Baltimore, los saldos de la tasa Libor

La ciudad sigue exigiendo que los bancos reparen el daño por haber manipulado el índice londinense; la estafa de las entidades dejó a Baltimore con pobreza, alto desempleo y un bajo presupuesto.
baltimore  (Foto: Cortesía Fortune)
Katie Benner
NUEVA YORK -

Ha pasado un año desde que Baltimore demandó a los grandes bancos -Bank of America, Barclays, Citibank, HSBC, JP Morgan, Lloyds, UBS, y WestLB- en la primero de muchos litigios  para reclamar que esas instituciones ilegalmente manipularon la tasa interbancaria de Londres o Libor.

Era un asunto reservado hasta hace poco, cuando la Libor se convirtió en un escándalo internacional que se extendió más allá de la sección de negocios de los periódicos. Los reguladores ahora alegan que desde hace años varios, los bancos podrían haber mentido acerca de las tasas de interés que pagaban por  pedirse prestado dinero entre sí. Las tasas falsamente bajas afectaron a casi todo el mundo, ya que el interés de billones de dólares en préstamos de consumo y municipales es fijado contra el Libor.

Uno podría pensar que las tasas bajas ayudarían a un prestatario, al igual que ayudan a alguien que pidió un préstamo hipotecario o de tarjeta de crédito, pero en este caso es todo lo contrario. Baltimore no es una ciudad rica. El triple impacto de la crisis crediticia, el colapso inmobiliario y la recesión ha obligado a la ciudad a elegir. ¿Departamentos de bomberos o programas después de clases? ¿Policía o bibliotecas? Como en el primer municipio en buscar una reparación de daños debido a esta presunta estratagema, Baltimore fue mi destino para ver cómo el escándalo Libor estaba desarrollándose.

De camino al Ayuntamiento, mi tren serpentea a través de una fila de casas tapiadas y notoriamente decrépitas en el este de Baltimore. Un significativo esfuerzo de revitalización ha transformado el centro, pero alrededor de un cuarto de la población sigue viviendo por debajo del umbral de pobreza, y el 87% de los niños en las escuelas son elegibles para recibir asistencia alimentaria. El desempleo ronda por encima de la media nacional. La brecha presupuestaria de 60 millones de dólares del año fiscal 2012 fue cerrada a través de licencias obligadas, despidos y recortes a centros recreativos, horas de biblioteca y programas de empleo para jóvenes.

Me reúno con el concejal Nick J. Mosby, quien representa al Distrito 7. Al oeste del centro de Baltimore, el distrito de Mosby se siente como el corazón diverso y metafórico de la ciudad. Las cuadras más afectadas por la crisis hipotecaria se ubican al lado de zonas habitadas por profesionales acomodados. Los barrios obreros de gente blanca están a la vuelta de la esquina de las áreas que vieron crecer a los músicos de jazz Cab Calloway y Chick Webb. El distrito es el hogar de Frederick Douglass High, una de las escuelas integradas más antiguas de la nación. Thurgood Marshall es uno de los ex alumnos. Uno de los proyectos de vivienda más antiguos del país, McCulloh Homes, está justo afuera del límite del distrito.

Mosby quiere que vea que su vecindario "es mucho más que The Wire, dice, refiriéndose a la serie de HBO sobre el tráfico de drogas en la ciudad. Nos dirigimos a Druid Hill Park, pasando por avenidas arboladas y grandes casas de piedra caliza. "Todo puede cambiar en tan sólo una cuadra", dice. Pasamos una esquina y eso sucede: Una franja de casas abandonadas, ventanas cubiertas con tablas, y jardines luchando por crecer en terrenos baldíos. Estamos en medio de un día laboral, pero hay ancianos sentados en decrépitos porches. Los hombres jóvenes se apoyan contra las paredes y las barandillas de las escaleras y ríen. Pandillas de chiquillos corren de arriba a abajo en la calle. Miran el BMW negro del concejal. "¿Es porque un auto tan lindo es raro aquí?", le pregunto. Mosby ríe. "Ellos ven autos mucho mejores que éste", responde. "Es sólo que no conocen este auto en particular".

Para ilustrar la forma en que sus electores se han visto afectados por los recortes presupuestarios, Mosby me cuenta una historia acerca de un hombre de su distrito que no podía encontrar trabajo. "Aún así, regularmente trabajaba como voluntario en su centro de recreación local porque creía que eso lo mantendría fuera de las calles. Ahora está cerrado. No tiene lugar para trabajar o ser voluntario, y hay niños que no tienen un lugar seguro a dónde ir. ¿Podrían unos cuantos millones dólares haber mantenido ese centro abierto junto a otros más? Sí".

