Francia, ¿la nueva víctima de la crisis?

La agenda del Gobierno socialista para reducir el déficit ha generado duras medidas impositivas; si no apuesta al recorte de gastos ni realiza grandes reformas podría poner en riesgo a la eurozona.
parisfrance2  (Foto: Foto: Jupiter Images)
Cyrus Sanati
NUEVA YORK -

El nuevo presupuesto y la agenda del Gobierno francés podrían desestabilizar la ya tambaleante economía de la nación, preparando el escenario para una cadena de eventos que podrían terminar apaleando a sus débiles bancos en Wall Street, y rompiendo la zona euro para siempre.

Aunque algunos elementos del presupuesto son plausibles, todavía hay demasiados que arriesgan con empujar a Francia hacia un sueño económico más profundo. Son necesarias duras reformas en la hinchada burocracia del país y en los excesivamente generosos esquemas de salud y pensiones, si es que la nación quiere equilibrar su presupuesto y seguir adelante, pero es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

Sin embargo, el nuevo Gobierno de Francia, dirigido por el Partido Socialista, tiene el capital político y las conexiones para hacer las cosas de una manera rápida y positiva. Pero mientras la ideología partidista triunfe sobre la razón, Francia podría llegar a encontrarse en el mismo barco que sus compañeros de la eurozona, luchando para lidiar con tasas de endeudamiento imposiblemente altas y un crecimiento económico anémico.

Jean-Marc Ayrault, nuevo Primer Ministro de Francia, dio a conocer el miércoles 04 de julio los detalles del plan de su partido para aliviar a Francia de su malestar económico. Con el Partido Socialista en poder tanto del poder ejecutivo como legislativo del Gobierno francés, lo que sea que desee Ayrault probablemente se convertirá en ley. Trabajando en estrecha colaboración con el nuevo presidente de la nación, François Hollande, Ayrault ha aprobado una serie de controvertidas medidas destinadas a aumentar los ingresos para cubrir el enorme agujero en el presupuesto del país.

Incurrir en un déficit presupuestario es mal visto en la zona euro de 17 miembros, ya que las deudas de una nación pueden afectar el valor de la moneda común para todos los miembros. Por ello, a los países de la eurozona sólo se les permite tener un déficit presupuestario anual equivalente a alrededor del 3% de sus ingresos anuales. Francia ha tenido dificultades para cumplir con la regla, incurriendo en grandes déficits presupuestarios desde 1970.

El lunes 02 de julio, una auditoría independiente de la economía francesa, ordenada por el nuevo Gobierno, asustó a los mercados, ya que demostró que Francia estaba en camino de incurrir un déficit presupuestario equivalente a alrededor del 5.2% de su producción, muy por encima de las estimaciones anteriores.

El déficit presupuestario creció después de que el nuevo Gobierno anunció planes para revertir una serie de impopulares medidas de austeridad aprobadas por el anterior Gobierno conservador. El déficit también aumentó cuando el Gobierno finalmente abordó en serio la situación económica, lo que obligó a ajustar sus pronósticos excesivamente optimistas de crecimiento económico.

El Gobierno proyecta ahora que la economía francesa crecerá un 0.3% en 2012, por debajo del más optimista 0.7%. También redujo su pronóstico para 2013, proyectando un crecimiento de 1.2%, frente a 1.75%.

El Partido Socialista presentó una plataforma que contempla la reducción del déficit presupuestario de Francia a cero para 2017. Para lograrlo, sería necesario alcanzar un déficit presupuestario equivalente al 4.5% del PIB en 2012 y al 3% en 2013.

Lograr estos objetivos, con los datos revisados, significa que el Gobierno tendrá que recortar el gasto o aumentar los ingresos en 2012 por una cifra adicional de entre 6,000 millones y 10,000 millones de euros que lo que había previsto inicialmente. Se espera que la brecha se expanda posteriormente a 33 millones de euros en 2013.

Para cerrar la brecha en el presupuesto, el Gobierno se está enfocando en el lado de los ingresos mediante la imposición de una serie de alzas de impuestos de tipo único y permanente.

Los nuevos impuestos se enfocarán principalmente en los inversores, en las grandes empresas y en los ricos. En su presupuesto revisado, el Gobierno tiene como objetivo recaudar una cifra adicional de 7,200 millones de euros en impuestos para 2012. Este aumento masivo de impuestos se produce a través de una serie de fuentes, incluyendo el polémico plan para elevar la tasa de impuestos nacional aplicable a los ciudadanos franceses ricos, que de acuerdo con el Gobierno francés son cualquier persona que gane más de 1 millón de euros al año, un asombroso 75%.

El Gobierno proyecta que su impuesto a la riqueza aportará 2,300 millones de euros adicionales a las arcas de la nación. Esto, por supuesto, asumiendo que muchas personas y empresas francesas "ricas" simplemente no huyan de Francia a una jurisdicción fiscal más benigna.

La ley de la Unión Europea de libre circulación de los pueblos hace que sea fácil hacer las maletas y establecer residencia en un país vecino para evitar el alza de impuestos en el propio país. No está claro cuántos franceses harán un esfuerzo para evitar el nuevo impuesto, pero el Gobierno francés estaba pálido de ira el mes pasado, cuando David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido, dijo que él "desplegaría la alfombra roja" para las empresas francesas que trataran de esquivar el alza de impuestos.

