La carga económica de celebrar los JO

Los políticos justifican los juegos como una fuente de ganancias por el turismo y empleos generados; pero la mayoría de las ciudades sedes terminan con grandes deudas e instalaciones sin utilizar.
JO Londres  (Foto: AP)
Charles Riley
NUEVA YORK -

Ser anfitrión de los Juegos Olímpicos es muy parecido a organizar la fiesta más grande y más cara del mundo.

Los costos son indeterminados. Nuevos proyectos de infraestructura de gran envergadura deben planificarse, financiarse y construirse. Las fuerzas de seguridad son movilizadas, con costos que oscilan en los miles de millones de dólares. Miles de habitaciones de hotel se deben edificar para albergar a atletas y turistas.

Y la mayoría de eso ocurre a expensas del dinero del contribuyente.

Los políticos siempre han justificado los descomunales gastos impuestos sobre las ciudades y los ciudadanos con el argumento de que la venta de entradas, los empleos en la construcción y el incremento del turismo superan los costos.

Los funcionarios electos a menudo tratan de reforzar su argumento encargando estudios económicos prospectivos que predicen enormes beneficios económicos para la ciudad y el país anfitriones.

En cambio, la mayoría de los economistas independientes opinan que el costo real de la justa olímpica es más complicado de determinar, y ciertamente no es tan rosa como lo pintan los políticos.

"Hay muy poca evidencia para sugerir que ser sede de los Juegos Olímpicos conlleva un beneficio económico", apunta Victor Matheson, profesor de economía en el College of the Holy Cross.

Las dos últimas Olimpiadas de Verano tuvieron resultados radicalmente diferentes. Los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008 fueron en general considerados como un éxito, principalmente porque ayudaron a que la nación mostrara al mundo que se había convertido en una potencia económica.

"Beijing lo hizo como una forma de publicitarse. Obtuvieron un enorme valor, porque no les importó el costo. Era como comprar una montaña de anuncios en la televisión", comenta Mark Rosentraub, profesor de gestión deportiva en la Universidad de Michigan.

Pero Atenas 2004 fue un desastre. Los expertos dicen que Grecia construyó demasiadas habitaciones de hotel y cayó víctima de la esperanza de que los Juegos Olímpicos se traducirían en ganancias de más largo plazo gracias al turismo.

Matheson explica que esas previsiones elaboradas para justificar los Juegos Olímpicos a menudo subestiman el rebasamiento de los gastos, y se basan en modelos que no capturan con exactitud los costos imprevistos. "Yo diría que estas personas son muy buenas para sumar y multiplicar, pero no muy buenas para restar", comenta.

Stefan Szymanski, otro profesor de gestión deportiva en la Universidad de Michigan, sostiene que los políticos se sienten presionados para vincular los Juegos Olímpicos a las ganancias económicas, ya que los contribuyentes son los que soportan el costo de organizar los juegos.

"El Gobierno quiere persuadir de que no sólo vamos a pasar un buen rato con este evento, sino también va a hacernos ricos", señala Szymanski. "Y eso no es cierto."

Tal vez el mejor ejemplo de los costos a largo plazo asociados con la puesta en marcha de unas Olimpiadas es Montreal, ciudad anfitriona de los Juegos de Verano en 1976.

Antes de los juegos, el alcalde de la ciudad canadiense, Jean Drapeau, siguió el ejemplo de la mayoría de los políticos que buscaban la sede del evento, diciendo que la posibilidad de que se perdiera dinero con los Juegos Olímpicos era tanta como la de que un hombre pudiera parir.

Estaba equivocado. La mala gestión y el enorme rebasamiento de los costos dejaron a los habitantes de la ciudad con una deuda de 1,500 millones de dólares que tomó tres décadas saldar. El último pago de la deuda se hizo en 2006.

Para ese entonces, la ciudadanía local había rebautizado el estadio Olímpico sin utilizar, reconvertido en un campo de béisbol, con un término homófono. El "Big O"  se convirtió en el "Big Owe", cuyo verbo lo decía todo: la gran deuda.

La experiencia de Montreal contribuyó a espantar a las posibles ciudades anfitrionas para el año 1984, y sólo un municipio, Los Ángeles, hizo una oferta para esos Juegos Olímpicos.

Debido a la nula rivalidad, explica Matheson, Los Ángeles fue capaz de imponer las condiciones al Comité Olímpico Internacional. Buscó un nuevo modelo que se basaba en gran medida en la financiación privada. La ciudad también pudo utilizar los estadios existentes como instalaciones deportivas, eliminando uno de los mayores costos asociados a los Juegos Olímpicos. ¿El resultado? Ganancias.

El profesor Rosentraub indica que hay dos formas de convertir los juegos en un éxito financiero. La primera es adoptar el modelo de Los Ángeles, y usar las instalaciones existentes para realizar los eventos. La segunda es utilizar las Olimpiadas como una tracción para construir proyectos de infraestructura que serían necesarios con o sin los juegos.

Tal vez es demasiado pronto para saber si Londres será un éxito financiero. Rosentraub opina que dado que la ciudad es ya un destino turístico muy popular, Londres no debe esperar un impulso económico considerable del turismo.

"Algunas ciudades realmente se creen este argumento del turismo. Pero tenemos incontables estudios que demuestran que eso nunca sucede", advierte.

Y los costos ya se están acumulando. El Gobierno británico ha elevado su estimación inicial de costo de 4,000 millones de dólares (mdd) a casi 15,000 mdd. Algunas estimaciones proyectan un costo aún mayor.

Pero Londres también está alcanzando algunos objetivos importantes en materia de infraestructura, incluidos los proyectos diseñados para darle un lavado de cara al deprimido barrio de East End.

¿El veredicto final? "Londres probablemente no perderá mucho", señala Rosentraub.

Szymanski, por su parte, expresó su preocupación de que los políticos sigan promocionando los Juegos Olímpicos como un impulso económico, y no sólo como un gran evento deportivo.

"Creo que las Olimpiadas son y deben ser un gran acontecimiento deportivo, pero no son y no deben ser consideradas como un evento económico trascendente", indica.

"Es muy parecido a tener una fiesta. Te diviertes, pero no te hace rico", añade.

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