Los 5 mitos de la gran crisis financiera

Cinco años después de que la economía de EU pendiera de un hilo, prevalecen ideas equivocadas; buscar culpables y lamentar decisiones pasadas no ayudarán a corregir los problemas financieros.
dólar  (Foto: Thinkstock)
Allan Sloan

Es difícil de creer, pero han pasado cinco años y dos días desde que los problemas del sistema financiero estadounidense salieron a la luz, y todavía no estamos ni remotamente cerca de poder sentirnos bien acerca de la economía. Mi arbitraria fecha de inicio de la crisis es el 12 de junio de 2007, el día en que el Wall Street Journal informó que dos fondos de cobertura de Bear Stearns que poseían títulos de hipotecas estaban en grandes problemas.

En ese momento, las cosas no parecían tan sombrías en absoluto; de hecho, las acciones estadounidenses alcanzaron un máximo histórico cuatro meses más tarde. Pero, en retrospectiva, las tribulaciones de los fondos, que colapsaron en cuestión de semanas, fueron un aviso de que una crisis estaba en marcha. Los problemas siguieron apareciendo, los esfuerzos para restaurar la calma fracasaron, y temblamos ante el borde de un abismo financiero en 2008-2009. Las cosas han mejorado desde entonces, pero todavía no están cerca de estar bien.

Hay un largo camino por recorrer antes de que la economía y las personas se recuperen de las heridas infligidas por la crisis financiera. El valor de las propiedades de los dueños de viviendas -el mayor activo financiero de la mayoría de los estadounidenses- se ha reducido en 4.7 billones de dólares, aproximadamente 41%, desde junio de 2007, de acuerdo con la Reserva Federal (Fed). El mercado de valores de Estados Unidos ha perdido 1.9 billones de dólares en valor, según cifras de Wilshire Associates. Lo que es peor, el país tiene menos personas trabajando ahora -142.3 millones- que en aquel entonces (146.1 millones), a pesar de que la población en edad de trabajar ha crecido. Así que, aunque a mucha gente le está yendo bien e industrias enteras se han recuperado, la gente promedio está en una peor situación ahora. Bastante peor.

¿Qué debes pensar acerca de los últimos cinco años? ¿Qué podemos aprender de ellos? ¿Y qué podemos hacer como sociedad para reducir al mínimo las posibilidades de una recurrencia?

He estado escribiendo acerca de la crisis financiera y sus consecuencias casi continuamente desde que me uní a Fortune un mes después de que los síntomas aparecieron. Ahora, a cinco años del inicio del problema, me encuentro cada vez más enojado y frustrado al ver que el mito suplanta a la realidad de lo sucedido, y al ver cómo la fantasía desplaza al sentido común cuando se trata de solucionar los problemas que nos metieron en este lío.

¿Listos? Bueno, aquí vamos.

Mito #1: El gobierno no debería haber hecho nada.

Hay una idea que está ganado adeptos de que todo lo que el gobierno estadounidense hizo, desde el Programa de Alivio para Activos en Problemas (el ahora infame TARP) hasta los innovadores programas de financiamiento y recorte de tasas de la Fed, acabaron por empeorar el problema. Y que mejor debió haber dejado que los mercados hicieran lo suyo.

¡Falso! ¡Falso! ¡Falso! Durante los oscuros días de 2008-2009, cuando instituciones gigantescas como Washington Mutual, Wachovia y Lehman Brothers quebraron y firmas de la talla de Citigroup, Bank of America, AIG, GE Capital, Merrill Lynch, Morgan Stanley, Goldman Sachs, y grandes bancos europeos estaban al borde del colapso, dejar que todos colapsaran hubiera provocado un apocalipsis financiero. Podríamos haber terminado en una crisis peor que la Gran Depresión, que fue la última vez en que las fallas en el sistema financiero (en lugar del alza de tasas por parte de la Fed) engendraron una desaceleración económica en Estados Unidos.

¿Quieres dejar que las instituciones grandes quiebren? Bueno, mira lo que pasó cuando se permitió que Lehman se fuera a pique en septiembre de 2008. (El Departamento del Tesoro y la Fed insisten en que no había manera de salvar a la firma, aunque me pregunto si no habrían ideado una si no hubieran pasado por tanto sufrimiento al no permitir el colapso de Bear Stearns seis meses antes).

El colapso de Lehman congeló los mercados de dinero a corto plazo, haciendo imposibles las finanzas normales. Una corrida de fondos en el mercado monetario se inició cuando el Reserve Primary Fund, un pionero de la industria, dijo que su valor neto cayó por debajo de un dólar por acción a causa de las pérdidas de la deuda emitida por Lehman. Goldman Sachs y Morgan Stanley estaban a punto de quebrar porque los fondos de cobertura y otros clientes de 'corretaje preferencial', comenzaron a sacar su efectivo en respuesta al congelamiento de los activos de corretaje preferencial en la sucursal de Lehman en Londres.

El gobierno federal estadounidense (incluyendo a la Reserva Federal) tuvieron que colocar billones de dólares y garantizar billones de obligaciones -un total que calculé el año pasado (ver El rescate de EU: impopular y prolífico) en más de 14 billones de dólares- para detener el pánico.