Mosby es un nativo de Baltimore de 33 años de edad. Ha estado en el cargo desde hace sólo ocho meses. Dejó una carrera de ingeniería eléctrica, ya que, según dice, está inspirado por la política. Cuando esbozo una sonrisa, me da un guiño comprensivo, como si sintiera un poco de lástima por mi escepticismo. El gobierno puede cambiar el mundo para mejor, dice, aunque lleva mucho tiempo. La ciudad eligió a su primer alcalde afroamericano cuando Mosby era sólo un niño. Ahora, una mujer afroamericana, la alcalde Stephanie Rawlings-Blake, está a cargo. Él recomienda un libro llamado Not in My Neighborhood, sobre cómo el racismo moldeó los barrios de Baltimore. Me dice que el libro me ayudará a entender mejor la ciudad, y ver cómo el poder sin control puede devastar una sociedad durante generaciones. Ahora, esa fuerza no son las leyes de segregación racial Jim Crow. Es el crédito. "Finanzas, préstamos, malas prácticas hipotecarias, todo está remodelando nuestro país de nuevo", dice.

Mosby y yo bajamos de su automóvil en el centro comercial Mondawmin. Tiendas de ropa enfocadas en adolescentes se mezclan con locales de depilado de cejas, pelucas y arreglo de uñas. La gente inspecciona la exhibición de joyería afuera de Milan Gold and Diamonds, y varios grupos pasean por los pasillos. Pero si miras más allá de los grupos de gente mirando los aparadores, encontrarás tiendas vacías. Mosby mantiene su distancia mientras realizo mis entrevistas, pero se abalanza al minuto en que termino. "¿Qué te han dicho? ¿Qué piensan?"

El concejal y yo nos encontramos con Manuel Ringgold, que está repartiendo volantes para su programa de radio cristiano de hip-hop. ("Rap evangélico con sentido y propósito"). Ni Ringgold ni su amigo Adrian Scott han oído hablar de la tasa Libor. "¿Eso tiene algo que ver con Wells Fargo?", pregunta Ringgold, refiriéndose al caso de los préstamos discriminatorios/depredadores que Baltimore ganó esa misma mañana. Me lanzo a mi explicación acerca de la demanda, que se deriva sobre todo de las notas que tomé durante una entrevista con Peter Shapiro de Swap Financial Group. Ya he dado este discurso ante un técnico de planta, un empleado de basura sin trabajo, un bibliotecario de la Johns Hopkins University, y una mujer en la oficina de correos. Durante las próximas 36 horas, lo recitaré a un hombre que trabaja en una unidad móvil de pruebas de VIH/SIDA, un cantinero, un hombre con el nombre CANDACE tatuado a través de su garanta, y a una mujer en camino hacia la iglesia. (El técnico de planta fue el más interesado, el bibliotecario menos, y el hombre de la basura quería que le ayudara a presentar una demanda por discriminación contra su antiguo empleador). Todo el mundo está dispuesto a creer que los bancos son culpables, entiendan o no las acusaciones.

Después de que le digo a Ringgold y Scott lo que es la tasa Libor -lo cual todos parecen entender fácilmente-, le explico que la manipulación Libor podría haber afectado a municipios como Baltimore, que financió los swaps utilizados.

Baltimore firmó dos acuerdos financieros. El primero consistía en vender un llamado bono de tasa flotante. La mayoría de los bonos se mueven hacia arriba y hacia abajo después de que un inversor los compra, pero los bonos de tasa flotante mantienen un valor estable. Con el fin de lograr eso, pagan a los inversionistas mayores tasas de interés cuando el bono cae en valor, y menores tasas cuando el bono sube. Este cálculo se realiza semanalmente, por lo que el pago de intereses a un inversionista puede cambiar de semana a semana. En este caso, el cambio en la tasa de interés tiene un precio fijado a partir de un índice de bonos municipales similares.

Como la ciudad vendía esos bonos, quería encontrar una manera de hacer que la deuda a tasa variable fuera más predecible. Así que Baltimore participó en la segunda transacción. Celebró un contrato de swap (intercambio) con el banco. Bajo los términos del intercambio, el banco paga a la ciudad una tasa de interés variable que debería, en teoría, moverse en línea con la tasa pagada a los compradores de bonos de la ciudad. Es como hacer que el banco cubra el pago de intereses de una hipoteca de tasa ajustable. Bajo este acuerdo, Baltimore ya no tenía que preocuparse por si las tarifas subían o bajaban, ya que los pagos de intereses que entraban desde el banco aproximadamente coincidían con aquellos pagados a los inversores. El único costo que por el que tenía que preocuparse era el costo fijo y predecible de comprar los swaps.

