Un ‘euro suave’, ¿la solución a Europa?

El monetarista Allan Meltzer considera que la crisis obliga a desmantelar temporalmente la divisa; Robert Mundell, el ‘padre del euro’, confronta su opinión y aboga por una autoridad fiscal central.
2 genios euro  (Foto: Cortesía Fortune)
Shawn Tully
NUEVA YORK -

Robert Mundell y Allan Meltzer se ubican entre los economistas más influyentes de los últimos cincuenta años.

Mundell, profesor de la Universidad de Columbia, obtuvo el Premio Nobel en 1999, en parte por su trabajo en la definición de lo que él llama "áreas monetarias óptimas". Ningún académico ha disfrutado de tal éxito al ver sus teorías llevadas la práctica pues se considera el "padre" o el "padrino" del euro.

La arquitectura intelectual que Mundell creó para la moneda única fue una fuerza importante para conquistar a políticos y economistas escépticos y, hasta la reciente crisis, parecía haber transformado a la eurozona de 17 naciones en un gigante capaz de competir con Estados Unidos.

Allan Meltzer es un influyente monetarista que fue autor de A History of the Federal Reserve, celebrada como la crónica más completa del Banco Central. Se desempeñó como funcionario del Tesoro en el Gobierno de Kennedy y perteneció al Consejo de Asesores Económicos del presidente Reagan.

Meltzer se opone firmemente a lo que él ve como nuestra actual e improvisada política monetaria dirigida a objetivos a corto plazo como impulsar el mercado de vivienda o los precios de las acciones, cuando el precio inevitable de ello será una inflación mucho mayor.

Mundell, de 79 años, es el más teatral de la pareja, después de haber ofrecido una serenata a sus compañeros en su banquete del Nobel con una estrofa de My Way de Frank Sinatra.

Ahora, Mundell y Meltzer están tomando posiciones diametralmente opuestas acerca del mayor problema económico actual, el futuro del euro. No pude hablar con Mundell, quien me envió un correo electrónico para decirme que estaba en Europa, donde pasaba el verano en una pintoresca villa en la Toscana. Pero el análisis de sus numerosas entrevistas y artículos recientes proporciona una visión clara tanto de por qué todavía cree en los beneficios del euro, como de su solución a la crisis.

Es importante examinar los argumentos de Mundell para el euro, las justificaciones que presenta a la fecha.

En opinión de Mundell, los países europeos más débiles confiaron excesivamente en las devaluaciones para mantener la competitividad, lo cual las recargo con alta inflación, altas tasas de interés y lento crecimiento. La muleta de la devaluación les permitió mantener las leyes laborales que hicieron a los trabajadores demasiado costosos debido a las fuertes prestaciones establecidas por el Gobierno y aseguró que los salarios subieran más rápido que los precios.

Al no poder reducir los precios de las computadoras, electrodomésticos o vacaciones en el mercado global mediante la devaluación, las naciones se verían obligadas a elevar la productividad y moderar los salarios, como única vía para mantenerse competitivas. Por lo tanto, el euro podría ejercer una presión de mercado para desterrar las restrictivas leyes laborales que habían sido una institución y una maldición económica en Europa desde hace décadas.

Mundell argumentaba en un artículo de 2011 que el progreso que él predijo en realidad estaba siguiendo la teoría. Uno de los grandes beneficios del euro, afirmó, es una disciplina salarial mejorada. "En Europa, un país no es capaz de cambiar los tipos de cambio. Por lo tanto, cuando los trabajadores o los sindicatos hacen reclamos, por ejemplo, de un aumento salarial del 10%, y el crecimiento de la productividad es de entre 2% y 3%, saben que eso se traducirá en desempleo o quiebras. La imposibilidad de la depreciación hace que los sindicatos moderen sus demandas".

¿Por qué Europa está teniendo un desempeño tan miserable? Mundell insiste en que el euro "ha registrado un comportamiento espectacular" y que el problema es el gasto público irresponsable y los déficit excesivos. Si Europa avanza hacia "una unión más perfecta" en la que una autoridad central sea facultada para imponer una estricta disciplina fiscal a los Gobiernos rebeldes -y Alemania y otros países ricos ayuden a financiar a sus vecinos del sur hasta que eso suceda-, el euro puede ser salvado y el crecimiento se reanudará.

Meltzer, de 84 años, discrepa rotundamente. Para Meltzer, el problema principal no es el gasto (aunque es excesivo), sino la competitividad. Él señala un descenso impresionante de la competitividad en los países más débiles, el cual es un legado directo y predecible del euro.

"La zona euro no es realmente la unión que Mundell pensaba que sería", me dijo Meltzer en una entrevista telefónica la semana pasada. "Grecia y Alemania estaban en mundos diferentes antes de la introducción del euro, y han permanecido allí. Nadie debería haber creído la historia del euro".

Para Meltzer, los banqueros centrales y los políticos que enfrentan la crisis están abordando la cuestión equivocada. "Están trabajando muy duro en el problema de la deuda", continúa. "Eso no es lo que necesitan hacer. El mayor problema es el costo de producción". Los países del sur, argumenta Meltzer, no van a crecer "si los costos de producción en España e Italia son 30% más altos que en Alemania, lo cual ahora es el caso".

