troner, un ex académico del East-West Center, quien ahora dirige Asia Pacific Energy Consulting, dijo que el interés de China en las refinerías del hemisferio occidental demuestra que probablemente pondrá disposición del mercado global gas, diesel y otros productos.

Las compañías petroleras de China, dijo, no están simplemente interesadas en enviar suministros a China, sino más bien en utilizar sus asociaciones en el continente americano para convertirse en empresas petroleras verdaderamente globales que puedan competir con firmas de la talla de Exxon Mobil, BP o Royal Dutch Shell.

"Esto no es un insidioso complot de 1960 para destruir a Estados Unidos", dijo Troner. "Si ellos pueden aumentar tanto la oferta como la demanda, entonces ¿cuál es la pérdida para los demás?"

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