Eurozona, en proceso de fragmentación

La unión del sistema financiero se revierte a medida que gobiernos y bancos cuidan sus intereses; el BCE debe retomar el control de las tasas de interés y alentar la inversión y préstamos bancarios.
BCE  (Foto: AP)
Ralph Atkins
Financial Times -

La convergencia económica europea, que materializó la visión post-1945 de un sistema financiero sin fronteras, está empezando a desmoronarse. Después de décadas de progreso, los bancos están volviendo a atrincherarse detrás de las fronteras nacionales. Las empresas, los consumidores y los gobiernos del sur están enfrentando costos de endeudamiento dramáticamente mayores que los del norte; y por consiguiente, profundizando las recesiones. El Banco Central Europeo (BCE) está reemplazando el capital privado transfronterizo a gran escala.

La desintegración del sistema financiero de la zona euro destaca cómo están desvaneciéndose los beneficios aportados por el lanzamiento del euro en 1999, un momento culminante en el esfuerzo por integrar las economías del continente. Eso está causando alarma en la sede del BCE en Frankfurt. "Si queremos salir de esta crisis, tenemos que reparar la fragmentación financiera", advirtió el presidente del banco central, Mario Draghi, en julio.

Las alocadas variaciones en los costos de endeudamiento muestran cómo el BCE ha perdido el control sobre las tasas de interés, el arma principal en el arsenal de un banco central. Draghi está preocupado por el impacto destructivo de la especulación de un rompimiento de la eurozona sobre los precios.

El jueves, el consejo de Gobierno del banco debatirá planes de intervención para recuperar el control de las tasas de interés en los mercados de deuda soberana y para calmar los temores acerca de la unión monetaria europea.

Sin embargo, la fragmentación se trata de mucho más que sólo la política monetaria: El riesgo es que alimente la oposición pública al euro en las economías con problemas y erosione los argumentos para permanecer como miembro, tal vez haciendo que una ruptura sea más probable.

"Estamos haciendo una burla del mercado único y estamos cerrando acceso a los mercados financieros", dice Jean Pisani-Ferry, director del centro de estudios Bruegel en Bruselas. "¿Puede eso revertirse? No lo sé. No hemos visto eso hasta ahora. Lo que hemos visto, por desgracia, es una continuación del proceso. El BCE está preocupado y con toda la razón".

Hasta hace unos años, los creadores de políticas de la eurozona podían aclamar la convergencia de los mercados y las economías del bloque, que ahora comprende a 17 países. Lo más sorprendente fue la reducción del 'diferencial' entre la tasa de interés exigida por los inversores en los ultra-seguros bonos alemanes y las de los otros miembros. En noviembre de 2009, el rendimiento de un bono griego a 10 años era casi 2 puntos porcentuales más alto que el de su equivalente alemán. Ahora es de 22 puntos porcentuales.

En retrospectiva, esa convergencia no fue del todo positiva. Los bajos costos de endeudamiento en el sur alentaron el auge del crédito y la vivienda, y las imprudentes políticas fiscales de Grecia.

Preocupados por una posible ruptura, los mercados de bonos están obligando a los miembros más débiles a pagar un precio muy alto. Los inversionistas extranjeros se han retirado de los mercados de deuda soberana de España e Italia; dejando que sólo los bancos nacionales compren nuevas emisiones, utilizando dinero prestado del BCE. Los insostenibles costos de endeudamiento y las crisis bancarias han empujado a Grecia, Portugal, Irlanda y Chipre hacia los programas de rescate de emergencia, y España ha pedido ayuda para sus bancos.

Para sumar otra pena, los bancos han reducido los préstamos y la exposición transfronteriza, impulsando aún más las tasas de interés, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas. Una empresa que pide prestado menos de 1 millón de euros durante un máximo de cinco años puede llegar a pagar una tasa de interés del 6.5% en España, pero sólo 4% en Alemania.

No son sólo los mercados los que impulsan la fragmentación. Los bancos enfrentan presiones internas para reducir la exposición transfronteriza. "Cada regulador nacional se pregunta: ‘¿Cómo puedo reducir el riesgo de que mis bancos sufran daños si algo sale mal en la eurozona?' Este 'proteccionismo financiero' no va a desaparecer", dice Huw van Steenis de Morgan Stanley.

El BCE estima que desde mediados de 2011, la proporción de créditos transfronterizos en los mercados monetarios a un día -que aceitan el sistema financiero- se ha reducido del 60% a menos del 40%. "La especulación sobre la salida individual de países afectados por la crisis -vinculada a una devaluación- está influyendo enormemente en el mercado de préstamos interbancarios", dijo la semana pasada Jörg Asmussen, un miembro del consejo del BCE.

La fragmentación está teniendo un "impacto de congelación" en la inversión empresarial, dice Mark Cliffe de ING. "Si eres una gran multinacional, no tendrás prisa por invertir en la periferia. Ésa es una razón por la cual las empresas están sentadas sobre tanto efectivo".

Como los flujos transfronterizos de capital se han secado, el BCE ha ampliado su oferta de liquidez a los bancos de la zona euro. Los prestamistas españoles están pidiendo prestado más de 400,00 millones de euros, lo que equivale al 11% de los activos bancarios totales. Para Italia, la cifra es de casi 300,000 millones de euros.

El resultado han sido desequilibrios altísimos en el sistema de pagos transfronterizo Target 2 utilizado por los bancos centrales de la eurozona. Como reflejo del flujo de los fondos del BCE hacia el sur, el Bundesbank de Alemania tiene solicitudes Target 2 superiores a 700,000 millones de euros.

La importancia de estos desequilibrios es objeto de acaloradas disputas entre los economistas. Algunos, incluyendo a los del Bundesbank, argumentan que reflejan una respuesta del BCE a la crisis y no sirven de guía para definir la cuenta que un país tendrá que pagar en caso de una ruptura de la zona euro.

Sin embargo, han ganado importancia política. Las acciones del BCE han "sobrealimentado la política debido a que los pasivos se han socializado y es el contribuyente el que está comprometido", argumenta Cliffe. "Si la unión monetaria se rompe, entonces los pasivos se cristalizarían y alguien tendría que pagar la cuenta".

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Revertir la fragmentación de la eurozona requerirá alentar el regreso de los flujos financieros de vuelta hacia los países de la periferia; lo que a su vez requeriría restablecer la confianza en el futuro del euro. Ése es el desafío que enfrentarán Draghi y los políticos de la eurozona en los próximos días y semanas.

Reporte adicional de Robin Wigglesworth.

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