Para Meltzer, el problema principal es que la tendencia Mundell predijo, una convergencia en la productividad -el número de camiones o semiconductores que un trabajador produce por hora- no sucedió. La convergencia fue en la dirección equivocada: Los salarios aumentaron mucho más rápidamente en España, Italia, Irlanda y Grecia que en Alemania. Pero los alemanes, no sus vecinos, fueron los que se volvieron más productivos. De 2000 a 2008, los costos laborales aumentaron un 15% en Alemania, frente a 28% en Italia, 43% en España y 49% en Irlanda.

Mundell recientemente reconoció el problema, admitiendo que el euro "podría haber traído una convergencia demasiado rápida en las tasas salariales entre áreas donde la productividad era desigual".

¿Por qué los salarios siguen aumentando, en desafío a las predicciones de Mundell de una nueva era de moderación? Las naciones del sur e Irlanda aprendieron que podrían crecer rápido no al aumentar su competitividad, sino al pedir prestado enormes sumas de dinero a irresistibles tasas de interés. Un boom en el consumo, financiado por hipotecas baratas y préstamos de tarjetas de crédito, impulsó la inflación a casi el doble de la tasa en Italia, España, Irlanda, Grecia y Portugal desde 2000 hasta 2007 así como en Alemania, de 3.2% en comparación con 1.7%.

Sin embargo, los países del sur e Irlanda podían pedir prestado a las mismas tasas que Alemania, por cortesía del euro. Por lo tanto, podían cargarse de deuda a las mismas tasas o incluso a tasas inferiores que la apreciación de sus hogares o de los precios siempre crecientes de sus productos.

Ese endeudamiento excesivo, con frecuencia a costos inferiores a la inflación, permitió que los salarios estallaran. Los préstamos baratos también resultaron poderosamente seductores para los Gobiernos, permitiéndoles seguir elevando los pagos en las ineficientes empresas controladas por el Estado, golpeando aún más la productividad.

De 2000 a 2008, el gasto gubernamental como porcentaje del ingreso nacional creció a un promedio de 3.8 puntos porcentuales en Italia, España, Grecia y Portugal, y a 12 puntos en Irlanda. Meltzer dice: "No ayuda cuando el Gobierno está acostumbrado a pedir prestado a 12% y súbitamente puede pedir prestado a 3% o 4%".

En Alemania, donde las tasas de interés encogieron la inflación, no dando ni al Gobierno ni a los consumidores un incentivo para endeudarse en exceso, el gasto estatal de hecho se redujo un punto durante el mismo período.

Entonces, ¿cuál es la solución de Meltzer? Él sólo ve dos posibilidades, una política de freno a las reducciones salariales, o una devaluación que desmantele al menos temporalmente al euro. Él estima que la primera opción no funcionaría. "Los alemanes dicen que los países más débiles necesitan austeridad", dice Meltzer. "Sin embargo, Grecia ha pasado por cinco años de crecimiento lento o nulo. ¿Están recomendando cinco años más? Los habitantes de estos países no lo aceptarán. Están pidiendo otra Gran Depresión".

En vez de eso, Meltzer está abogando por que los países del sur, además de Irlanda y tal vez Francia, se unan a una zona euro 'suave'. El euro suave flotaría hacia abajo en valor frente al euro actual en Alemania y los países del norte", dice. "Eso restablecería la competitividad de las naciones que no pueden crecer actualmente".

Para Meltzer, es la única manera de mantener el euro de alguna forma. "Es más fácil hacer reformas cuando las economías están creciendo", agrega. En el escenario de Meltzer, los países del sur podrían unirse de nuevo al euro "duro" más tarde, una vez que hayan reformado sus mercados laborales.

¿Cuál de estas dos leyendas tiene el argumento más fuerte? La aprobación debe ir a Meltzer. La razón es fundamental. El corazón del problema es precisamente el tema de la competitividad.

"Los problemas estructurales, la rigidez de los mercados laborales, no cambiaron en la era del euro", dice otro destacado economista, Uri Dadush del Carnegie Endowment. "El euro simplemente hizo imposible lidiar con las rigideces mediante la devaluación. Eso robó a los países su competitividad".

Ciertamente, Europa nunca tuvo una crisis de deuda soberana en las décadas anteriores a la introducción del euro. La herramienta de la devaluación fue un signo de debilidad en una Italia o España, pero es el euro, al remover esa herramienta, lo que ha causado una conmoción histórica.

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La interrogante en torno a la solución de Meltzer es si los países del sur realmente harían las reformas necesarias para volverse a unir al euro en los próximos años. Si es así, el sueño de Mundell eventualmente podría materializarse. Si no, estarían mucho mejor manteniendo el euro 'suave', sea cual fuere el nombre finalmente elegido para esta supuesta moneda.

Otra canción de Sinatra podría aportar un estribillo mejor para Mundell, Put your dreams away (for another day) o Guarda tus sueños (para otro día).

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