Empresas españolas, modernizarse o morir

El problema del país ibérico y de naciones como Italia y Grecia es la baja productividad laboral; la innovación y la tecnología de información son claves para mejorar la economía española.
Vinos España  (Foto: Cortesía Fortune)
Pankaj Ghemawat y Stijn Vanormelingen
NUEVA YORK -

Mientras los líderes europeos saltan de una reunión de emergencia a otra, el drama político no debe hacernos perder de vista el hecho de que en caso de que la crisis de deuda se resuelva, las empresas del sur de Europa necesitarán cambiar la forma en que compiten. En ninguna parte esto es más evidente que en España, cuyas élites se preocupan más por las tasas de interés mientras que los manifestantes en las calles piden el cierre de las fronteras y el retorno al trueque.                

Casi nadie ahí está hablando de cómo hacer que la economía real sea más productiva.

De acuerdo con nuestra investigación en colaboración con Bruno Cassinam, colega de la IESE Business School, la productividad laboral española (el PIB real por trabajador) aumentó en sólo 15% entre 1990 y 2010, frente al 25% en el norte de Europa.

Además, en España los costos por trabajador aumentaron 120%, frente al 60% en el norte de Europa. Eso significa que los costos laborales por unidad producida en España crecieron tres veces más rápido que en el norte de Europa, la región que incluye a sus dos principales socios comerciales, Francia y Alemania. Italia y Grecia también se han quedado por debajo de la curva de la productividad.

¿Cómo puede competir España con esta desventaja de costos? En primer lugar, hay que olvidarse de la idea de que el cierre de las fronteras podría ayudar. En las últimas dos décadas, las empresas españolas en sectores donde los productos y servicios pueden comerciarse a nivel internacional elevaron su productividad cinco veces más que sus contrapartes en los sectores puramente nacionales.

Aunque se debe considerar que para aumentar la prosperidad a través del comercio requerirá que las empresas españolas se modernicen. Consideremos el sector vitivinícola. España es el segundo mayor exportador mundial de vino, pero se ha centrado en el volumen en lugar del valor. En 2010, los vinos españoles se exportaban, en promedio, por sólo 1.36 dólares por litro, en comparación con los 1.74 dólares por litro hace 10 años. Mejorar y buscar mercados de alto nivel y por lo tanto ser capaz de cobrar lo que otros productores líderes cobran parece ser el camino más plausible para impulsar la productividad.

Las firmas españolas que innovan también incrementan su productividad de una forma más veloz que las firmas que no lo hicieron. Matarromera, una bodega pequeña pero de rápido crecimiento que asegura gastar el 30% de sus ingresos en innovación, es un ejemplo. Sus éxitos incluyen un vino sin alcohol para los países musulmanes.

Otra oportunidad viene de la mano de la tecnología de la información (TI). En comparación con Estados Unidos, las tasas de inversión en España en TI han sido tremendamente bajas y no se han reflejado en la mejora de la productividad. Los fondos son escasos en estos días, pero con desarrollos como la computación en nube, los desembolsos monetarios iniciales necesarios ya no son tan abrumadores.

Por último, España necesita crear empresas más grandes. El empleo español, según los estándares de Europa del norte, se concentra desproporcionadamente en empresas muy pequeñas. Según nuestros cálculos, si España tuviera el mismo número de empresas grandes y medianas que Alemania, eso aumentaría la productividad en varios sectores entre un 10% a 20%.

La cuestión más general, una vez más, es que la reestructuración de las economías del sur de Europa no sucederá hasta que las empresas se vuelvan cada vez más internacionales, más innovadoras, más tecnológicas, y más grandes. Es la única manera para que España, Italia, Grecia, y otras naciones se alejen del precipicio actual que las amenaza.

-- Pankaj Ghemawat, autor del libro World 3.0, y Stijn Vanormelingen realizan investigaciones de productividad para la escuela de negocios IESE.

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 23 de julio de 2012.

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