Grecia lucha por convencer a Europa

Antonis Samaras busca dar la impresión de que el Gobierno a su cargo cumplirá sus compromisos; para lograrlo debe mantener unida la coalición política y defender los recortes al presupuesto.
antonis samaras  (Foto: AP)
ATENAS (CNN) -

Cuando Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, llegó a Atenas la semana pasada, el primer ministro griego, Antonis Samaras, corrió por un camino adornado con alfombra roja para darle un cálido abrazo. Frente al hombre que representa a los principales acreedores de Grecia, Samaras estaba comprensiblemente deseoso de dar una buena impresión, y prometió dócilmente hacer todo lo posible para recuperar la confianza de Europa.

Sin embargo, el dirigente conservador no se ha mostrado siempre tan entusiasta.

Hace apenas nueve meses, irritó a las autoridades europeas al negarse a respaldar por escrito a las políticas de austeridad exigidas a cambio de los fondos de rescate que impidieron que Grecia cayera en el colapso financiero.

Dado su historial de opciones políticas dudosas, que incluyeron votos contra el primer rescate griego, Samaras ha sorprendido a muchos, incluyendo a algunos funcionario entre los escépticos prestamistas de la UE y el FMI, al defender tenazmente su disposición a seguir adelante con los recortes y reformas que han incumplido dirigentes anteriores.

Tras dejar a un lado la retórica preelectoral que pedía una mejora de los términos del rescate y las promesas de evitar recortes salariales generalizados, Samaras prometió sin pretensiones restaurar la credibilidad de Grecia y ponerse a trabajar en nuevos recortes con controvertidos planes de reducciones laborales.

Buena parte parece estar relacionado con su determinación de asegurar el nuevo tramo de ayuda de unos 31,000 millones de euros que aún está pendiente, con la esperanza de que eso ponga fin a la constante especulación de una salida de Grecia de la eurozona y apuntale a sus bancos, en último término poniendo en marcha de nuevo el motor de la deprimida economía griega.

"Está decidido a adaptarse porque no quiere que la granada le explote en las manos. Y en este momento hay riesgo de que la granada, en otras palabras, la bancarrota, explote en sus manos", dijo el analista político John Loulis.

"No tiene elección porque si eso ocurriera, aparte del desastroso efecto sobre el país, su carrera política también acabaría", agregó.

Incluso entonces, si Samaras se las arregla para salir airoso dependerá de lo bien que maneje a sus fraccionados aliados y de si su débil economía puede persistir ante las protestas antiausteridad de los griegos, hartos de la situación.

Samaras está de algún modo apoyándose en el ministro de Economía, Yannis Stournaras, un economista respetado en Bruselas al que se considera artífice de la mejora en la credibilidad del Gobierno.

Pero Samaras también tiene que afrontar las oscuras sombras planteadas por el aliado socialista Evangelos Venizelos, ex ministro de Finanzas que ha atacado el rescate que ayudó a redactar después de que su partido perdiera las elecciones.

"Estoy un poco preocupado porque Venizelos esté comportándose del mismo modo que lo hacía Samaras en el gobierno de (Lucas) Papademos, cuando se hablaba de él como el 'jefe de la oposición progobierno'", dijo Theodore Couloumbis, del grupo de expertos ELIAMEP, en referencia al apoyo poco entusiasta de Samaras al anterior Gobierno.

"Creo que Samaras puede hacerlo, pero no sólo depende de él, sino de la coalición tripartita", afirmó.

Cambios hábiles

Los riesgos no pueden ser mayores en un momento en que Samaras se embarca en su intento de reformar un sector público inflado, da pasos para unas privatizaciones largamente retrasadas e impulsa casi 12.,00 millones de euros en recortes de austeridad para los dos próximos años.

Hartos de las repetidas fallas de Grecia para hacer reformas, los dirigentes europeos, entre ellos la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, advirtieron con aspereza a Samaras durante una gira europea la semana pasada de que el país no obtendría más ayuda a menos que muestre resultados.

Sin más ayuda, Grecia afrontaría una bancarrota y la vuelta del dracma.

Una fuente próxima a la troika dijo que el equipo de Samaras había tenido un comienzo positivo al cambiar el debate político desde las promesas populistas hechas durante la campaña electoral que parecían chocar con las promesas de Grecia a sus prestamistas.

"Han dejado parte atrás, y lo han hecho bastante bien políticamente", dijo la fuente.

Pese a la promesa electoral de Samaras de evitar despedir a funcionarios, el Gobierno ha resucitado el plan para una llamada reserva laboral que aparta a empleados públicos que serán despedidos más adelante, dentro de un plan de ahorro 2013-2014.

Las promesas de campaña de evitar recortes salariales para categorías "especiales" como policías y jueces han sido también ignoradas, y esas medidas están de nuevo sobre la mesa.

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Samaras aún tiene que convencer a Venizelos y a su otro aliado, el líder de Izquierda Democrática Fotis Kouvelis, para que respalden todo el paquete, y algunas propuestas podrían descartarse.

Tras semanas de negociaciones, ambos aliados dicen que aceptan ampliamente los recortes y han señalado que el paquete obtendrá la aprobación la semana próxima, cuando responsables de la troika lleguen a Atenas.

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