Bernanke, ¿un freno para Barack Obama?

El segundo periodo del líder de la Fed puede ser un problema para la reelección del presidente; Bernanke ha sido criticado por su inacción, la economía sigue débil a unos meses de la elección.
Obama Bernanke  (Foto: Cortesía Fortune)
John Cassidy
NUEVA YORK -

En el verano y otoño de 2009, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, enfrentó a una delicada decisión: ¿Debería designar de nuevo a Ben Bernanke, cuyo mandato de cuatro años como presidente de la Reserva Federal (Fed) estaba llegando a su fin? Por un lado, Bernanke había hecho un trabajo bastante bueno al manejar la crisis financiera que siguió a la caída de Lehman Brothers. Por otro lado, él fue nombrado por los republicanos; y uno de los colaboradores más cercanos de Obama, Lawrence Summers, el belicoso economista de Harvard, realmente quería el puesto.

Aconsejado por el secretario del Tesoro, Tim Geithner, quien había trabajado estrechamente con Bernanke, Obama terminó dando Bernanke otros cuatro años. Con los mercados y la economía todavía frágiles, era la decisión que parecía más sensata.

En retrospectiva, parece un error. Al poner a Bernanke al mando para el período previo a las elecciones de 2012, Obama puso en riesgo la recuperación y sus perspectivas de reelección. Mientras la economía estadounidense ha estado tambaleándose durante los últimos seis meses, el presidente de la Fed no ha hecho nada al respecto. Incluso hoy sigue cometiendo errores. Mirando hacia atrás, Obama debería haber echado a Bernanke cuando tuvo la oportunidad.

No digo esto a causa de alguna animadversión hacia Bernanke, quien es un reconocido economista académico, un dedicado servidor público y un hombre eminentemente decente. Al aprobar una serie de préstamos innovadores y programas de liquidez durante la crisis de 2008-2009, que dio a los bancos con problemas acceso al balance general de la Fed, ayudó a evitar un colapso total del sistema financiero. El alias de la ‘Persona del Año' que Time le otorgó en 2009 fue muy bien ganado.

Pero el desempeño de Bernanke desde 2009 ha sido menos impresionante, y este año ha sido bastante atroz. En lugar de adelantarse a los acontecimientos, lo cual es esencial debido a que siempre hay un desfase entre la acción y los resultados, la Fed parece estar paralizada. Con la medida de la inflación favorecida por la Fed de sólo 1.8% y la tasa de desempleo estancada por encima del 8%, claramente está fallando en cumplir ya sea su objetivo de inflación del 2% o su mandato legal de promover el máximo empleo.

Sin embargo, Bernanke no se ha movido. A principios de agosto, él y sus colegas reconocieron que las perspectivas económicas han empeorado desde su reunión anterior, y, de nuevo, no hicieron nada. En ese momento mi simpatía por Bernanke se agotó.

Se podría argumentar que con las tasas de interés a corto plazo ya tan bajas no hay nada que pueda hacerse. Pero Bernanke niega eso. Él ha declarado en repetidas ocasiones que mediante la compra de bonos y la implementación de otras medidas poco ortodoxas, los bancos centrales tienen la capacidad de apoyar una recuperación incluso cuando las tasas de interés están cerca de cero. ¿Por qué, entonces, no ha presionado por otra gran ronda de flexibilización cuantitativa (quantitative easing o QE)?

La explicación oficial -que él y otros creadores de políticas necesitan revisar más datos- no es convincente. La tasa de desempleo es de 8.3%; el PIB apenas creció en el último trimestre. ¿Qué otra evidencia se necesita de que la recuperación se ha estancado? Otra posibilidad es que Bernanke esté jugando a la política.

Con una elección a tan sólo unos meses de distancia, Mitt Romney y otros republicanos están arremetiendo contra la perspectiva de una QE3. Tal vez el presidente de la Fed está simplemente tratando de mantenerse fuera de la línea de fuego. O tal vez está tratando de mantener un consenso dentro del Banco Central. Es bien sabido que varios de los presidentes regionales de la Fed se oponen firmemente a una QE3.

Pero eso sólo refuerza el argumento de que, en 2010, Obama debería haber sustituido a Bernanke con un presidente de la Fed más enérgico. De vez en cuando, durante sus largos mandatos, tanto Paul Volcker como Alan Greenspan enfrentaron oposición interna. Eso no evitó que presionaran para implementar los cambios a las políticas que consideraban necesarios.

Si a Summers, brusco y confiado hasta el punto de la arrogancia, se le hubiera encomendado la tarea, él habría hecho lo mismo. Lo mismo hubieran hecho otros en la lista de candidatos de Obama. Yo apostaría a que, en este momento, el presidente está deseando haber hecho una elección distinta.

Este artículo es de la edición del 3 de septiembre de 2012 de Fortune.

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