Río 20, sustentabilidad en aguas negras

A la Bahía de Río de Janeiro llegan 1,200 millones de litros de aguas residuales al día; 50,000 expertos se reunirán en la ciudad para la conferencia de desarrollo sustentable de la ONU.
Rio 20  (Foto: AP)
RIO DE JANEIRO (AP) -

Los expertos en medioambiente que llegarán a Río de Janeiro a una conferencia sobre desarrollo sustentable seguramente esperan encontrar playas de arena blanca y aguas cristalinas. Sin embargo, la realidad es que lo primero que notarán al salir del aeropuerto no será la brisa del mar sino el hedor inconfundible de aguas residuales. Esto se debe a que el aeropuerto se encuentra en una bahía al que llegan 1,200 millones de litros de aguas residuales por día. El equivalente a 480 piscinas olímpicas llenas de mugre.

Al encaminarse a la ciudad, los visitantes verán botellas que flotan en el agua, televisores, almohadas, juguetes rotos y pedazos de plástico por todos lados. Seguramente se tropezarán con congestionamientos de tráfico, y alcanzarán a oler las emisiones de diesel y las de del puerto comercial.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo advirtió a principios de junio que el medio ambiente está siendo "exprimido al máximo de sus límites biológicos".  

La bienvenida que recibirán los 50,000 asistentes a la conferencia sobre desarrollo sustentable de la ONU que se llevará a cabo en la metrópoli brasileña será un recordatorio de lo difícil que es encontrar el equilibrio entre el crecimiento urbano y la protección ambiental.

"Río, la ciudad sede, tiene una cantidad de problemas urbanos: contaminación del aire y del agua, exclusión social, suministro de agua", comentó Carlos Bocuhy, director del Instituto Brasileño de Protección Ambiental. "Lo que tenemos aquí es una crisis en el modelo de civilización. Está llegando el momento en que todas estas crisis comenzarán a alimentarse entre sí. Encaramos la posibilidad de un colapso si no cambiamos de rumbo", agregó.

Los problemas que encontrarán los visitantes en Río son enormes. Por ejemplo, la bahía: cuando se realizó la última Cumbre de la Tierra de la ONU en la ciudad, se asumió el compromiso de limpiarla. Desde entonces se han construido siete centros de tratamiento del agua, pero debido a una mala planificación y la alta corrupción, solo tres funcionan y no a toda capacidad.

Incluso en la Isla del Gobernador, donde se encuentran el aeropuerto internacional y la Universidad Federal de Río de Janeiro, aguas residuales que no han sido limpiadas se filtran al medio ambiente. La planta de tratamiento de la zona no funciona, según Sandra Azevedo, bióloga del Instituto de Biofísica Carlos Chagas Filho.

"Vivimos en una burbuja de tiempo y espacio. Tenemos problemas como 'mi Wi-Fi no funciona, 'estoy varado con este problema en mi investigación de células madre' y al mismo tiempo vivimos junto a aguas residuales a plena vista", comentó. La oficina de Azevedo está a cinco minutos a pie de la bahía.

"Trabajamos junto a un inodoro gigantesco", sostuvo. "No hay reciclaje. Esto es inaceptable".

Muchos de los residentes más pobres de Río dependen de la bahía para su alimentación. Mientras Azevedo se quejaba de la contaminación de la bahía, Severino Raimundo Batista alistaba su bote para salir de pesca.

Los turistas que observen la bahía verán a Batista y a varios de sus vecinos de una favela cercana tirando sus redes con la esperanza de pescar algo para la cena.

"Antes se pescaba mucho más", dijo el pescador. "Últimamente está muy sucia, hay mucha basura flotando".

La situación está tratándose de resolver poco a poco. El Banco Interamericano de Desarrollo y el Estado de Río están costeando un proyecto de 553 millones de dólares que contempla la limpieza de canales, la construcción de nuevas plantas para procesar aguas residuales y la restauración de los pantanos.

"Antes había buena pesca. Era hermoso. Ojalá volviese a ser lo mismo", expresó Batista.

El viaje en taxi de 50 kilómetros entre el aeropuerto y el centro de convenciones ofrecerá una lista de las problemáticas por resolver a los expertos en medio ambiente provenientes de más de 190 países.

A un lado de la carretera se ven chicos de la favela Manguinhos jugando en canales mugrientos que corren por debajo de edificios de ladrillo inestables y sin construcción terminada sobre las empinadas laderas de las montañas.

Cuando llueve, se corre el peligro de que esas viviendas se desmoronen. El año pasado, más de 900 personas murieron cuando unas lluvias torrenciales provocaron un deslizamiento de tierra y destruyeron otro complejo de viviendas igualmente frágil en las montañas del norte del estado.

El taxi tropieza con una cantidad de luces rojas. La topografía que conforma las vistas panorámicas de Río --las montañas, los lagos y los ríos-- impide la construcción de una carretera recta. El aumento del 40% en la cantidad de autos en la ciudad durante la última década ha provocado un caos de tránsito, con autos detenidos que emiten gases.

"Esto está mucho peor", dijo Mauricio Pinto Gama, quien maneja un taxi en Río desde hace 14 años. "Antes uno sabía cuál era la hora pico. Ahora no. Hay tráfico pesado todo el tiempo. Nunca sabes cuánto te vas a demorar".

El tráfico es una de las razones por las que el índice de contaminación es tres veces mayor al considerado aceptable por la Organización Mundial de la Salud.

En los preparativos para la Copa Mundial de fútbol del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016, Río está construyendo nuevas carreteras que comunican puntos distantes. Estas serán transitadas por autobuses más nuevos y modernos, pero que consumen combustibles fósiles que emiten gases.

En el centro de convenciones, el contraste entre extremos que caracteriza a la ciudad es fácil de percibir. El centro tiene de fondo montañas de granito con densos bosques en su cima. Estas son rodeadas por pantanos y lagos que se conectan. Del otro lado, hay una playa de arena blanca que se extiende kilómetros y kilómetros.

Los abusos al terreno no pueden ser ignorados. La basura y las aguas residuales se han acumulado por años y bloquean los canales que hacen circular el agua entre los lagos y el océano. Los cerdos se pasean por pilas de desperdicios a pocas cuadras del sitio donde los líderes mundiales firmarán acuerdos sobre temas como la acidez del océano y la biodiversidad.

La mala infraestructura de Río se remonta a la época de la colonia portuguesa y se empeoró de manera exponencial durante las últimas décadas con un desarrollo desenfrenado bajo escasa supervisión. El resultado es la incomunicación de muchas comunidades de los alrededores del centro de convenciones con los centros de tratamiento de las aguas residuales. Un problema que afecta a costosos edificios de departamentos y a favelas por igual.

Según la bióloga Azevedo, ocasionalmente aparecen cianobacterias que cubren los lagos con una capa verde que produce toxinas capaces de generar enfermedades incluso en dosis pequeñas.

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"Hace 20 años, estos lagos eran sitios donde se producían los pescados", dijo Azevedo. "Ahora son lugares donde no hay oxígeno, con un pH de 0 o 1, muy ácido".

La contaminación se propaga a través de los canales, incluido uno que atraviesa el mismo centro de convenciones, donde los visitantes tomarán sol sobre el césped, con vista a las aguas residuales.

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