Pero el precio de los swaps es usualmente determinado contra la tasa Libor, no contra un índice de bonos. Así que si la Libor era moderada artificialmente, el interés que el banco pagaba a la ciudad se reducía, y ya no era suficiente para compensar los pagos de interés que la ciudad estaba haciendo a los inversores.

"Con base en nuestros mejores cálculos, Baltimore habría perdido cerca de 6 millones de dólares en el período de tres años entre 2008 y 2010", explicó Shapiro, en referencia a la crisis creditica. "Y hay algo así como 200,000 millones en swaps municipales basados en la tasa Libor. Si la Libor fue manipulada por entre 10 y 30 puntos básicos, eso representaría un total acumulado de alrededor de 1,200 millones de dólares por el que los usuarios municipales de swaps podrían haber sido estafados".

Scott, de 54 años, está impresionado por la cifra de 1,200 millones de dólares, pero parece convencido de que los bancos eran culpables mucho antes de que yo dijera la conclusión. "Claro que los bancos mentirían para lucir mejor. Eso es el modus operandi de los banqueros, ver por sí mismos", dice. Es alto y delgado, con una amplia sonrisa y el cabello entrecano. Como nativo, pronuncia Baltimore como 'Balamore'. Dice: "Yo lo tomo como algo personal cuando alguien ataca a mi ciudad natal".

Scott cae en un pequeño frenesí, opinando sobre el reciente caso de los préstamos predatorios, la historia de los bancos que discriminan en contra de los afroamericanos, y las altas tasas de interés. Pero su indignación pasa rápidamente. "Tengo una cuenta bancaria. Tengo que tenerla", dice. "Así que, al final, ellos me tienen. Y eso es lo que es". Una alarma contra incendios comienza a sonar, y los compradores siguen paseando mientras hablamos acerca de tasas de interés por encima de las sirenas. "No le presto atención a las alarmas de aquí", dice Dalton.

El sol se pone sobre el vecindario de Hampden en Baltimore, justo al noreste de Mondawmin. Aunque la mayoría de Baltimore es de raza negra (alrededor de 64% según el último censo), Hampden es en su mayoría un vecindario obrero blanco que se ha aburguesado. Jóvenes profesionales con educación universitaria y artistas en sus veintes se establecieron entre trabajadores de molino jubilados, trayendo con ellos galerías de arte, boutiques y estudios de yoga. Christian Sturgis y yo nos sentamos en un bar local y hablamos sobre la tasa Libor, la ciudad y los impuestos. Sturgis, de 40 años, es un nativo de Baltimore que toca la guitarra en bandas locales de punk y hard-core, pero también es dueño de una tienda de antigüedades en Roland Avenue. Es una de las pocas personas que conocí que sabía acerca de la demanda por la tasa Libor. Se enteró por la radio, entre historias sobre la deuda de España e hipotecas.

"Si la ciudad pierde dinero porque los bancos manipularon la Libor, significa que terminaré pagando impuestos más altos para compensar las carencias", dice Sturgis, señalando que los impuestos de propiedad e impuesto de sociedades se han disparado en los últimos 14 años. "Me alegro de que estemos tratando de obtener dinero de los bancos, en lugar de poner el peso completo de esto sobre los contribuyentes", dice. (Mostrando que está de acuerdo en que los altos impuestos amenazan el crecimiento, un portavoz de la oficina de la alcaldesa dijo que la ciudad ha puesto en marcha un plan para reducir los impuestos en 9% en los próximos ocho años).

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"¿No los rescatamos ya?", sonríe Sturgis. "Les dimos dinero, y ahora parece que han encontrado una manera de hacer más. Es muy difícil no ser un teórico de la conspiración. ¿Cuántas veces puede un grupo de personas en los mismos bancos tratar de jugar con el sistema de diferentes formas antes de que te preguntes qué está pasando?"

Le digo que la gente de Wall Street no lo ve de esa manera, que es visto más como una serie de eventos desafortunados en lugar de un ecosistema que favorece la codicia y la avaricia en los rincones más ocultos. Sturgis vuelve a sonreír. "Supongo que se ve distinto desde afuera".

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