Paul Ryan, la carta fuerte de Romney

El candidato a la vicepresidencia de los republicanos agrupa al sentimiento antipartidista; el proyecto de presupuesto que ha armado el ex congresista le da ventaja en el debate económico.
Paul Ryan  (Foto: AP)
Christopher Caldwell*
Financial Times -

Paul Ryan, el congresista de siete periodos de Wisconsin y presidente del comité presupuestario de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, a quien Mitt Romney definió como su nominado para la vicepresidencia, podría ser el único político capaz de desentrañar la ironía en la que el Partido Republicano ha estado enredado recientemente.

A pesar de la insurgencia conservadora que ganó grandes victorias legislativas en 2010, Romney capturó la nominación este año. Él parecía representar el pragmatismo no ideológico que los insurgentes pensaron que habían vencido. Los republicanos estaban desmoralizados y confundidos.

Hasta este fin de semana, la carrera se le escapaba de las manos a Romney. Confrontaba a la base republicana (desde los empresarios hasta los propietarios de armas) contra la base demócrata (desde las mujeres solteras hasta los empleados del Gobierno).

Al haber tomado considerables riesgos políticos para impulsar su impopular reforma de la salud, dar poder a los sindicatos y promover el matrimonio entre los homosexuales, Obama es un héroe para el núcleo duro de su partido. Puede pasar los próximos tres meses maquinando la narrativa que quiera para atraer a los votantes indecisos, sin temor a perder a sus partidarios. La base de Romney, por el contrario, no ha confiado en él. Recuperarlos pareció requerir el tipo de retórica acalorada que aleja a los votantes indecisos.

La candidatura de Ryan resuelve este problema de golpe. Ryan habla por aquellos estadounidenses que creen que el país está al borde de un Armagedón presupuestario al estilo griego. Hay muchas de estas personas, e incluyen a toda la base republicana. Se han dado cuenta de que el estímulo "temporal" al gasto de Obama en 2009 se ha petrificado en una adición permanente al gobierno federal. Ven que el déficit sigue superando 1 billón de dólares al año. Ahora quieren medidas duras y cuentas detalladas.

Durante el último lustro, Ryan ha sido el republicano más capaz de ofrecerles eso. Su presupuesto de 2012, que él llama "Camino hacia la prosperidad", es una agenda de Gobierno. Ryan tomaría Medicaid, el programa de ayuda de salud para personas de bajos ingresos, y lo subvencionaría en bloque a los estados, siguiendo el ejemplo de la reforma de bienestar de Bill Clinton en 1996. Convertiría a Medicare en un programa de vales, aunque él prefiere el término de los demócratas "apoyo premium".

A muchos demócratas les gusta Ryan. Ha logrado ser elegido una y otra vez en un distrito indefinido que el difunto demócrata Les Aspin mantuvo durante un cuarto de siglo. Nunca ha hecho un llamamiento, como Newt Gingrich hizo con frecuencia y el Tea Party hace todavía, para desmantelar el Estado de Bienestar establecido por el ‘New Deal'. Quiere mantener tanto de él como Estados Unidos pueda costear, pero advierte que podría no ser mucho.

Ryan incluso tiene un don para apalear a su propio partido. "Los políticos de ambos partidos han hecho promesas vacías", dijo en su discurso de presentación el sábado "que pronto se convertirán en promesas incumplidas con consecuencias dolorosas, si no actuamos ahora". Arremete contra el "bienestar corporativo" con tanta frecuencia como arremete contra el bienestar. A los estadounidenses les gusta ese tono anti-partidista. Republicanos e independientes se unieron al senador Obama cuando él lo desplegó en 2008. Pero lo han abandonado mayormente por no estar a la altura de ese tono desde entonces.

Ryan avanzó a través del círculo que apoya la economía del lado de la oferta en su partido, cuya aversión a los impuestos ayudó en gran medida a generar los déficits que él deplora. Fue miembro de la comisión bipartidista de reducción del déficit Simpson-Bowles, pero votó en contra del compromiso final. Los demócratas planean caracterizar a Ryan como "radical".

Pero el radicalismo es una cuestión relativa. El plan de Ryan es radical sólo si crees que el nivel actual de prestaciones sociales pueden ser mantenidas con el nivel actual de impuestos. Si no crees eso, entonces su plan no es más que el mejor pensado (hasta ahora) de las diversas alternativas inevitablemente dolorosas. Los demócratas no tienen nada tan detallado, ni han apoyado en masa el compromiso de Simpson-Bowles. Se limitan a argumentar que reformar el Estado de Bienestar bajo los lineamientos que Ryan sugiere dejaría a la gente con menos beneficios. Por supuesto que lo haría. Eso es lo que lo convierte en una reforma.

La desventaja de la nominación de Ryan ha sido exagerada. Los republicanos tendrán que defender su plan de todos modos; más vale que le confíen esa labor a alguien que sabe lo que contiene. Incluso si la visión de Ryan de "cuponizar" el Medicare resulta impopular, ofrecerá la oportunidad de hablar acerca de la reforma de salud de 2010 de Obama, lo cual podría ser todavía más impopular. En cualquier caso, los demócratas en los distritos indecisos no están ansiosos por tocar el tema.

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La dinámica de las democracias liberales modernas es crecer. Es difícil poner un Estado del Bienestar en reversa sin necesidad de desmantelar todo el engranaje con que funciona. Ryan tiene razón en que el sistema de beneficios de Estados Unidos es insostenible. Ahora debe ganar esa discusión con Obama. Si lo hace, los republicanos merecerán la victoria. Si no lo hace, no la merecerán. De cualquier forma, las elecciones estadounidenses de repente se han convertido exactamente lo que deben ser: Una decisión sobre cuál de los dos partidos que se coludieron para meter a los estadounidenses en ese lío fiscal merece la confianza para sacarlos de él.

*El autor es editor senior de The Weekly Standard.

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