Impulso de la Fed, ¿demasiado tarde?

La lenta reacción de Ben Bernanke no podrá detener la recesión económica en EU, dicen analistas; a estas alturas una QE3 será contraproducente en la generación de empleos, coinciden.
Bernanke triste  (Foto: Cortesía Fortune)
Stephen Gandel
NUEVA YORK -

Tras meses y meses de especulaciones, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, finalmente parece estar listo para intervenir y darle un impulso a la economía estadounidense. Por desgracia, tal vez Bernanke y la Fed ya no importen.

La economía comenzó a mostrar signos de desaceleración en mayo. Si Bernanke hubiera actuado entonces, la Fed habría sido capaz de mantener la recuperación en curso.

De hecho, los esfuerzos acometidos por la Fed hasta la fecha parecen haber funcionado. Como dijo Bernanke en su discurso del viernes, las dos polémicas rondas implementadas por el banco central para la compra de bonos -la llamada flexibilización cuantitativa- han conseguido reducir las tasas de interés a largo plazo hasta en 1.65 puntos porcentuales, y han sumado hasta 2 millones de empleos.

Pero todo tiene un momento oportuno, y Bernanke quizás haya perdido el suyo.

El principal economista para Estados Unidos de Bank of America, Ethan Harris, cree que a estas alturas, incluso si la Fed se embarca en otra ambiciosa ronda de compra de bonos, el número de empleos producidos por la economía cada mes (que registró un alza en julio) pronto podría descender a cero, o un nivel cercano.

Un reciente análisis de la Oficina de Presupuesto del Congreso en materia de política fiscal llegó a la misma conclusión: aunque la Fed intervenga, hay otras cosas más importantes ahora. Estados Unidos se encamina hacia otra recesión.

El mayor problema es el denominado precipicio fiscal. Casi todo el mundo coincide en que, en estos momentos, si se permite que entre en vigor la combinación de aumentos impositivos y recortes de gastos que se activará a partir de enero, se enviará a la economía a una recesión. Si hasta ahora la economía ha estado creciendo a un ritmo más sólido, es posible que eso ya no ocurra más.

Muchos piensan que el Presidente y el Congreso alcanzarán un acuerdo después de la elección ejecutiva para aplazar lo peor de esos aumentos impositivos y recortes al gasto. Pero Harris piensa que será demasiado tarde, él cree que las empresas recortarán sus gastos mucho antes de que llegue ese arreglo, en previsión de la desaceleración.

Es más, ni siquiera está claro que se produzca un acuerdo. El republicano Mitt Romney, especialmente después de elegir como compañero de fórmula a Paul Ryan, un halcón del presupuesto, parece haber convertido el tema de la reducción del déficit en un pivote de su campaña.

Así que si se convierte en presidente, es poco probable que en sus primeros meses en el cargo busque un acuerdo que aumentaría el déficit, como seguramente lo haría el aplazamiento del precipicio fiscal. Obama probablemente estaría más dispuesto a llegar a un acuerdo. Pero su reelección podría hacer que los republicanos estén todavía más decididos a no colaborar con él.

Además hay otro problema: los bancos. Se supone que las menores tasas de interés deberían estimular los préstamos y el endeudamiento, así como impulsar la economía.

Sin embargo, los recientes programas de la Fed han añadido presión al llamado margen de intermediación de los bancos, que es la diferencia entre lo que la institución financiera paga por los préstamos que recibe y lo que paga por los préstamos que otorga.

Un estudio divulgado esta semana por Keefe Bruyette and Woods, un banco de inversión especializado en empresas financieras, constató que la rentabilidad de los bancos es menor ahora de lo que ha sido en las últimas dos décadas.

En consecuencia, es poco probable que los bancos estén ansiosos por salir y conceder más préstamos, sobre todo en un momento en que las autoridades reguladoras los están obligando a tener más capital.

En su discurso, Bernanke indicó que era evidente que las pasadas medidas tomadas por la Fed han impulsado el mercado de valores, algo importante, ya que eso puede estimular la confianza y el gasto.

Pero en ese tema tampoco está claro qué tanto más puede hacer la Fed. Lo vimos claramente el viernes. Las acciones subieron tras el discurso de Bernanke, pero al medio día el Dow sólo había ganado 65 puntos, o menos del 1%.

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La acción promedio en el índice Standard & Poor's 500 ya cotiza a un múltiplo precio-beneficio de 17. Dado que se prevé que la economía crezca a un ritmo anual de 2%, una cifra de por sí baja, no está claro que las valoraciones o las ganancias puedan subir más, incluso con bajas tasas de interés.

Si a lo anterior le sumamos los problemas de deuda en Europa y la desaceleración que se cierne sobre China, parece bastante claro que a estas alturas Bernanke tendrá muchas dificultades para darle un gran impulso a la economía. Por supuesto, es evidente que necesitamos que haga todo lo que pueda. Pero acaso lo que pueda hacer ahora sea más bien poco.

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