Nota de Moody’s agrava temores bancarios

La rebaja crediticia que la agencia dio a 15 entidades limitaría su deseo de arriesgar su dinero; sin embargo, las entidades deberán aportar más fondos en el riesgoso mercado de derivados.
JPMorgan Chase  (Foto: Cortesía Fortune)
Stephen Gandel

Existe un alto grado de ironía en los recientes cambios de calificación de Moody's a los grandes bancos de Estados Unidos. Lo más irónico es que la rebaja en las calificaciones, bajo el argumento de que los bancos no son tan seguros como pensábamos que eran, en realidad podría hacer que los bancos sean aún más riesgosos. De cierta manera, las rebajas de calificaciones de la calidad crediticia harán algo que las regulaciones todavía no pueden lograr: limitar la capacidad de los bancos para especular con su propio dinero. Las entidades bancarias tendrán que reservar más dinero como colateral, lo que significa que no podrán destinar tanto de él a las ballenas de Londres. También le dificultará a los bancos usar el tipo de financiamiento a corto plazo que contribuyó a las quiebras de Lehman Brothers y MF Global.

Pero en el sector de los derivados, uno cada vez más importante y voluminoso en los mercados financieros, las reducciones de calificación en realidad podrían hacer de la banca una industria más peligrosa.

Después de que Moody's publicara las nuevas calificaciones, los bancos estadounidenses más grandes se han dividido en dos bandos: por un lado están JPMorgan Chase y Goldman Sachs, quienes tienen una calificación "A". Del otro lado están Morgan Stanley, Bank of America y Citigroup, que ahora tienen una calificación de "Baa". Wells Fargo también está en el primer grupo, pero no mueve mucho dinero en el negocio de derivados.

Las calificaciones crediticias no importan mucho en materia de préstamos. Los bancos obtienen gran parte del dinero que prestan de los depósitos de sus clientes, que en su mayoría están asegurados por la FDIC (la Corporación Federal de Seguros de Depósitos) y, en consecuencia, por el Tío Sam. Por lo tanto, el cambio de notas no hará que la gente cambie su dinero de Bank of America o Citibank a Chase.                     

En cambio, en el mundo de los derivados, las calificaciones son muy importantes. Los derivados son un negocio enorme y potencialmente riesgoso, según algunas estimaciones se mueven 600 billones de dólares al año.

En resumen; los derivados son apuestas que bancos e inversionistas colocan sobre las tasas de interés, las materias primas y los bonos. Y la mayoría de las apuestas se ejecutan sin fondos, es decir, la mayor parte del dinero en la línea no cambia de mano hasta después de que la apuesta se cierra. Este tipo de negocio ocasionó el rescate de la aseguradora AIG.

Por lo general, los grandes bancos no aportan colateral inicial cuando negocian derivados con fondos de cobertura, fondos de pensiones y otras firmas compradoras. Pero sí tienen que aportar cuando esas transacciones pierden valor y cuando negocian con otros bancos, y tendrán que aportar más colateral después de la reducción de calificación de Moody's.

Sin embargo, el colateral inicial en esas negociaciones proviene de las firmas compradoras. Por lo tanto, cuando los bancos quiebran o se ven obligados a cerrar, es el dinero de los fondos de cobertura, de los fondos soberanos y los fondos de pensiones el que peligra. En consecuencia, si todo sigue igual, los fondos de cobertura preferirán negociar con la firma que tenga la calificación más alta.

Una persona a cargo de las operaciones de compensación en uno de los fondos de cobertura más grandes del mundo señaló que los cambios en las calificaciones crediticias afectarán con quién negocie su firma. "Las firmas compradoras verán las degradaciones y verán que JPMorgan Stanley se desliza hacia Lehman. ¿Por qué voy a querer ese riesgo?"

Además, las firmas con calificaciones crediticias más altas tienen que aportar menor colateral y también pueden ofrecer mejores precios para derivados.

Eso significa que esta nueva división creada por las calificaciones probablemente haga que el riesgoso negocio de los derivados se concentre en el grupo superior, es decir JP Morgan y Goldman, haciendo que las pérdidas potenciales sean aún más grandes y difíciles de manejar sin el respaldo de un plan de rescate.

Aún existe una alternativa. Como parte de las reglas de la ley Dodd-Frank, los reguladores han estado presionando para que la mayor parte de las operaciones de derivados se ejecuten a través de cámaras de compensación centrales. La compensación nivela el terreno de juego entre las firmas, ya que todos, incluidos los bancos, tienen que aportar la misma cantidad de colateral sin importar cuál es su calificación de crédito.

Wall Street se ha opuesto a dichas reglas, que ya están en su mayoría redactadas y entrarán en vigor tan pronto como termine el año. Por el momento las degradaciones colocan a Morgan Stanley y a otros en situación de desventaja. Al estar en desventaja existe la posibilidad de que esas entidades cambien de parecer y apoyen el que todas las operaciones con derivados se hagan a través de cámaras de compensación. El resultado podría ser la dispersión del negocio entre más firmas, dispersando también el riesgo.

Pero aunque los partidarios de las cámaras de compensación y los reguladores ganen este round, la victoria no durará mucho. Wall Street se las ingeniará para crear un nuevo tipo de inversión altamente estructurada y "over the counter" que no caiga dentro de la actual definición de un derivado. Siempre lo hace.

Después de todo, los productos no regulados son siempre los más rentables para los bancos. Y sea lo que sea que inventen, debido a las calificaciones crediticias, es muy probable que sea mayormente negociado por JP Morgan y Goldman.

Cuando esto termine explotándoles en las manos, ya sabes quién tendrá que pagar por ello: tú y yo.

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