Pero a pesar de la conmoción por la tasa impositiva del 75%, en el mejor de los casos, ésta sólo cerraría una cuarta parte del déficit presupuestario de este año. Así que el Gobierno está apuntando hacia los inversores, presionando por un impuesto del 3% sobre los dividendos de las compañías, que prevé atraer un estimado de 300 millones de euros. También hay un plan para aumentar el impuesto a las transacciones financieras de 0.1%. a 0.2%, lo que aportaría un estimado de 350 millones de euros.

Ambos impuestos tendrán mucho peso en las firmas financieras francesas, ya que desalientan las actividades de inversión, trading, intermediación (brokering) y el cierre de acuerdos. Los inversionistas estarán buscando formas de evitar el impuesto, por lo que muchos podrían optar por hacer negocios con una empresa que no está domiciliada en Francia. Por otra parte, las multinacionales francesas serán ahora más renuentes a repatriar sus ingresos de vuelta a Francia ante el temor de que el gobierno les arrebate la mayor parte de ellos.

Ausentes de las propuestas se encuentran los importantes recortes en el gasto, ya que no concuerdan con las propuestas 'pro-crecimiento' y 'anti-austeridad' del Partido Socialista. Pero eventualmente tendrá que recortar el gasto de manera significativa si quiere cerrar el déficit de 33,000 millones de euros proyectado para 2013.

No hay mucho que quede por hacer en el campo fiscal sin afectar el anémico crecimiento económico de la nación. Los franceses fueron capaces de convencer a sus socios de la eurozona de acordar un paquete de estímulo económico por 120,000 millones de euros en la conferencia de la semana pasada en Bruselas para ayudar a las economías de la eurozona a volver a arrancar.

Aunque es una buena idea, su impacto no se sentirá todavía, ya que toma años o incluso décadas para que un gran proyecto despegue en Europa. Por otra parte, 120,000 millones de euros repartidos a lo largo de varios años no es mucho estímulo teniendo en cuenta que es alrededor de una décima parte del PIB total combinado de la zona euro. Y es dudoso que Francia vea mucho de ese dinero, si es que ve algo, ya que está destinado a los miembros más débiles de la eurozona, no a un supuesto miembro 'central' como Francia.

No hay duda de que el país necesitará una gran austeridad el año que viene. Sin embargo, los recortes de gasto del tamaño que Francia necesita para lograr el cumplimiento de los límites de deuda de la zona euro probablemente tendrán un impacto negativo en su crecimiento económico, exacerbando aún más el sufrimiento de la nación. Pronto, Francia comenzará a parecerse más a Italia, con un alto nivel de deuda y una producción económica débil.

Pero podría tener que lidiar también con una crisis bancaria tipo española si no da apoyo a su afectado sector financiero. El Partido Socialista tiene una relación tensa con los megabancos franceses como Société Générale y BNP Paribas. Además de golpear a los bancos con una factura fiscal superior a los 500 millones de euros, ahora parece estar debatiendo una posible división de los bancos.

En su discurso del martes 3 de julio sobre el presupuesto ante la Asamblea Nacional, Ayrault, dijo que estaba a favor de disociar las operaciones de préstamo de un banco de sus operaciones de trading más "especulativas". Se desconoce cómo podría hacerse esa división. Podría ser tan dura como obligar a los bancos comerciales a derivar toda su unidad de banca de inversión, al estilo de Glass-Steagall, o hacer algo más ligero, como obligar a convertir en filiales solo las unidades que se consideren excesivamente especulativas, de forma similar a la Regla Volcker.

La Unión Europea ya ha rechazado la Regla Volcker cuando se negó a cooperar con Estados Unidos para armonizar las estructuras bancarias. Podría ser que ellos quieren modificar la regla o cambiar totalmente las cosas y buscar una división completa de la banca comercial y la de inversión.

De cualquier manera, los bancos franceses recibirán una buena paliza. La implementación de una regla similar a la de Volcker podría acabar con una cifra colectiva de 500 millones de euros en ganancias para los bancos franceses, según un análisis realizado por Citibank, que también dijo que una división tipo Glass-Stegall podría costar a los bancos 1,500 millones de euros en ganancias potenciales. Una división tendría un profundo impacto en la importante presencia de los megabancos franceses en Wall Street. No está claro si sus operaciones comerciales en Nueva York y en Londres podrían sobrevivir sin su nave nodriza en París.

Este tipo de división llegaría en un mal momento para los bancos franceses, ya que siguen arrastrando miles de millones de euros en préstamos incobrables, que van desde la deuda en tarjetas de crédito griegas hasta hipotecas españolas. Los cambios en su estructura podrían revelar algunos agujeros masivos en su balance, lo que a su vez provocaría que el mercado potencial reaccione en exceso y los aísle como un banco de pirañas hambrientas.

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Ahora es el tiempo de actuar para el Partido Socialista. Ha tomado la decisión de aumentar los impuestos para cubrir el agujero en su presupuesto nacional. Pero el próximo año, los impuestos no serán suficientes. Obligar a los bancos a dividirse tan pronto en el ciclo recesivo, probablemente causará más problemas de los que evitaría. Los signos de debilidad de un megabanco obligarán a Francia a intervenir para evitar el pánico, lo que probablemente costaría más dinero al Gobierno.

Las próximas semanas serán críticas cuando todas las agencias de calificación crediticia, que tienen una perspectiva negativa sobre Francia, observen la situación con atención. Si el Gobierno aligera su cronograma de liberación de deuda para dar cabida a más gasto sin sentido, entonces no sería sorprendente ver a una rebaja importante en la calificación de la deuda soberana de Francia, estableciendo las condiciones para que el país se convierta en la próxima gran víctima de la crisis financiera europea.

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