Lehman fue una prueba beta para permitir que los mercados se ocuparan de sus propios problemas, y fracasó miserablemente.

Mito #2: El gobierno rescató a accionistas.

Los verdaderos beneficiarios del rescate gubernamental de las instituciones financieras no fueron sus accionistas, fueron sus prestamistas.

Los accionistas de las enormes instituciones financieras en problemas que obtuvieron dinero y otros bienes del TARP han pasado por un sufrimiento severo desde el 11 de junio de 2007, el día antes de que el problema surgiera. Las pérdidas superaron el 99% en Fannie Mae y Freddie Mac, 97% en AIG y 85% o más en otras instituciones afectadas que los contribuyentes estadounidenses rescataron. El S&P 500, por el contrario, ha caído sólo 13%. Sí, una pérdida del 100% sería apropiada para Citi, Bank of America y AIG, que en esencia quebraron. Sin embargo, sus accionistas no han emergido como ganadores.

Es claramente injusto que los prestamistas de estas empresas escaparan ilesos, al igual que las contrapartes de AIG, que fueron pagadas con dinero de los contribuyentes. ¿Por qué el gobierno hizo lo correcto en GM y Chrysler cuando obligó a los acreedores a aceptar descuentos antes de financiar la reorganización de las empresas, e hizo lo incorrecto al rescatar a los acreedores de las empresas financieras?

El Tesoro afirma que afectar a los acreedores financieros de las empresas habría creado más problemas que los que solucionaría. "En una crisis financiera severa", dijo un funcionario del Tesoro de muy alto rango al que acordé no nombrar, "la obligación principal es evitar el pánico y el grave perjuicio económico que causa a los inocentes. En esas crisis, si obligas a los acreedores de una institución sistémicamente importante a aceptar descuentos en sus pagos, es como añadir combustible a un fuego ardiente".

Una de los disidentes destacados de este enfoque es Sheila Bair, ex presidenta de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés) quien ahora es también columnista de Fortune. Bair dijo que "no hubo una desorganización del mercado" cuando los tenedores de bonos de Washington Mutual Savings Bank sufrieron pérdidas graves a medida que la FDIC Corp. tomó control de WaMu en la mayor quiebra bancaria en la historia. Mi corazón está con Bair. Pero comprendo totalmente por qué el Tesoro y la Fed actuaron como lo hicieron.

El problema de rescatar a los acreedores supuestamente ha sido resuelto para futuras quiebras, como veremos en breve. Pero tengo mis dudas.

Mito #3: La Regla Volcker nos salvará.

Vamos a dejar una cosa en claro. Washington no está dispuesto a cambiar drásticamente el sistema financiero del modo en que fue cambiado a raíz de la Gran Depresión. En lugar de empequeñecer a las empresas financieras gigantescas para que ya no sean 'demasiado grandes para quebrar'- un proceso que Dick Fisher, director de la Fed de Dallas, maravillosamente comparó con la cirugía bariátrica de encogimiento de estómago- estamos tratando de alejar los problemas mediante la legislación. Creando, por lo tanto, toda una serie de regulaciones nuevas y aparentemente duras, pero casi incomprensibles.

La más importante: la Regla Volcker, la cual se supone que permitirá a bancos asegurados hacer transacciones de valores a nombre de sus clientes, pero no especular con sus propias cuentas. Eso suena muy bien. Pero no va a funcionar. Como predije, diferenciar entre crear mercado y especular ha resultado imposible de definir en una manera sencilla y aplicable. La primera versión de la norma propuesta tenía casi 300 páginas. Buena suerte con eso.

En lugar de la sobrevalorada Regla Volcker, necesitamos la muy desconocida Regla Hoenig. La he llamado así por Tom Hoenig, ex jefe de la Fed de Kansas City y actual vicepresidente en funciones vicepresidente de la FDIC.

En un artículo maravilloso presentado en mayo del año pasado -para mi pesar, no lo leí sino hasta este mayo- Hoenig (pronunciado ja-nig) propone dividir los bancos por función, no por tamaño. Es tan simple que es brillante. Él eliminaría todo el trading y la cobertura de los bancos. Si un banco quiere cubrir su cartera de préstamos, tendría que comprar una cobertura, no crear una. "Se deben eliminar esas actividades de alto riesgo de los bancos asegurados, no tratar de regularlas más", me dijo.

Él permitiría a los bancos participar en actividades de banca de inversión como asegurar bonos y acciones; así que no estamos hablando de un regreso a las reglas Glass-Steagall de la era de la Depresión que el Congreso derogó en 1999. Es una separación inteligente de las actividades de alto riesgo de las actividades de bajo riesgo.

Hoenig también alteraría las reglas que rigen los fondos del mercado monetario y cambiaría la forma en que las operaciones de 'recompra' son tratadas como bancarrotas. Los fondos de inversión a corto plazo en el mercado monetario tendrían que ajustar sus valores al precio del mercado en lugar de garantizar a los titulares a 1 dólar por acción. Este requisito, junto con el término del apoyo federal implícito a las cuentas de fondos de inversión del mercado monetario (que el gobierno garantizó en el pico de la crisis), reforzaría una disciplina seria entre los gestores de fondos.

