El caso Libor minó la confianza bancaria

La manipulación del indicador agravó el hecho de que las entidades han dejado de prestarse entre sí; las nuevas regulaciones han provocado que más activos bancarios sean usados como garantías.
dolar euro  (Foto: Archivo)
Patrick Jenkins
Financial Times -

No es un secreto que la tasa interbancaria de Londres (Libor) está descompuesta. Con los bancos de todo el mundo envueltos en investigaciones regulatorias; Barclays con una multa de 290 millones de libras y otras entidades previstas para ser demandadas en los próximos meses, el escándalo que rodea la manipulación de la tasa Libor ha sido uno de los mayores golpes a la reputación a la industria bancaria en las últimas semanas.

Más preocupante aún es la interrupción fundamental de los préstamos interbancarios en sí mismos. Poder confiar en la tasa de referencia es irrelevante si los bancos no están preparados para prestarse unos a otros.

Ése fue un tema evidente al leer las letras pequeñas del reporte de resultados del segundo trimestre de HSBC. A finales de junio, el mayor banco del Reino Unido dijo que tenía 148,000 millones de dólares de su dinero depositado en bancos centrales, mientras que continuaba limitado en los mercados interbancarios. En 2007, la cifra era de sólo 8,000 millones de dólares.

HSBC no está solo en su nerviosismo. Los grandes bancos estadounidenses han estado experimentando una tendencia similar, agravada allí por el hecho de que la mayor parte de los activos hipotecarios no permanecen asentados en los balances generales bancarios, liberando más depósitos de financiamiento para otros propósitos.

Cuando se carece de esos propósitos, terminas haciendo cosas extravagantes con tu "exceso de depósitos", como JPMorgan hizo con sus costos a través de su unidad de gestión de tesorería, la llamada oficina principal de inversiones; o terminas dejándolos con entidades como la Reserva Federal (Fed) o el Banco Central Europeo (BCE).

Los bancos estadounidenses en la actualidad tienen 1.6 billones de depósitos en la Fed, aproximadamente el doble de lo que tenían en el banco central hace dos años y un alza desde casi nada en 2007.

El BCE, de manera similar, posee más de 300,000 millones de euros en dinero de los bancos. Compara eso con un mínimo de 12 millones de euros en 2007. El balance de depósitos del BCE ha sido inflado artificialmente por la infusión de 1 billón de euros en efectivo al sistema bancario a través de las operaciones de refinanciamiento a largo plazo (LTRO, por sus siglas en inglés) en diciembre de 2011 y febrero de 2012, mucho del cual permanece sin ser utilizado. En Estados Unidos, los depósitos de la Fed han sido inflados por compras de activos a gran escala.

Pero el hecho es que los bancos ricos en depósitos están mucho menos felices de prestar a sus rivales de lo que estaban antes. ¿Por qué?

En parte, es una consecuencia natural de un mercado que sigue nervioso. Con la incertidumbre intensificándose de nuevo en la zona euro, junto con las dudas persistentes acerca de la capacidad de China para gestionar un 'aterrizaje suave' y las preocupantes tendencias de pérdidas por préstamos en Brasil, tiene sentido que los bancos financieramente fuertes hagan el equivalente institucional de guardar su dinero bajo el colchón.

Los bancos también han tenido que cumplir con requisitos de liquidez más estrictos. Antes de la crisis, el apetito individual por el riesgo de cada banco determinaba lo mucho que cada institución guardaba en efectivo o en equivalentes cercanos de efectivo. Ahora, las regulaciones mundiales están comenzando a especificar esos niveles mínimos.

Y luego, está el efecto de círculo vicioso de la crisis. Stuart Gulliver, Presidente Ejecutivo de HSBC, dice que una razón por la que se resiste a conceder préstamos a otros bancos ahora es porque ese tipo de préstamos sin garantía es mucho más arriesgado de lo que solía ser, debido a que una porción muy grande de activos bancarios están ahora 'apartados', o comprometidos como garantía de otro tipo de financiamiento, como las obligaciones garantizadas.

Entre más forzados se ven los bancos a depender de las obligaciones o bonos garantizados -en lugar de en préstamos sin garantía- para recaudar fondos, sus activos se ven más explícitamente comprometidos para cubrir esos préstamos. Irónicamente, las operaciones LTRO del BCE, que también requieren del respaldo de activos, han empeorado la situación.

No hay mucha evidencia hasta ahora de que la rentabilidad de los bancos sufra dramáticamente como resultado de los rendimientos más bajos que conlleva colocar su dinero en los depósitos con bajos pagos de intereses que ofrecen los bancos centrales.

Cuando el BCE recortó las tasas a cero a principios de este mes, hubo una caída en los saldos depositados en él -de 809,000 millones de euros a 325,000 millones de euros- de un día para otro. Pero la cifra actual, una ligera alza a 337,000 millones de euros, sigue siendo una suma colosal. Incluso a medida que las tasas de interés caen, los bancos siguen siendo atraídos por el paraíso de las arcas del Banco Central.

La parálisis en el mercado importa no sólo por el bien de la rentabilidad de los bancos saludables o debido a que pueden poner en peligro la salud de los bancos menos dotados de recursos, sino debido a que la capacidad de reacción en cadena de esos bancos para prestar a la economía 'real' está siendo afectada.

Descongelar esa situación no será fácil. Los cambios regulatorios parecen permanentes. Y el nerviosismo en torno a los riesgos de los acreedores permanecerá mientras el ciclo económico siga deprimido.

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Sin embargo, la tercera causa -el factor de 'apartado'- podría ser mitigado por un relajamiento en las reglas. Permitir a los bancos contar las inversiones en bonos garantizados en sus colchones de liquidez provocaría que veamos a grupos como HSBC desviar fondos de los bancos centrales hacia las emisiones de obligaciones garantizadas de los prestamistas.

Patrick Jenkins es Editor de Banca del Financial Times.

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