Romney, ¿un destructor de empleos en EU?

El republicano ha sido cuestionado por alentar el ‘outsourcing’ fuera de su país; Romney ha alentado las críticas al presumir haber creado 100,000 empleos en su empresa Bain Capital.
Romney  (Foto: Cortesía Fortune)
Dan Primack

¿Es Mitt Romney un creador o un destructor del empleo estadounidense?

Ésa es la pregunta planteada por el Washington Post en un texto que detalla cómo Bain Capital, firma que Romney ayudó a fundar, invirtió en varias empresas que directa o indirectamente alentaron a que vacantes laborales estadounidenses fueran llenadas en el extranjero.

Por ejemplo, el periódico profundiza la inversión de Bain en 1993 en Corporate Software Inc. (CSI), un proveedor de servicios de outsourcing como los call centers de firmas tecnológicas estadounidenses como Microsoft.

"Inicialmente, CSI empleaba a trabajadores estadounidenses para proporcionar estos servicios, pero por la década de 1990 estaba estableciendo centros telefónicos fuera del país".

"Dos años después de que Bain invirtió en la firma, CSI se fusionó con otra empresa para formar una nueva compañía llamada Stream International Inc. De inmediato, Stream participó activamente en los cada vez más numerosos centros telefónicos en el extranjero. Bain fue inicialmente un accionista minoritario en Stream y estuvo activo en la gestión de la empresa, proporcionando 'servicios ejecutivos generales y de gestión', de acuerdo con documentos presentados ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, (SEC, por sus siglas en inglés).

"En 1997, Stream estaba dirigiendo tres centros telefónicos de apoyo técnico en Europa y era parte de un empresa conjunta de calls centers en Japón, mostró un documento presentado ante la SEC".

No hay nada sorprendente en una firma de capital privado que se involucra en lo que ahora se conoce como subcontratación de procesos empresariales u outsourcing. Este es un gran negocio: Pitchbook reporta que las firmas de capital privado han realizado 333 inversiones en el sector de outsourcing por un valor de casi 27,000 millones de dólares desde el comienzo de 2011. Aunque se debe aclarar que no todos ellos necesariamente implican que se están perdiendo empleos en Estados Unidos, ya que el outsourcing a veces es distinto de la 'deslocalización'.

Del mismo modo, la inversión de Bain Capital tenía sentido al ser uno de los primeros en adoptar esta tendencia. No sólo porque era una de las primeras firmas de capital privado en existencia, sino también debido a sus fuertes vínculos con la firma consultora de gestión Bain & Company.

Una falta similar presenta el argumento (bastante mediocre) del Washington Post de que Bain Capital también alentaba a las empresas de su cartera que no utilizaban outsourcing a aprovechar esta tendencia. De hecho, uno de los antiguos colegas de Romney me dijo recientemente: "En la década de 1980, el capital de riesgo hizo gran parte de su dinero mediante la liquidación y el refinanciamiento reiterado, y en la década de 1990 y principios de 2000 todo giró alrededor del outsourcing. Desde entonces, se ha tratado del crecimiento". No hubo vergüenza o arrepentimiento. Simplemente, una presentación de los hechos.

Sin embargo, el problema con esta historia es que va en contra del propio relato de Mitt Romney. Y sólo él tiene la culpa.

Durante la campaña presidencial, Romney ha tendido a hablar de un récord de creación de empleo. En concreto, que él ayudó a crear 100,000 'empleos netos'. Una cifra que nadie, incluyendo Romney, puede calcular en realidad.

Bain Capital nunca realizó un seguimiento del número de empleos que ha creado, y mucho menos del número que destruyó o subcontrató. Tampoco realizó un seguimiento de los daños colaterales laborales, como las papelerías familiares que quebraron debido a Staples.

Si Romney hubiera sido más honesto, simplemente habría dicho que Bain Capital tiene una misión singular: ganar dinero para sus inversores. Y, si hubiera querido que sonara menos como Gordon Gekko, podría haber añadido que muchos de esos inversores son instituciones sin fines de lucro, como universidades y fundaciones de caridad. Sus responsabilidades como funcionario electo, por supuesto, serían diferentes.

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Pero Romney eligió destacar el registro de creación de empleos de Bain en lugar de su desempeño financiero. Y, al hacerlo, invita a críticas como el del Washington Post.

Será interesante ver cómo responde la campaña de Romney, sobre todo si alguien llega a preguntar al candidato sobre el número de empleos estadounidenses que fueron subcontratados por las empresas en la cartera de Bain Capital durante la gestión de Romney. Después de todo, él debe conocer esa cifra si está tan seguro de los 100,000 empleos creados.

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