La idea es mejorar la transparencia financiera y limitar severamente el "sistema bancario en las sombras", que permitió a firmas como Lehman, Bear Stearns, y las subsidiarias 'vehículos estructurados de inversión' de Citi acumular obligaciones de recompra y fondos monetarios que no aparecían en los estados financieros de sus firmas matrices.

Hoenig es simple. Y viable. Y enfurecería a Wall Street y a sus compañeros. Es una lástima que la idea de Tom Hoenig no sea tan valorada en Washington como lo es la de Volcker. Hoenig probablemente arreglaría el problema de 'demasiado grandes para quebrar'. Con Volcker, no hay esperanza.

Mito #4: Los contribuyentes se han librado de quiebras futuras.

La legislación de reforma Dodd-Frank aprobada en 2010 está siendo considerada en Washington como una manera de lidiar con futuros colapsos de grandes instituciones financieras sin poner en riesgo el dinero de los contribuyentes, o dar a los acreedores un pase libre.

Funcionaría así: La FDIC, utilizando sus nuevos poderes, se apoderaría de las llamadas instituciones financieras sistémicamente importantes -SIFI, por sus siglas en inglés- y liquidaría a sus accionistas. A continuación, convertiría la deuda de la empresa propietaria en acciones de una nueva SIFI con un severo descuento, y recaudaría fondos para recapitalizar a la nueva SIFI, ya sea por parte del Departamento del Tesoro o por préstamos respaldados por el Tesoro. El Tesoro tendría prioridad sobre todo lo que posea la nueva SIFI. La Fed estaría fuera del juego.

"Queremos hacer responsables tanto a los accionistas como a los tenedores de bonos", me dijo Martin Gruenberg, director interino de la FDIC. "Tenemos la autoridad que necesitamos. ¿Podemos mantener la estabilidad y hacer a la empresa responsable ante el mercado? Hemos tratado de desarrollar la capacidad de hacer eso como una alternativa a un plan de rescate".

Han intentado, ¿pero han tenido éxito? Tengo mis dudas. Las propuestas detalladas de la FDIC suenan geniales. Pero al igual que la Regla Volcker, se convertirán en un juego financiero del gato y el ratón a medida que las SIFI evadan las reglas una vez que se hagan definitivas. Por ejemplo, me tomó alrededor de tres segundos darme cuenta de que las SIFI pueden pedir prestado a nivel operativo, en lugar de a nivel de la empresa propietaria. ("Valdría la pena considerar la exigencia de un cierto nivel de deuda a la sociedad matriz", dijo Gruenberg). Sin duda habrá muchas otras maneras de eludir las reglas.

Yo apoyo a la FDIC. Pero mi cerebro me dice que, en este juego, los ratones financieros no se dejarán cazar por el gato.

Mito No. 5: La culpa es del gobierno.

Sí, hubo muchos prestatarios irresponsables e inmorales que obtuvieron hipotecas que sabían (o debían haber sabido) que no podrían pagar. Y sí, puedes argumentar que el afán del gobierno federal de incrementar los niveles de propiedad de vivienda fue parcialmente responsable de la reducción de las normas de los préstamos. Pero la idea de que el gobierno es el principal culpable de todo este lío es ilusa. Fue el mercado privado -no los programas gubernamentales- los que hicieron, empaquetaron y vendieron la mayor parte de estos endemoniados préstamos sin tener en cuenta su calidad. El empaquetamiento, combinado con los credit default swaps (CDS o seguro contra el riesgo de impago de deuda) y otros derivados esotéricos, extendieron el contagio a todo el mundo. Es por eso que lo que inicialmente parecía ser un grande pero controlable problema hipotecario en Estados Unidos, desencadenó una crisis financiera a nivel mundial.

Hemos satanizado y nos hemos quejado lo suficiente desde que este lío estalló en 2007. Es hora de que dejemos de tratar de culpar a 'los otros' -ya sean los pobres o los ricos o Wall Street o los organizadores comunitarios- por los problemas que casi hundieron el sistema financiero mundial.

Ha llegado el momento -después de cinco años, de hecho ya se nos hizo tarde- para dejar de señalarnos con el dedo unos a otros, y para corregir los excesos que casi nos hundieron. El mercado ciertamente no funcionó muy bien. Las soluciones de regulación del gobierno, como la Regla Volcker y las 'reglas de resolución' Dodd-Frank no van a funcionar muy bien. Necesitamos sentido común, como la Regla de Hoenig, y mercados (en lugar de miles de reguladores) que puedan imponer disciplina en instituciones que no serán demasiado grandes para permitirles quebrar.

Ésas, amigos, son las lecciones de los últimos cinco años. Esperemos que en algún momento finalmente las aprendamos.

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Reporte adicional de Doris Burke

Este artículo es de la edición del 12 de julio de 2012 de Fortune.

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